Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas

martes, 9 de febrero de 2010

Tomos de la Muerte (Tomo 1 - Punto de vista: The Blind)


Es imposible que haya pasado. Sé perfectamente que no estoy consciente, es como si mi cuerpo estuviese dormido pero, dentro de él, yo sigo siendo racional. No hay imagen, sólo el eco que provocan mis pensamientos, porque pensar es lo único que puedo hacer. Mi guitarra… mi guitarra ha desaparecido, y sólo ese sentimiento de vacío y odio ha podido provocar que me encuentre en este estado.

Finalmente, y tras una eternidad, abro los ojos. No tengo la menor idea de qué ha podido pasar durante este rato, ni el tiempo que se ha esfumado. De hecho, al ‘despertar’ me he encontrado de pie, con algunos rasguños pero no parece que me hayan violado. Una densa niebla me impide ver a más de cuatro o cinco metros pero a pesar de todo reconozco estar en un terreno rocoso, por la inclinación, deduzco que una montaña. Cuestionándome el por qué, no encuentro negativa y sin saber la razón, decido escalar. La inclinación es cada vez mayor y las rocas a las que necesito apoyarme para subir están más afiladas por cada metro ascendido. A medida que asciendo por esa pared de cuchillos, los cortes que me producen derivan en que en cada apoyo queden dibujos de manos manchas con sangre.

¿Qué hay allí? Veo la cima pero tiene una especie de sombra con forma de palo o algo similar en la cima, apuntando al cielo. Termino de subir los escasos metros que me faltaban y, como con vida propia, la niebla se aparta para dejarme ver el objeto. Tiene la base incrustada en la roca, un mástil decorado con enredaderas negras y cuya cabeza emula una lanza; mi guitarra.

Sin dudarlo un momento la cojo con una mano y la levanto. Se desprende fácilmente de la roca. Tengo la sensación de que, como a un Rey Arturo del metal, la roca no habría cedido para nadie más. Me sitúo yo en la cumbre antes ocupada por mi instrumento y oteo el paisaje. Niebla. No hay más que niebla extendida hacia el infinito y una suave brisa pidiéndome que toque para ella, pidiéndome que hiera el silencio y lo sepulte con las notas de mi arte. Acaricio el mástil de la guitarra bañándolo con un reguero de sangre. Preparo mis ensangrentados dedos y cierro un momento los ojos esperando inspiración.

Instantáneamente, mis dedos empiezan a tocar un solo que podría ser catalogado de violencia. Mis dedos viajan a la velocidad de un rayo pero yo los veo lentos, como si estuviesen nadando en un tarro de miel espesa. Más rápido. Más. ¿Vas a ponerte a llorar? ¡Toca como un heavy! Mis dedos alcanzan un movimiento de vértigo y cada nota entra en mi cabeza como una explosión de metal. La sangre que pinta ahora mi guitarra ha mejorado su sonido.

Con un final atronador, finalizo el solo. El eco me devuelve notas desde lejos pero, ¿es ese mi solo? Obviamente no. Alguien está tocando desde otro lugar y… ¡mejor que yo! ¿Cómo se atreve? Cuando finaliza su solo hago yo uno mejor. Como en un partido de ping-pong, devolvemos un ataque con otro más certero, rápido y mejor. Finalmente, en uno de mis solos, el roce de mis dedos contra las cuerdas produce un calor que se convierte en fuego. Le doy un final como nunca antes se había escuchado, un sonido desgarrador que ni los oídos más expertos podrían concebir.

Mi guitarra se desvanece. No hay respuesta. Mis manos siguen ardiendo. No me molesto en apagarlas. El aire sopla con más fuerza hasta convertirse en un vendaval. Se rompe el cielo, descargando toda su ira mediante una tormenta de truenos. Sé que es lo que se avecina, y no hay forma de pararlo. Alzo la vista, coloco los brazos en cruz y, de nuevo, cierro los ojos. No puedo verlo pero se que está cerca. Cada vez más, lo presiento.

Alzo los brazos con rapidez y detengo una gigantesca bola, aquello que venía a toda velocidad hacia mí: la Luna. Pero el éxito no es pleno, la base en la que me encuentro se rompe y caigo, aun sujetando la Luna, varios metros más abajo, clavándome las rocas en la espalda. Noto como penetran en mi carne, hurgando las heridas y provocándome un daño bestial. A pesar del dolor, empujo la Luna y me levanto, pero ella sigue ejerciendo la misma presión sobre mis brazos.

Todos y cada uno de los innumerables rayos de la tormenta se concentran sobre mi cuerpo, ahora transformado en un pararrayos humano (¿humano? Quería decir heavy). Apenas puedo aguantar. Justo entonces, algo me atraviesa la espalda, rompiéndome la columna vertebral, destrozando mis órganos internos y abriéndose paso por las costillas para aparecer a saludarme en mi propio pecho. El mástil de mi guitarra…

Sí, es Pablito mi ejecutor. Un pequeño niño de cinco años, mi archienemigo. La sangre me sale a borbotones por la boca (además de por el pecho y la espalda). Me río. A carcajada limpia, sin poder parar. Mi risa resuena por todos lados; Pablito, conmigo atravesado en la guitarra, comienza a tocar los solos que yo mismo había interpretado antes; los rayos siguen abrasándome el cuerpo; y seguo sosteniendo el peso de la Luna, que cada vez hace retroceder más mis brazos, rozándome ya la cara. Sé que es el momento de saludar al personaje presente a mi lado. Sé que esta allí, estoy seguro de que, aunque yo no vea nada, le estoy mirando a los ojos. Le grito entre mis risas paranoides.

¡Mátame, es el momento! ¡Arráncame la vida!



El golpe fue brutal. La Luna, a la vez que una guadaña invisible, cayó sobre mí. La mezcla de todo creó una explosión de proporción estelar y mi cuerpo se destruyó por completo.

Polvo eres, pero ni polvo quedará de ti.



The Blind

sábado, 5 de diciembre de 2009

Arrasar (Final)



Sonreí… Ana había vuelto.
Pero ella no sonreía. Estaba enfadada. No le bastó con propinar una patada brutal al chico de la torre de ajedrez. Tenía sed de venganza.
Dio cortas pero rápidas zancadas hasta llegar al cuerpo tendido. Le agarró del cuello de la camiseta e intentó alzarle por encima del suelo…. Pero era demasiado bajita y eso le hizo enfadar aún más, por lo que le volvió a dejar en el suelo, le agarró de los pies y lo zarandeó dando vueltas hasta estamparlo contra el árbol más cercano con una violencia brutal.
El chico de la torre de ajedrez reaccionó. Con la mitad del cerebro asomando por la brecha de su cabeza, alzó su brazo derecho sosteniendo la torre de ajedrez, y empujó levemente la cabeza de Ana hacia atrás. Ésta abrió los ojos de puro pánico al notar que la cicatriz de su cuello se descosía y la cabeza se le caía hacia atrás. Los músculos, tendones y cuerdas vocales quedaron al descubierto entre un torrente de sangre. El cadáver semi-decapitado cayó de rodillas, inerte, y seguidamente se desplomó contra el suelo.
Mi sonrisa se esfumó. El chico de la torre de ajedrez cogía entre sus manos con curiosidad parte de su cerebro y se lo comía. Pero no tuvo mucho tiempo para seguir probando nuevos sabores, porque de repente un cuenco de ramen fue a parar con una violencia inaudita contra su cabeza.
Todo ocurrió muy rápido.
Reche descargaba toda su munición sobre todo aquel que osara estar su alrededor. Pero cayó ante la sierra eléctrica de charly, que le rebanó las piernas y el tórax sin ningún reparo. A su vez, Lyra introdujo sus manos como garras en el cuello de Charly y le arrancó la garganta acompañado de un sonido repulsivo.
Mientras tanto Lady Nerón volaba por el aire y sus conjuros causaban estragos en la batalla, pero fue derribada por un salto felino de Ker, que se ocupó de hurgar dentro de las cuencas de sus ojos hasta matarla.
De pronto, algo que parecía un zombi se abalanzó hacia mí. Se trataba del chico de la torre de ajedrez que, con trocitos de bol de ramen incrustados en la cabeza y el cerebro asomando literalmente por su cráneo, convirtió su torre de ajedrez en un pincho moruno y me atravesó el estómago.
Al principio no me dolió mucho, pero luego el pincho moruno se multiplicó en una enredadera de espinas dentro de mi tripa y el chico de la torre de ajedrez tiró con fuerza. Todas mis tripas e intestinos salieron con una facilidad impresionante.
Pronto se me comenzó a nublar la vista. El tiempo pareció detenerse por un momento. Me pregunté cómo habíamos llegado a esto.
Me respondí yo sólo a esa pregunta. Nuestro ejército había acabado con el enemigo… pero como la sed de sangre no se esfumaba, no podían evitar matarse entre ellos.
Sufriendo en mi agonía alcancé a ver a dos supervivientes. Primo y el chico de la torre de ajedrez, completamente bañados en sangre, soltaban carcajadas paranoicas mientras remataban a los montones de cadáveres que regaban el suelo con millones de litros de sangre.
-Vaya panda de grillaos…- pensé mientras cerraba los ojos.


The Reaper

viernes, 25 de septiembre de 2009

Arrasar Parte XII


Rememoremos de qué trata este relato…

Todo comenzó con aquel chico en el cementerio. Fue cuando, mientras tocaba el violín frente a la tumba de su padre, bajo una temperatura heladora, llegó un cuervo con un mensaje: “Crea tu propio camino. Extremo Este de la Calle del Olvido”.
El cementerio ahora estaba teñido de sangre y el cuervo me hablaba: “Sigue al niño salvaje, él te llevará hasta la muerte”.
El chico despertó. ¿Un sueño? Releyó el mensaje del cuervo y salió de casa. Sus pasos le llevaron a la calle del Olvido. Después de subir una pendiente rocosa, se asomó al borde de un precipicio y vio… ¿un ejército? Un chico le sobresaltó a sus espaldas. Aquel chico dirigía el ejército y era él quien le había enviado el cuervo. Después de presentarse se clavó sin querer una bola llena de pinchos en la cabeza y se desmayó. Antes de que pudiera reaccionar llegaron un chico y dos chicas que conocían al que más tarde se haría llamar Primo. El chico recién llegado, con una torre de ajedrez en la mano, comenzó a pisar la cabeza a Primo, el desmayado. Una de las chicas (Ana) tapó la herida de Primo con el dedo, con intención de curarle. Descubrió que dentro habitaba una neurona. La otra chica (Lyra) propuso cortar por lo sano con su catana. Luego llegó Charly, con su sierra eléctrica al hombro. Una cosa llevó a la otra y el chico de la torre de ajedrez dejó inconsciente a Lyra.
Tras algunos intercambios de palabras que en la normalidad corresponderían a unos pirados mentales, se fueron todos a cenar a la hoguera, excepto Charly que se fue a por la cena. Tras una breve caminata llegamos al lugar: una hoguera inmensa. Lyra se despertó en la hoguera y volvió a atacar a Primo. Por otra parte, Ana, en otro de sus intentos por curar a Primo, le abrió la cabeza con un martillo. Al cabo de un rato le cosió la cabeza y Primo también despertó entre las llamas con un saludo… ¡Armgajam!
Dos chicas que yacían inconscientes al lado de la hoguera antes de que llegaran todos, fueron lanzadas a las llamas también. Éstas son Lady Nerón y Ker.
Fue entonces cuando llegó Charly con la cena (un oso que cargaba sobre el hombro) y otros dos chicos inconscientes (despertaron en la hoguera). Por el camino arroyó un árbol en el que se encontraba Ker y cayó con estrépito. El chico de la torre de ajedrez entró en cólera y mató al oso.
Charly tiró a la hoguera a los dos inconscientes, Ichigo y Xathick. Tras una breve discusión sin pies ni cabeza, todas las miradas se volvieron hacia el protagonista de ésta historia: Alai.
El chico de la torre de ajedrez dejó inconsciente a Alai, que despertó en la hoguera, como todos. Después de esto Alai tuvo una breve pelea con el chico de la torre de ajedrez, mientras el resto discutía si el oso floroso puede comer ramen… hasta que Lady Nerón notó la ausencia de Ker. Recordaron (gracias a Alai) que se había derrumbado su árbol y Charly, con un gesto caballeresco, fue a buscarla.
Lyra se encargó de trocear al oso y comenzó la cena.
Durante la cena, Alai preguntó al fin el porqué de la batalla. Primo comenzó entonces lo que fue un largo discurso de rebelión contra los humanos que al final acabó atrayendo a personas y criaturas que traían instrumentos para dar solemnidad al discurso. Todo acabó en una especie de fiesta de metal.
A la mañana siguiente todos despertaron resacosos y se reunieron para comenzar la batalla. Con un grito de guerra espeluznante, todos se lanzaron en masa contra el objetivo, la ciudad contaminada: Madrid.
Primo advirtió que no nos confiáramos, puesto que uno de los nuestros, el general Reche, se había unido al bando contrario por el sencillo motivo de que la batalla estuviese más nivelada.
La batalla comenzó. La estrategia militar de Reche supuso la mitad de bajas en nuestro ejército. De pronto apareció el centollo gigante entre las filas enemigas. Consiguió intimidar a casi todo nuestro ejército… casi todo. El oso floroso dio un paso al frente…

Arrasar Parte XII

El oso floroso dio un paso al frente…
Ambos bandos miraron hacia las criaturas y se apartaron a un lado. El centollo gigante y el oso floroso se miraban fijamente. Observé atentamente a las dos gigantescas criaturas.
Tras unos segundos que consistieron en desafíos con la mirada, comenzaron a dar vueltas en círculos, tanteándose el uno al otro. Pero ninguno de los dos se decidía a lanzar el primer ataque.
De pronto el centollo chascó una pinza peligrosamente, a lo que el oso floroso reaccionó. Dio un salto en el aire dando mortales y al caer propinó una patada con su talón de flores. Pero el centollo era astuto... se quitó. El golpe impactó en el suelo y abrió una brecha gigantesca. El mundo se partió en dos y un torrente de lava se asentó en las profundidades esperando al desgraciado que osara caerse (algunos comenzaron a tirarse por mera diversión).
Ahora era el turno del centollo. Sus patas empezaron a moverse y, con una siniestra danza, alzó sus pinzas al cielo. Hubo un destello rojizo… ¡el centollo había invocado una caja de cerillas gigante!
No podía creer lo que veía. Sin duda era una lucha de alto nivel.
El centollo abrió la caja de cerillas con sus pinzas y sacó una cerilla del tamaño de una farola. Con un movimiento vertiginoso, prendió una llamarada a la cerilla y se la lanzó al oso floroso. En cuanto el fuego alcanzó las flores, el oso floroso comenzó a arder.
Todo parecía haber acabado para el oso floroso, que se perdía de vista tras las llamaradas. El ejército de Madrid proclamó su victoria de su mascota con vítores y burlas.
Muchos de nuestro ejército cayeron rendidos de rodillas, llorando por la muerte del oso floroso. Me volví hacia Primo.
-¿Y ahora qué hace…?- no terminé la pregunta.
Primo tenía los ojos inyectados en sangre y le temblaba todo el cuerpo. Noté algo raro que emanaba de él, algo que parecía una oleada de poder y destrucción. La comisura de su boca se transformó en una sonrisa paranoica. Me di cuenta que temblaba de emoción.
-El oso floroso…- comenzó a decir- ¡ES INDESTRUCTIBLE!- gritó mientras se lanzaba al ataque.
El resto del ejército, al ver que su general se lanzaba sólo al ataque, reaccionó y se sumó a la masacre.
Alcé la mirada y descubrí que el oso floroso era inmune a las llamas. El centollo dio un paso atrás, asustado, mientras que el oso floroso, furioso, se lanzó a por él y le propinó un puñetazo de flores y fuego. El centollo, apenas protegido por sus pinzas, salió despedido hacia atrás y cayó a la grieta de lava.
(Este acontecimiento fue más tarde conocido como: “La batalla de flores”, que se sigue celebrando hoy en día, aunque no de manera tan alucinante).
La adrenalina comenzó a recorrer mis venas. El oso floroso había vencido y pronto comprobé que su victoria había incrementado la locura asesina de todos los nuestros.
El chico de la torre de ajedrez alzó sus brazos y sostuvo su arma entre sus manos, apuntando al cielo, que empezó a oscurecerse de forma siniestra.
Del cielo comenzaron a formarse tornados cargados de rayos. Fue entonces cuando el chico de la torre de ajedrez descendió las manos con un movimiento brusco y clavó la torre de ajedrez en el suelo. Inmediatamente surgieron del suelo una inmensidad de espinas negras. El escenario que resultó fue sobrecogedor: cientos de humanos suspendidos en el aire, ensartados por el estómago, el tórax, la cabeza… un cementerio de cadáveres.
Lo que al parecer no tuvo en cuenta el chico de la torre de ajedrez fue que la mitad de los cadáveres correspondían a nuestro ejército.
De pronto apareció una figura de la nada. El chico de la torre de ajedrez salió despedido unos diez metros hacia atrás en cuanto la figura le propinó una patada en la cabeza. La intensidad del golpe había producido un remolino de polvo que rodeaba la figura. Una oleada de viento disipó el polvo y dejó a la vista una silueta femenina.
Se trataba de una mujer pálida. Vestía una sudadera blanca. Era bajita y de pelo negro. Llevaba colgados de la espalda un arco y un carcaj. Pero lo que más llamaba la atención era una terrible cicatriz que le recorría todo el cuello.
Sonreí… Ana había vuelto…


The Reaper

domingo, 3 de mayo de 2009

Arrasar (Parte XI)



Un grito inhumano de guerra al que respondió todo el ejército. Hasta las entrañas de la tierra temblaron. Y todos a una, nos lanzamos hacia Madrid.
Corríamos todos en masa movidos por una locura asesina. No quedaríamos saciados con sólo vencer. Matar a todos. No debe quedar títere con cabeza.
De pronto noté que algo ni iba bien. Conforme avanzábamos hacia los altos edificios, me di cuenta de que las calles estaban desiertas. Primo debió notar mi desconfianza y se puso a mi altura.
-¿Tú también lo has notado? Nada me impresionaría en la estrategia de los humanos –sonrió- al fin y al cabo, les dirige ni más ni menos que el general Reche.
-¿Reche… aquel del que me hablabas?, ¿Uno de los nuestros que se ha unido al otro bando?- pregunté.
-Sí, es el único estratega capaz de hacernos frente y hacer que esta batalla esté nivelada.
-¿No temes a la muerte verdad?- sonreí.
-Yo soy la muerte- dijo mientras se envolvía en un manto negro y se alejaba con una guadaña.
Al cabo de unos minutos corriendo, nos adentramos entre la piña de edificios. Había demasiada calma. La calma que precede a la tormenta.
-Preparaos para una emboscada- susurró Lady Nerón.
Me pregunté si le había oído sólo yo o se las había arreglado para que todos le escucharan.
De pronto, se oyeron el disparo de mil ametralladoras. Una lluvia de balas nos cubrió desde los tejados. Pero estábamos preparados. El oso floroso arremetió contra los edificios, uno tras otro.
De repente el suelo explotó bajo nuestros pies. Todas las rutas de alcantarillas estaban repletas de explosivos. Todos quedamos semienterrados bajo los escombros.
Antes de que pudiéramos reaccionar, una tropa de aviones tapó el sol y descargaron bombas y misiles contra nosotros.
-¡Esto es trampa!- gritó uno.
Observé la situación. La mitad de nuestro ejército había quedado aplastado o reducido a cenizas. Pero, un poco más allá, alcancé a ver a Lady Nerón. Estaba de pie, con los brazos en alto y sus pupilas dilatadas. De pronto cerró los ojos, y el cielo estalló en llamas. Los aviones cayeron como moscas.
Y por fin los humanos se dejaron ver. Salieron en pequeñas tropas de los edificios que no había derribado el oso floroso. Pronto acabamos rodeados por cientos de soldados armados.
Uno de ellos se abrió paso a la primera línea de combate. Lo reconocí al instante a pesar de no haberle visto nunca.
Reche. Era un chaval de pequeña estatura. Delgado y con aspecto enfermizo. Llevaba en la cabeza un casco de piloto y a la espalda llevaba una metralleta intimidante. Entre sus brazos cargaba un bazooka más grande que él y nos apuntaba sonriente.
Y de repente, entre los dos bandos, apareció de la nada una chica. Llevaba unos zapatos de acero terminados en punta, y unos pantalones vaqueros bajo una camisa blanca. Una cortina de pelo lacio caía hasta su espalda, dejando entrever unos ojos de color castaño. Alzó la cabeza y gritó.
-No tiene porqué continuar esta masacre.
Nos miramos los unos a los otros, intentando comprender lo que nos decía.
De pronto, Ana se separó del ejército y se unió a la recién llegada.
-Patri, ¿qué haces aquí?- preguntó como si se conocieran de siempre.
Intercambiaron un par de palabras más y comprobé con horror que Ana se unía a esa Patri.
El ambiente se fue tensando conforme ellas relataban lo que hacían llamar un mundo perfecto repleto de paz y amor. Donde las guerras no tenían lugar y el derramamiento de sangre era una pérdida de tiempo.
El chico de la torre de ajedrez comenzó a temblar ante tantas herejías. Era la primera vez que parecía oír lo que alguien decía.
No tardó en desencadenar su furia contenida sobre las herejes. De un solo golpe, la torre de ajedrez arrancó la cabeza a las dos.
Con un grito de guerra, los dos bandos se fusionaron en el mayor torrente de sangre de la historia.
Una sombra los cubrió a todos, que alzaron la cabeza.
El centollo más grande del mundo se alzaba sobre sus gigantescas patas. Hasta los más valientes de nuestro ejército quedaron intimidados.
-¡Un centollo!
A lo que Reche respondió:
-¡No es un centollo!, ¡Es un buey de mar!
Pronto comenzó una discusión y se reanudó la batalla.
Pero hubo uno que no se sintió intimidado por el centollo gigante… el oso floroso dio un paso al frente.

The Reaper

martes, 14 de abril de 2009

Arrasar (Parte X)



El sol asomó levemente por el horizonte cuando abrí los ojos. Me encontraba junto a los restos de la hoguera de la noche anterior, y rodeado de personas que yacían roncando al unísono. El suelo estaba cubierto de botellas de alcohol.
Al poco tiempo la gente comenzó a desperezarse con bostezos guturales. Con pasos tambaleantes recogieron sus cosas y se fueron por donde vinieron la noche anterior. Pronto quedamos el grupo de siempre.
Esperé pacientemente unos minutos a que se despertara el resto. Pero los profundos ronquidos que salían de sus gargantas indicaban que no lo harían solos.
Sin pararme mucho a pensar en lo que hacía, resacoso, cogí una de las botellas del suelo y la rompí contra la cabeza de Xathick, que se encontraba más cerca.
- Arigato, Alai-kun…- murmuró todavía sin abrir los ojos.
Al cabo de un rato, despertamos a todos con las botellas que quedaban por el suelo. Una cosa llevó a la otra y hubo una pequeña refriega de porqué a Ker se le despertaba con una botella de Whisky mientras que a Lady Nerón tan sólo con una de Kas de limón.
Sea como fuere, conseguimos que se despertaran todos. Desayunamos restos de alcohol y los demás recogieron sus armas que estaban desperdigadas por el suelo.
Nos reunimos todos. Listos para la batalla. No se me pasó por alto que Charly aún sonreía demasiado.
“¿Venceremos en este estado?” me pregunté para mis adentros.
Sin apenas hablar comenzamos a andar hacia el ejército que esperaba impaciente a la batalla. Nos adentrábamos entre la marabunta de guerreros, que nos abrían el paso inclinando la cabeza o alzando sus botellas. Pronto me di cuenta de que éramos los líderes de esta causa.
Conforme avanzábamos fuimos despertando, con lo que las conversaciones volvieron. Lyra se dirigió a Ana.
-¿Te imaginas lo que triunfaría una bomba aquí entre tanta gente?
Ana le miró con los ojos entrecerrados.
El chico de la torre de ajedrez observaba con odio a todo el ejército que nos rodeaba como si fuese nuestro enemigo.
Primo se dirigió hacia mí, mostrándome orgulloso a su ejército.
-Mira, aquí están los celiacos…- señaló a un grupo de gente con aspecto enfermizo que alzaban banderas con aspas de trigo tachadas- más allá las tortugas…- dirigió la mirada hacia un montón de lo que me habían parecido piedras.
Observé mejor y me di cuenta de que se movían. Eran tortugas cubiertas de una armadura de acero y llevaban unos pequeños lanzamisiles sobre el caparazón.
-Al otro lado los ninjas…- giró la cabeza hacia un grupo de ninjas.
Llevaban catanas, pergaminos, vendas, kunais, shurikens, etc. Caí en la cuenta asombrado que a muchos de ellos ya los conocía. Alcancé a ver Sakura pegando a Naruto. A Kakashi leyendo, ajeno a todo lo que le rodeaba. Un poco más allá vi a Ulquiorra que miraba con indiferencia a Zaraki Kenpachi, que sonreía de oreja a oreja.
-Y nuestro guerrero más importante…- señaló a una imponente figura que tapaba el sol- ¡El oso floroso!
Se trataba de un oso enorme cubierto de flores. Se movía lentamente y no parecía mucho importarle lo que pasara por debajo de él, ya que no hizo ningún amago de moverse ante los saludos de Primo.
-Es un poco tímido- se explicó Primo al ver que no le hacía ni caso- Sólo se mueve cuando estás sólo con él y le dices “¡Oh, oso floroso! ¡Guíame hasta la muerte!”.
-Y entonces te lleva hasta Primo- completó Xatchick.
-Mucha utilidad en una batalla- añadió Ana con ironía- Y además, no es un oso, es un perro.
Todos le miramos con extrañeza. Era evidente que se trataba de un oso.
-Se llama Pupy…- murmuró Ana derrotada ante la evidencia.
-Los colores de las flores ya no son tan brillantes como antes- comentó Ichigo.
-Eso es lo que pasa cuando se le da rámen de comer- reprendió con odio Primo.
Xathick bajó la mirada.
Continuamos avanzando, dejando atrás al oso floroso.
Tras una larga caminata, llegamos a la cabeza del ejército.
Ante nosotros se extendía una inmensa ciudad repleta a reventar de torres y edificios humeantes, que apenas se veían a causa de la intensa capa de mierda que contaminaba el ambiente: Madrid.
Me di la vuelta y contemplé a nuestro ejército. Los filos de aceros y banderas negras se alzaban hasta perderse en el horizonte.
-Creo que no encontraremos mucha resistencia- pensé en voz alta.
-No te confíes- dijo Primo- Uno de los nuestros se ha unido a Madrid.
Le miré exigiendo una explicación.
-Así la batalla será más interesante- sus ojos reflejaron un destello de locura.
De pronto gritó.
Un grito inhumano de guerra al que respondió todo el ejército. Hasta las entrañas de la tierra temblaron.


The Reaper

viernes, 24 de octubre de 2008

Arrasar (Parte III)

¿Un ejército?

Cerré los ojos con fuerza intentando confirmar que lo que estaba viendo era un sueño. Pero no. Allí estaba: una multitud de figuras negras como la muerte, ocultas entre las sombras en aquel lugar tan recóndito. Antes de tener tiempo para observar mejor el inesperado paisaje, una fuerte pisada y un tintineo metálico hizo que me volviera.

Un chico aproximadamente de mi edad me miraba. Tenía una mirada fría y calculadora… pero sobre todo oscura. Vestía con atuendos negros. En la camiseta tenía un dibujo que me llamó la atención… una espiga trigo tachada con una franja de sangre. Sostenía entre los dedos una cadena de metal de la que colgaba una bola con pinchos. La balanceaba de un lado a otro distraídamente.

-Armgajam- me dijo con una sonrisilla de loco que me preocupó. -Es un saludo.- se explicó- ... bueno a lo que iba… ¿qué haces aquí?- balanceó peligrosamente su bola plateada… por poco se abre la cabeza.

-Me llegó un cuervo.- dije con extraña soltura-. Traía un mensaje.- rebusqué entre los bolsillos y le entregué el mensaje.

-Yo te envié el cuervo- dijo mientras el mensaje se hacía cenizas entre una pequeña llama de fuego que había hecho salir de su mano.

Decidí hacer como si no lo hubiera visto.

-Si tú me has traído hasta aquí…- titubeé- ¿porqué me preguntas que qué hago aquí?-

Por un momento creí que iba a matarme, pero para mi sorpresa se puso a mi lado he hizo que me diera la vuelta.

-¿Ves a todo este ejército?- alzó el brazo abarcando a las miles de sombras que esperaban bajo nuestros pies- han sido reclutados de la misma forma que tú. Un cuervo para cada persona, un cuervo para cada alma, un cuervo para cada vida…- de pronto se giró hacia mí- ¡¿Tú crees que puedo estar en todo?!¡¿Cómo quieres que me acuerde de si te he enviado un cuervo o no?!.

La bola de pinchos se balanceó demasiado y fue a hundirse en su cabeza. Un reguero de sangre descendió por su cuello a una velocidad preocupante.

-Mm… ¿estás bien?- pregunté con un hilillo de voz.

Alzó la mano y se sacó la bola como quien se saca una espina.

“Le habrá atravesado al menos diez centímetros”, pensé sin saber que hacer.

-Auch…- fue lo que dijo- bueno…-sonrió- hace falta algo más para derrotar a mi neurona.

De pronto vio su propia sangre y ocurrió algo inesperado.

-¡¡SANGREEEE!!- gritó eufórico. Pero al instante palideció y cayó al suelo.

Oí que alguien gritaba.

-Primoooo…-

De pronto apareció un grupo de gente que se acercaba a nosotros.

-¡Primo!.

-¿Se ha vuelto a desmayar?.

-La comida no llevaba gluten….

-No, mirad… se ha abierto la cabeza.

-Eso pasa por elegir un arma que no sabe utilizar.

-No se, ¡¡pero ya le hemos recogido cinco veces hoy!!.

-¡Matémosle!

El que iba en cabeza suspiró…

-…En fin…


The Reaper


mm cráneo y yo...

¡Un saludo!

lunes, 9 de junio de 2008

Asesinato de la Luna

Lágrimas caen esta noche
un terrible crimen se ha dado
y la sangre la noche acoje
a la Luna han asesinado

Y como en una pesadilla
todo el mar de sangre se llena
y la gente al cielo le grita
el apocalipsis espera.

Los poetas no tienen musa
el arte murió en el olvido
la inspiración es simple y nula
y toda esperanza ha partido

...




The Blind

sábado, 17 de mayo de 2008

Choque de acero (Parte I)


-¡¿Pero tú estás viendo eso?!- dijo abriendo los ojos como platos- ¡que me está mirando mal tío, que lo mato, que lo mato!- la vena de la sien se dilató por cuarta vez en el día de hoy.
-¿Puedes estarte tranquilo aunque sea unos minutos?- dije con tono aburrido- nadie te está mirando.
Y era cierto. La gente que caminaba por la calle bajaba la mirada en cuanto veía a Faghorn, con su enorme hacha de acero valyrio colgando de su musculosa espalda, sujeta por una pesada cadena ceñida al pecho. La cabellera negra le caía sobre los hombros y unos mechones llegaban hasta los ojos inyectados en sangre. Y ahora soltaba una carcajada.
-Sabes que no, Souka, ¿es que acaso tú nunca tienes ganas de matar?.
-Yo mato por algún motivo.- sonreí-. Tú en cambio, no tienes ningún control sobre ti mismo.
-Siempre estás igual: que si mato por esto, que si mato por esto otro... ¿porqué no te limitas a matar y ya está?- sin esperar respuesta continuó- Nunca os entenderé. ¿Un motivo para matar?. Menuda estupidez.
-Cuida tus palabras, podrían convertirse en motivo suficiente para matarte aquí mismo.
-Tiemblo de miedo- tronó en otra de sus características carcajadas- me temo que no tienes por donde empezar con ese palo de hojalata-. Sin embargo, no hizo movimiento alguno.
Yo sabía que Faghorn no se enfrentaría a mí. Aparte de que éramos buenos amigos, nos conocimos entre una multitud de gente que se reunía para organizar combates entre sí. Los mejores luchadores de las villas cercanas venían en tropel para presenciar o participar en la matanza.
Por supuesto, Faghorn se encontraba en el centro del círculo que formaba el público y derrotaba a los que se atrevían a enfrentarse a él uno a uno. Sus ojos inyectados en sangre le daban un aire de loco y su cuerpo ensangrentado parecía no sentir las heridas. Un hombre corpulento con unos brazos como mazas se enfrentó a él. Sostenía en sus manos una cadena con duras bolas de acero en los extremos. La zarandeaba por encima de su cabeza y alargaba el brazo con rapidez. Faghorn la esquivaba y la paraba con su hacha a duras penas. A decir verdad parecía que tenía el combate perdido. Pero pronto se cansó y dio un brusco hachazo a la bola del tamaño de su cráneo. Se oyó el chocar del metal y un grito encolerizado. El filo del hacha quedó hundido en el entrecejo del contrincante, provocando que la sangre empapara su cara congestionada con los ojos en blanco.
Sonreí divertido ante la rabia que desprendía Faghorn. Ya nadie se adelantaba a luchar contra él.
-¡Eh tú!- me miró- ¿de qué te ríes?, ¿de mí?, ¿de mí? ¿Quieres que te mate o qué?.
No dejé de sonreír, lo que provocó que se enfadara aún más.
-¡Te reto a un combate!¡Voy a abrirte la jodida cabeza!.
La multitud que se encontraba expectante se escandalizó.
-¡No puedes luchar contra él!- gritaban.
-Es un tirillas.
-¡No duraría ni un segundo!.
Me llevé la mano a la espalda y saqué mi catana. El sonido del acero deslizarse de su funda hizo callar a todos.
Clavé la mirada en mi contrincante.
-Acepto.


The Reaper

martes, 13 de mayo de 2008

Desde el amor a la muerte

Todo comenzó con el amor. Dicen que el amor es el mayor pilar de la vida, la base de la felicidad. Si no lo posees no tienes nada, estás muerto por dentro.

¡Calumnias!

Una vez sentí algo semejante por una chica. Es curioso, parece que ya me contradigo al empezar con esta preciosa historia, pero realmente ese sentimiento acabó conmigo. Empecemos pues:

El caso es que me enamoré de una chica llamada Sofía (lectores, siento repetir nombre). Era por todo y nada, no sabría especificar algo que me gustase de ella pero me volvía completamente loco con solo verla. Nos habíamos conocido de casualidad en verano y no vivía lejos de mi casa por lo cual era fácil quedar con ella, aunque normalmente estaba acompañada. La relación de amistad había avanzado de manera óptima y creo que notó que me gustaba antes de que yo mismo lo supiera.

Una noche nos quedamos casualmente ella y yo solos –luego me enteré de que así se lo había pedido al resto-. Estuvimos tonteando mediante preguntas cada vez algo más íntimas y poco a poco sentía que el momento de lanzarse iba a llegar. Ella se relajó y disimuladamente dejo que se viera más de lo que se debería para calentar el momento en el que nos encontrábamos. Con el valor reunido, me acerqué para besarla y, al ver que me disponía a ello, me frenó. Me dijo sonriendo que había sido un buen fetiche durante este tiempo y que ahora sabía de sobra que podía manipular al tío que quisiera y como le diera la gana. Y ante mi cara de asombro se fue tan campante a reunirse con sus amigos/as que estaban partiéndose el culo dejándome ahí como a un imbécil.

Días… incluso semanas pasé sumido en una depresión de la que no podía salir. Un desengaño devastador había explotado en mi cabeza y ahora no podía hacer nada para remediarlo. Las veces que intenté hablar con ella me evitaba a sus amigos se ponían por medio para que no la alcanzase. Poco a poco el sentimiento de depresión por la traición se fue transformando en rencor y odio. Primero empecé a concienciarme de que no quería una chica así, que no estaba hecha para mí y que era mejor aceptarlo y pasar página que haber llegado a algo con ella y haber salido mal. A pesar de lo que me había hecho me costó pensar en ella como lo que realmente era y buscaba alguna razón que pudiera exculparla pero, tras dar por absurdo que la hubieran amenazado finalmente terminé de entender que ella no era la buena chica que aparentaba ser. Esa zorra me había utilizado como a una marioneta y me había ridiculizado. Mi odio se fue alimentando por haber sido manipulado de esa forma, por haber caído como un estúpido. Y entonces comencé a preparar mi venganza…

Me posicioné en una casa abandonada a las afueras donde nadie iba y compré e ideé objetos de tortura suficientes como para matar de dolor a las 666 legiones del infierno con sus 666 tropas cada una. También forré la “habitación de juegos” con materiales aislantes del ruido. No me venía bien que se escucharan gritos.

Una bonita noche de fin de semana en que las estrellas brillaban, a ella se le había hecho tarde calentando tíos en una discoteca y tenía que volver a casa. Le puse rápidamente un pañuelo con cloroformo en la nariz y perdió el conocimiento. Me escondí con ella entre las sombras y la llevé al lugar donde mi venganza se llevaría a cabo.

Cuando despertó estaba atada de pies y manos sobre una mesa. No le tapé la boca con nada porque quería oírla sufrir y allí nadie la escucharía. Ignoré todo lo que balbuceaba pidiéndome perdón y le puse un guante de hierro en la mano que le dejó los dedos estirados e inmovilizados pero dejando un agujero en la punta para poner en práctica un invento mío. Le cogí de la mano y empecé a girar en su dedo algo parecido a un sacacorchos pero más ancho por el centro. El invento penetraba en su dedo desgarrando toda la carne y dejando en medio atrapado el hueso. Ella gritaba de dolor provocándome una satisfacción indescriptible. Fue entonces cuando golpeé el “sacacorchos” y rompí el hueso de su dedo desatando un alarido aún mayor arranqué su dedo y quemé la herida para que no sangrase pues no podía dejar que muriese desangrada (aún…). Lo hice con todos los dedos de sus dos manos, satisfecho, pues era curioso que pudiese aguantar tanto dolor sin desmayarse siquiera. ¿Tal vez era porque le había inyectado las drogas apropiadas para ello? Eran muy buenas porque estas no te quitaban el dolor.

Lo siguiente fue coger un hierro al rojo vivo con forma de estrella de cinco puntas y marcarle como si de ganado se tratase. La única diferencia es que al ganado no se le marcan múltiples veces riendo sádicamente. En la cara, brazos, piernas,… Era espeluznante ver tantas quemaduras.

Pude ver que cerraba los ojos cuando le torturaba. Eso no me pareció bien así que le arranqué los párpados cogiéndolos con unas tenazas y cortándolos con un machete que tenía por ahí. Sus ojos ahora no podrían volver a cerrarse pero el problema era que igual ahora la sangre le nublaba la vista un poco. Le puse un apoyo bajo la cabeza y se la inmovilicé también para que estuviese obligada a mirar hacia donde llegaba el arma asesina. Vería finalizar su vida.

Pensé en serrarle el cuerpo en dos pero me parecía demasiado mítico. Además, podía utilizar otro objeto que recordaba a la pera (instrumento de tortura que se introducía por el recto y se abría una vez dentro) pero que era más bestia porque aunque fuese del mismo estilo, llegaba mucho más allá.

Era como un palo de hierro con otros muchos más finos colgados de la punta. Plegado era igual que un paraguas sin tela. Lo introduje bruscamente por sus genitales atravesando todo cuanto había por medio. Los palos que colgaban del mayor estaban cogidos por cadenas en el borde que sobresalía. Solo tuve que dar a un botón y las cadenas tiraron de los palos hacia fuera desperdigando todos sus órganos vitales por la habitación y manchando todo de sangre.

Había sido una noche divertida pero como no había dormido nada, limpié un poco y me fui a casa bostezando. Me sentía animado a pesar de todo por haber comenzado con la carnicería.


En los meses siguientes probé nuevas torturas con cada uno de sus amigos.

The Blind

viernes, 2 de mayo de 2008

Entre las llamas del pecado



Yo era el diablo en persona. Siempre que podía pecaba tanto cuanto podía y, tanto pecado había vivido antes, que se me podría considerar el octavo de ellos. Sólo la acumulación de pecados me impedían incumplir otro. A veces había llegado a no matar a alguien por la pereza de moverme.

Todos los periódicos hablaban de mí. La policía me perseguía en innumerables países, pero nunca habían logrado una imagen o un testigo que pudiese dar descripción del asesino que yo era. Lo único que sabían era que mataba con una espada, lo cual era lógico al ver a mis víctimas cortadas en pedazos. Igualmente, la llevaba siempre a la espalda un poco oculta y, aunque la espada medía dos metros, nadie se percataba de que existía.

Normalmente me gustaba asaltar una casa y atar a la víctima. Después tumbarme en el sofá a escuchar su tormento tras haberle herido, como si estuviese en una tumbona en la playa con el susurro del mar; me relajaba. Además, si dejaban de gemir les pinchaba con la espada diciendo “¡Sigue gritando, estúpido!”. También me gustaba asaltar familias. Con una sola acción partía al padre en dos por la cintura y empujaba la parte de arriba para verlo caer al suelo. Su mujer alcanzaba el mismo destino. Luego mataba a sus hijos aplastándoles la cabeza con una mano si eran pequeños. ¡Cómo me gustaba sentir sus sesos escurriéndose entre mis dedos! Finalmente asaltaba la despensa de la casa, es lógico que den de comer a un invitado.

Actualmente incluso debo tener un club de fans que quieren ser como yo. El problema es que son unos torpes y mal organizados y me confunden con un satánico. Yo no hago rituales satánicos, solo mato. Algún día tal vez podría adiestrarlos yo mismo y sembrar el caos a nivel mundial pero creo que nadie podría alcanzar mi nivel.

Y ahora me encuentro en un parque, sentado, mirando a los niños jugar felices con una pelota. Y tienen la mala suerte de que su pelota llega a mis pies. Cuando vienen a pedírmela la cojo y me levanto. Los niños de repente se acojonan al ver a un tío completamente de negro y cara de pocos amigos. Pero aún así uno se adelantó para hablar.

- Señor, ¿podría devolvernos la pelota? –dijo con timidez.

Lo miro con desprecio y exploto la pelota con una mano. La cara de los niños cambia. Han perdido esa apariencia de inocentes que tenían un momento antes.

- ¡La has cagado tío! –dice el que ha hablado antes mientras comienzan a sacar navajas e incluso un machete- ¿Conoces a ese brutal asesino? ¡Pues formamos parte de su club de fans! Vas a morir…

Suelto una carcajada ante la situación tan estúpida de tener unos niños que no llegan a tener diez años y me idolatran. Si supieran quien soy… No importa, me llevo la mano a la espalda. De un mandoble se queda mi espada incrustada en la cabeza del niño. Suelto la espada con el niño, aunque muerto, de pie. Me peino un poco y, antes de que el niño muerto caiga al suelo, se la arranco provocando que un chorro de sangre vuele por el aire. Aspersor de sangre suelo llamar a ese efecto. Los otros niños han comenzado ya su carrera. Me dispongo a ir a por ellos pero aparece un tipo con alas blancas bajando del cielo. Resulta un poco desconcertante pero me detengo.

- Saludos, futuro cadáver –dije burlón-. No has debido interponerte.

- Soy un ángel enviado por el Señor –dijo con tono serio desenfundando una espada-. He venido a poner fin a tus pecados, demonio.

- ¿Mis pecados? Digamos que bajo mi punto de vista hago lo correcto, pero continúa…

- ¡Tú estás muerto por dentro! Tu belleza interior murió con tu alma y estás arrastrando contigo incluso a niños como esos. Pondré fin a tus males.

- La única belleza interior que conozco es la de las entrañas, ¡pero dejemos que hablen las espadas, pues no lograrás cortarme con el filo de tu lengua!

Entonces comienza nuestra pelea a muerte. Sufrimos ambos varios cortes en nuestra larga pelea pero no por ello nos detenemos. Además a mi no me importa el dolor, la batalla lo merece y está bien que alguien pueda plantarte cara (mínimamente).

En un momento dado, hago una finta perfecta y le atravieso el estómago con mi espada. Suelta la suya, que produce un sonido metálico al chocar contra el suelo. La sangre le sale a borbotones por la boca (y la barriga).

- ¿Quieres ver tu belleza interior, pequeño angelito? - ¡Veámosla!

Subo la espada y le abro en canal inclinándole la cabeza para que lo vea en directo. También le grito que era verdad lo de su belleza interior mientras me río como un loco. Y paro. Le saco la espada y le dejo caer al suelo a desangrarse. Siento una corrosiva envidia por dentro…

Inmediatamente me atravieso y me abro a mi mismo las tripas. El dolor no importa. Cojo de la piel y tiro a los lados para poder ver bien. Y es en mi último suspiro cuando se nublan mis ojos que logro decir:

- Te equivocabas, ángel. Mi belleza interior supera a la tuya…


The Blind



Un regalito:


martes, 8 de abril de 2008

Si yo fuera zombi...

Capítulo 1: `mida `ra `sar (Comida para pensar)

Se encontraba tumbado en una camilla de hospital. Su familia estaba allí con él, viendo como su vida se desvanecía. Su madre lloraba aferrada a su mano y el resto intentaban conservar la calma con un gesto de dolor que les desfiguraba el rostro. Todos habían venido a despedirse porque después de una sobredosis de telebasura, su cuerpo no podía aguantar más. Fue perdiendo el control de sus extremidades y sus familiares se convirtieron en una difusa niebla. Sus párpados se cerraban lentamente… para no volver a ver esa niebla nunca más…

¡Y de repente abrió los ojos! Estaba todo oscuro. Palpó donde pudo y descubrió estar encerrado en un reducido espacio acolchado. Tras un largo esfuerzo logró salir de su prisión a base de golpes y tumbó una segunda puerta que daba a un lugar visible. Saltó un par de metros y cayó en plancha sin sentir dolor contra el suelo. Una vez recuperada una posición vertical, se encontró en medio de la noche alumbrado levemente por farolas lejanas que escupían una leve luz. Volvió la vista atrás y descubrió su propio nicho profanado. Se llevó las manos a la cabeza e intentó gritar y llorar, pero el aire no entraba ni salía sus pulmones y sus ojos eran incapaces de dejar escapar lágrimas…

Salió del cementerio con paso torpe y lento. Sentía un montón de sensaciones extrañas, o mejor dicho: no las sentía. Su corazón no palpitaba, no podía producir sonidos legibles, sus movimientos eran ralentizados y tenía, aparte de un pronunciado comienzo de desequilibrio mental y la piel pálida, una fuerte depresión.

Tras caminar por las calles, la poca gente que le había visto había huido de él al ver un yonki enfermo acercárseles. Seguro que tenía el sida y esas cosas. En una de esas calles vio de espaldas a su abuela, caminando con su bastón tras la operación de cadera que había sufrido hacía poco. Intentó llamarla pero unos gemidos ilegibles salieron de su garganta. Su abuela al mirar para atrás se acojonó y trató de escapar de su perseguidor resucitado.

Aquella patética carrera de caracoles terminó con nuestro zombi-protagonista (me niego a escribir zombi con una e al final) alcanzando a su amada abuela. El pobrecillo no entendía por qué su abuela le rechazaba. Él que trataba de expresarse y abrazarla entre los gritos de socorro que ella lanzaba a quien pudiera ayudarla. Entonces, con su abuela peleando entre su abrazo amoroso, sintió el instinto que su nueva condición de vida (o más bien no-vida) le cedía. Al momento cerró el puño y golpeó una primera vez el cráneo a la anciana. Éste crujió pero ella no estaba muerta, seguía agonizando y llorando. Entendió que tenía más fuerza que en vida, alzó una vez más el puño y aplastó del todo la cabeza de su presa. Metió la mano dentro y sacó un puñado de escurridizos y pringosos sesos. Los miró completamente confundido por lo que iba a hacer. La idea le resultaba repugnante (por no mencionar el cargarse a su abuela). Se acercó la masa a la boca y al probar el sabor de la inteligencia, no pudo parar hasta haber vaciado el interior de la cabeza. En un organismo que no funciona, era lo mejor que podía ingerir, tan fácil de comer como un yogur.

No le gustó lo que había hecho… pero su depresión había desaparecido…


The Blind

martes, 1 de abril de 2008

Cthulhu presidente

Al fin iban a anunciar quién había ganado las elecciones. El partido de Cthulhu, que era la novedad ese año, había cogido muchísima fuerza. Montones de sectarios dispuestos a ser sacrificados montaban manifestaciones por las calles. Sus gritos bramaban “¡Cthulhu presidente! Y sus pancartas de alzaban con grandes slogans “¿Por qué escoger el menor de dos males? Podemos elegir al más cruel, al que sabemos que acabará con los problemas, las personas y las tierras, dejando que reine el caos y la abominación.”

Los partidos de izquierdas y derechas que no habían abandonado sus estúpidas ideologías para unirse al poderoso primigenio difamaban contra su desaliñado aspecto juvenil (Cthulhu es un monstruo del tamaño de una montaña con cuerpo de dragón y cabeza de pulpo) y le acusaban de tomar drogas, las cuales causaban su color verde poco común.

La gente ignoraba a esos políticos y creían en las promesas de Cthulhu: una destrucción generalizada de la especie humana sin ningún tipo de racismo porque no somos diferentes unos entre otros para el Gran Cthulhu, los supervivientes serán obligados a copular con los profundos (seres encorvados de características humanas pero con cabeza y escamas de pez) para continuar con una raza de híbridos dedicados a la servidumbre de su señor (si es que apoya a la familia…), todos las religiones que no le adoren serán perseguidas y destruidas: tanto los dioses (si es que se presentan) como todos sus seguidores, el terrorismo será condenado por intentar hacer frente al perfecto caos establecido, la esperanza de vida quedará tan brutalmente reducida que no habrá problemas de envejecimiento de la población, la vivienda bajará bestialmente (bajo el mar) ya que Cthulhu pretende aumentar el nivel del mar para favorecer a sus profundos, el paro será abolido ya que la gente será esclavizada para construir grandes templos, los seres humanos que sobrevivan a la llegada del Gran Cthulhu tendrán plena libertad de adorarlo y obedecer sus órdenes o perecer en graves tormentos físicos y mentales hasta que el cuerpo y la mente queden reducidos a una masa informe de pulpa ectoplasmática…

¡Poblaciones mundiales estaban entusiasmadas con esa gran opción y envidiaban el futuro reinado de Cthulhu!

Estaban a punto de anunciarlo por la tele. Salió la gráfica y la diferencia en porcentaje era inmensa, ¡había ganado Cthulhu!

El primer día de presidencia las mareas comenzaron a inundar ciudades y los profundos emergidos del mar entraban a saco por todos lados. La gente los acogía con cariño, contentos de acabar con sus problemas sexuales. Aquellos que hacían ascos a mezclarse con dichos seres no tardaron en descubrir lo bueno de lo exótico.

Cthulhu, por su parte, se dirigió a la capital y comenzó a destruir todo cuanto encontraba. La gente que veía se los comía. Los sectarios que le alababan parecían especialmente contentos de ser elegidos.

Y en medio del terror, una minoría de descontentos preguntaban “¿Por qué elegimos ser eliminados o torturados?” y los demás respondían animados “Porque es la única forma de que se cumpla aquello por lo que votamos. ¡Al fin alguien nos hace caso!”

Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn! (En la ciudad de R'lyeh, Cthulhu, muerto, espera soñando)


The Blind

lunes, 24 de marzo de 2008

Gaara


Vengo de la aldea oculta de la arena. Oscura y tenebrosa. Se encuentra en el país del viento... allá en la lejanía, aislada de todas las demás aldeas. Apenas dejaba de soplar un minuto el aire que elevaba la densa arena dando forma a aquellos remolinos con movimientos siniestros que se deshacían al pasar a través de ellos las pocas personas que salían a la calle. Dicha aldea tenía como jefe al cuarto Kazekage y a sus tres hijos: Temari, Kankuro y yo, Gaara, el hermano menor. Cuando yo nací, el cuarto Kazekage, mi padre, ordenó sellar con una técnica de posesión dentro de mí a un monstruo: Shukaku, para convertirme en una arma de inmenso poder. Dicho monstruo también es llamado “el gran perro mapache”, pues tiene dicha forma. A causa de esta posesión, mi madre, karura, murió al darme a luz... maldiciendo a toda la aldea por su atrevimiento. Desde que Shukaku fue sellado dentro de mi cuerpo me convertí alguien peligroso... todo el mundo me temía, incluso mi propio padre, que planeó asesinarme innumerables veces, pues él ya no me consideraba su hijo, sólo me consideraba un experimento fallido. Todos sus intentos de asesinarme eran en vano, pues él mismo me aplicó una técnica de encarnación de arena que se desarrolló de forma extraña... la arena me protegía de cualquier ataque dirigido a mi cuerpo. Mas tarde mi tío Yashamaru me explicó que aquello sucedía por la última voluntad de mi difunta madre, que me protegería por siempre... hasta el fin de mis días.
Todo lo que me rodeaba no era más que odio. En cuanto miraba a mi alrededor me daba cuenta de que estaba solo. Los niños no querían jugar conmigo... todos me tenían pánico, nadie me apoyaba... bueno, exceptuando a Yashamaru... él era amable, comprensivo... fue como un padre para mí. La única persona importante que me quedaba. Me explicaba que las personas se sacrifican por sus seres queridos. Me contaba siempre que se lo pedía cosas sobre mi madre y él accedía a mis peticiones, comprendiendo que lo único que yo tenía era a él y las historias que me contaba, todo lo que me enseñaba.
La arena, que posteriormente guardaría en una calabaza, funcionaba como un escudo automático, y en consecuencia no podía ser herido... no conocía el dolor, y tenía una enorme curiosidad. Intenté en varias ocasiones clavarme un cuchillo en diferentes partes del cuerpo... pero era inútil, la arena me protegería por siempre. Yashamaru intentó explicarme con palabras como era el dolor, incluso se cortó a si mismo un dedo... pero yo no lo podía entender... solo podía limitarme a chupar su dedo herido para degustar su cálida sangre, aquel sabor del dolor que nunca entendería.
Y entonces pasó. Aquel acontecimiento que marcaría toda mi vida: me encontraba sentado en un tejado observando la luna llena, que me excitaba, y, de pronto, una ráfaga de afilados kuanis fueron detenidos por mi arena. Harto de que me ataquen por la espalda sin ningún motivo, descargué mi furia sobre el atacante con la técnica prohibida asesina aprendida de mi padre: “El ataúd del desierto”. Dicha técnica debería haberlo matado, pues el oponente queda cubierto de arena bajo una altísima presión, pero aún no sabía ejecutarla bien. Me acerco al hombre medio muerto para arrancarle la poca vida que le quedaba, pero en cuanto vi su cara me quede paralizado, Yashamaru yacía delante de mí con la cara ensangrentada. Su mirada estaba clavada en la mía, con una evidente tristeza en sus ojos... antes alegres y llenos de vida. Observo horrorizado cómo la sangre emana de su cuerpo al que yo mismo había atacado.
¿Porqué?, ¿porqué me atacó de esa forma?... la única persona que me importaba, la única que realmente me quería a pesar de ser un monstruo, mi única fuente de cariño...
-¿Porqué? –pregunté sollozando a la persona que hace unas horas era amable conmigo...
-Tu padre me ordenó matarte- respondió con un débil susurro apenas audible.
Una ola de esperanza sacudió mi ser, ¿así que lo hizo en contra de su voluntad? ¿de verdad me seguía queriendo y aún así se vio obligada a ejecutar esa orden?...
-No, no lo hice en contra de mi voluntad- respondió leyéndome a la perfección el pensamiento- acepté la orden con gusto, porque siempre te he odiado, Gaara...- prosiguió mientras su voz se apagaba poco a poco- en el fondo de mi ser te odiaba. Tú, monstruo, eres la causa de la muerte de mi hermana, y no te he perdonado...-.
Y con un último aliento, la muerte se la llevó a la oscuridad...
Se me formó un nudo en la garganta insoportable. Tan solo podía llorar de desesperación, sentía un peso en el pecho gigantesco... parecía que me iba a explotar el corazón de dolor...¿Qué sentido tenía vivir y existir si lo único que me mantenía con vida resultaba ser todo una farsa?, ¿cómo es que me ha estado odiando desde que nací?, ¿así que no existe el amor?, ¿todo lo que me contó eran mentiras?...
Nací siendo un monstruo...
¿Amor?... ¿familia?...Son sólo trozos de carne unidos por el odio e intentos de asesinato... Así que, ¿para qué existir y vivir?, me pregunté. Tras largo tiempo esto es lo que concluí: Existo para matar a todos los demás. Finalmente encontré alivio en el miedo a ser asesinado en cualquier momento. Matando a los asesinos, fui capaz de descubrir mi razón para vivir. Sólo lucho por mí y sólo me amo a mi mismo. Mientras pienso que el resto de la gente existe para hacerme sentir eso, el mundo es maravilloso. Mientras halla gente que matar en este mundo... para hacerme experimentar la alegría de vivir... mi existencia continuará...
Y ahora dejadme sentir... la alegría de vivir...



The Reaper

jueves, 13 de marzo de 2008

Los patos del lago Bodom


Felices eran en verano los patos del lago Bodom, pues podían nadar tranquilos y vivir sin problemas. Solían pescar peces a no demasiada profundidad y a veces atinaban a tragarse alguna mosca de vuelo bajo.

Sí, estos patos eran felices durante esos calurosos meses pero tenían un gran problema: la llegada del frío. Cuando el frío azotaba las tierras nórdicas sufrían para sobrevivir (al menos los que sobrevivían) y si pasaban el año estaban casi muertos. Incluso habían evolucionado y habían aprendido a invernar pero su organismo aún no estaba del todo capacitado y la mayoría se habían exterminado. Unos quedaban sepultados bajo la nieve, otros que habían encontrado madrigueras o similares a veces lograban aguantar. Y nadie se había preocupado por ellos que tanto necesitaban una solución para seguir adelante…

Al fin había llegado otro verano. Habían estado a punto de extinguirse definitivamente y apenas quedaban una docena de raquíticos patos hambrientos. Pasaron parte del verano recuperando fuerzas, alimentándose para recuperar peso y trataron de reproducirse como podían (les costaba hasta eso a los pobres) para aguantar un año más como especie no extinta por aquella zona.

Fue una noche de esas cuando iban a acompañar a uno de ellos a mear entre arbustos. Teniendo en cuenta que eran pocos debían darse intimidad pero aún así iban en grupo para por si acaso. Y al ir a volver a su preciado lago se encontraron de camino con unos campistas que charlaban alegremente sentados alrededor de una hoguera. Eran dos chicos y dos chicas bastante jóvenes. Se quedaron desde la oscuridad ojeando por si podían robar algo de comida a esos campistas pero no encontraban el momento oportuno.

Fue entonces cuando vieron una sombra que se abalanzaba sobre los cuatro juveniles y a la primera chica la apuñalaba sin piedad una y otra vez. Uno de los chicos fue en su ayuda pero consiguió ser la siguiente víctima al intentar quitarle su arma y perder. La otra pareja había salido corriendo y el atacante nocturno corrió a por sus presas. La chica tropezó con un tronco y el chico se dio la vuelta pero escapó dejando a la chica como cebo al ver esa sombra alcanzarles. La chica también murió y el cazador alcanzó y derribo al último de ellos. El chico logró darle con una rama en la cabeza y dejarle descolocado el tiempo suficiente como para escapar. Cuando se recuperó el asesino tuvo que irse. Había fracasado; quedaban supervivientes.

Los patos se acercaron sobre las víctimas. La sangre estaba derramada, aún fresca, por el suelo. Sabían que la única forma de continuar con vida seria hacerse heavies y ahora tenían la oportunidad, habían de bañarse en sangre. Se miraron entre ellos y al momento se lanzaron como locos a revolcarse en la sangre. Sus rasgos cambiaban a medida que iban humedeciéndose, sus picos ahora tenían dientes letales, sus plumas adoptaban color que luego se secó y transformó en negro, sus ojos sí se quedaron totalmente rojos y ahora producían sonidos guturales en vez de los típicos “cuac”.

Desde entonces los patos del lago Bodom se multiplicaron y cada vez que cogían a alguien desprevenido le sacaban las entrañas a picotazos. Eran patos demoníacos que comían carne humana sin piedad.

Pasa que seguían teniendo un problema con el frío. Como buenos heavies que eran, ahora el frío les ardía y quemaba así que habían de aumentar la temperatura ambiental para estar más frescos (generalmente a base de bocanadas de fuego).


The Blind

sábado, 1 de marzo de 2008

Perseguido


Correr… huir… escapar… No puedo detenerme, pues siempre me alcanza y no cesa su paso. Me persigue andando pero sin descanso y, aunque la pierda de vista, siempre acaba llegando hasta donde me encuentro. No puedo ocultarme porque conoce cualquier rincón en el que me puedo hallar y si me quedo en un lugar cerrado, no tendré escapatoria…

Es esa dama que viste de blanco, a juego con su pálido rostro. La primera vez que la pude ver, estuvo muy cerca de cogerme, pero tuve miedo de ella y ese miedo me salvó. No sé quién es ni por qué me sigue pero cada vez que descanso acabo viéndola llegar a lo lejos, y he de volver a irme.

¿Dónde podría ocultarme definitivamente de ella?

Siempre que se encuentra cerca me alerta esa canción que canta y me atemoriza. Esa maldita nana sádica que me persigue:


“Ven conmigo, niño

Yo daré a tu sonrisa un final

Sígueme pequeño

Yo cumpliré el macabro ritual


Lágrimas de sangre

De tus ojos se van a escapar

Y en muy poco tiempo

Tu cuerpo vacío va a quedar


Pues no hay sentimiento

Que mi mano haga retroceder

Yo soy la implacable

La Muerte, es para mí todo un placer


No me tengas miedo

Porque las personas hablan solas

Aunque dulcemente

Concedo un don, un regalo a todas


Tiéndeme la mano

Y yo seré ahora un nuevo guía

Te llevo a la noche

Por tu bien, olvida pronto el día


Cierra ya los ojos

Porque tú no puedes hacer nada

Déjate poseer

Y morir, en tus ojos, tu alma”


Y cansado estoy… no puedo seguir evitándola. Si realmente es la muerte, no es posible que sea tan humana… y me inspira tanto miedo… ¡No puedo dejar que me arrastre a las llamas del infierno! Pero tengo tanto sueño…

Y despierto con esa nana y ella mirándome a apenas un par de metros. Los blancos y finos ropajes que le cubren ni se han manchado tras mi persecución. Su cara me inspira miedo pero también me atrae…

Da un primer paso. No hay escapatoria y puedo darme por muerto. Me acurruco temblando en un rincón sin poder dejar de mirarla. “¡Aléjate!” le grito, pero sigue cantando… y yo deseo que venga…

Me extiende la mano y… la acepto. Su piel es suave e incolora. Me ayuda a alzarme y, frente a ella, siento que sus grises ojos expresan ternura. Y, sin previo aviso, me besa...

Un beso como ninguno. Un beso al que me entrego en cuerpo y alma. Un beso por el que cualquier hombre daría su vida. Y que, irónicamente, al separar sus labios de los míos, así es entregada la mía…

The Blind

lunes, 18 de febrero de 2008

Plan de tarde (Parte II)


-Primo, ¿dónde c****** estamos? –dije escupiendo restos de piedra fundida.

-Lógicamente hicimos una apertura en el espacio tiempo y estamos en otro mundo –se limitó a responder.

-¿Osas ponerme en evidencia? ¡Juro arrancarte los brazos!

-¡No te dejaré! ¡Me los arrancaré yo antes!

Y así lo hizo. No me dio tiempo a tocarle cuando se los había arrancado a mordiscos. Decidió comérselos y se le regeneraron al instante. Entonces optamos por dejar nuestras diferencias aparte y observar el extraño lugar en el que involuntariamente, por esta vez, habíamos aparecido.

Vimos un inmenso paraje con agua corriendo por todos lados, bajando en cascada por la roca y enviando pequeños destellos cristalinos. La hierba era… verde y fresca como en ningún lado y la cálida brisa llenaba el alma. También había muchos seres mitológicos pululando por allí: un par de caballos alados, duendes y hadas extraños, pájaros fantásticos…

Un centauro de aspecto pacífico se acercó a darnos la bienvenida a su “mundo” y en un abrir y cerrar de ojos cambió la situación. Al acercarse a nosotros, que estábamos de pie mirando al infinito, nuestros ojos se volvieron oscuridad. Toda la vegetación de nuestro alrededor se marchitó de golpe y el centauro se asustó y echó a correr. Un firme golpe del primo con el pie en el suelo hizo que una roca se levantase por donde el centauro pasaba y le destrozó la cabeza. Yo me cargué al centauro a las espaldas y comenzamos a andar sin rumbo. La vegetación moría bajo nuestros pies, el agua se volvía sangre con desearlo, los pájaros caían muertos desde el cielo y el crujir de las costillas del hombre-caballo al arrancarlas, para ser devoradas acto seguido, era espeluznantemente placentero…

Pasamos unos días simplemente matando todo lo que se ponía por medio sin ningún escrúpulo. Ese mundo tan feliz merecía un castigo por su “perfección”, y ahora veníamos nosotros a sembrar el terror. Sin embargo, sentimos algo. Una presencia, una fuerza, un aura de energía… similar a la nuestra. ¿Podría existir alguien tan brutalmente poderoso como nosotros? Nos materializamos lo más cerca posible.

Ahora se distinguía que eran dos seres y no uno. Se les veía al borde de lo lejano, donde las tinieblas aumentaban severamente.

-Primo, no puede quedar evidencia de una fuerza que se acerque en lo más mínimo a la nuestra –dije cabreado-.

-¿Tendrán los cráneos crujientes? –preguntó mientras dejaba que el odio le poseyera-.

Al momento nos lanzamos a correr hacia ellos y parecía que habían acordado lo mismo y se dirigían en carrera levantando una nube de polvo como nosotros. El choque provocó una concentración de energía que de golpe cambió todo el paisaje y la tierra se abrió en dos creando un abismo tan profundo que la luz no alcanzaba hasta el fondo. Ellos estaban situados a un lado y nosotros al otro. Uno de ellos levantó un brazo y descargó un rayo sobre mí. No me molesté en esquivarlo, no me afectó.

-Hagámoslo –dijo el primo-.

Asentí y ambos alzamos los brazos hacia el cielo. En breves segundos todo el cielo se oscureció por completo con las negras nubes que estábamos invocando. Un diluvio comenzó a llenarlo todo y un viento huracanado comenzó a soplar. Pronto se escuchó una corriente de agua fortísima en lo profundo de la brecha abierta. Cientos de rayos cruzaban el cielo para chocar violentamente con el suelo. Entonces bajamos los brazos y cuatro tornados inmensos cayeron del cielo arrastrando todo cuanto tocaban. Primo dirigió uno de ellos donde nuestros anfitriones, que hubieron de esforzarse un poco para no ser arrastrados pero no les causó daño alguno.

En respuesta, posicionaron sus manos en el suelo y concentraron una gran cantidad de energía. Pronto explotaron algunos puntos del suelo por todos lados y un infierno de lava, cenizas y fuego acompañó al tiempo que habíamos creado. Hubo un punto que explotó debajo de mí. Apenas me apartó un poco a un lado. Lo siguiente que hicieron fue alzar dos montañas y arrojarlas sobre nosotros.

-¡Con la cabeza primo! –dije mientras volaban los proyectiles.

-¡Y no vale cerrar los ojos! –respondió.

Al llegar las montañas por el aire las reventamos de un cabezazo y quedamos enterrados entre las miles de piedras en las que se había dividido. Las apartamos de un solo golpe y las pusimos en órbita. Un filo hilo de sangre bajó desde mi ceja.

-¡Primo, eres un débil! –dijo el primo al ver mi pequeña herida.

Instantáneamente le propiné un puñetazo en la cara que le mandó treinta metros hacia atrás. Se levantó con una gota de sangre propia en su labio. Pasó su lengua por la sangre y, al contactar con su sabor, el primo cambió. Sus ojos se inyectaron en sangre y las pupilas le aumentaron de tamaño envolviéndolos en un negro muerte. Otra gente habría temido lo siguiente pero a mi me hizo gracia.

Se le fue la olla. Comenzó a correr siguiendo un indescifrable rumbo. Parecía que no le importaba mucho el enemigo... mas bien se interesaba por los árboles. En pocos segundos un bosque se desplomó por completo. Al poco tiempo volvió y se detuvo junto a mí.

-Primo prueba tú también- me dijo con cara de poseído.

De pronto cogió una piedra algo afilada y me cortó el cuello.

-Primo, ya estaba sangrando, gracias.

Noté algo cálido deslizarse por mi garganta y el hedor a sangre confundió momentáneamente mis sentidos... sentí la adrenalina correr por mi cuerpo a la par que me enfurecía. Cogí otra piedra especialmente afilada y le hice un profundo corte al primo desde la clavícula hasta el estómago. Comenzamos a rajarnos mutuamente, dándonos el turno educadamente y lanzando carcajadas satánicas. En unos minutos nuestro cuerpo quedó cubierto de sangre.

Nuestros enemigos, habiendo flipado ya lo suyo con mi ataque al primo, ahora estaban alucinando al ver cómo nos auto-dañábamos. Incluso se acercaron a ver si estábamos bien y podíamos continuar la pelea. Llegaron donde nosotros y uno de ellos le tocó el hombro al primo y éste se sintió atacado y de una patada en la mandíbula volvió a mandarlo al horizonte. El otro iba a reaccionar cuando yo le lloví del cielo y le empecé a zurrar contra el suelo, dejando agujeros tremendos por la onda expansiva de mis puños sobre su cara. Logró quitarme de encima y reunirse con el otro. Ambos sangraban de la cara pero el mío más porque le había pegado varios golpes. Ahora estaban cabreados.

-Primo –dije-, creo que deberíamos ir terminando.

Asintió. Con toda nuestra fuerza volvimos a dirigir nuestros brazos al cielo. Los otros esperaron unos segundos aburridos y entonces lo vieron. Desde el cielo llegaba una estrella un millón de veces más grande que el Sol a una velocidad muy superior a la de la luz, por lo cual no deberíamos poder verlo venir. Esa estrella arrasó el planeta, a esos capullos y el resto de ese sistema solar.

The Blind, retocado por The Reaper