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sábado, 9 de febrero de 2008

Mi primer y último amor


Todo comenzó aquel fatídico día en el que yo era pequeño, cerca de alcanzar la pubertad. Conocí a una niña... aunque más que una niña parecía una diosa... dejaré que la imagines como quieras. Desde el día en que me crucé con su mirada... ambos quedamos prendados uno del otro. (He de añadir que por esa época comenzaba a sentir cierta atracción por los abismos de la oscuridad, aunque no lo parezca por ahora).
Yo, hechizado por su belleza, perdí la noción de mí mismo. Me sumergí en un mundo de fantasía cuyo centro era ella. Aquélla niña ocupó mi corazón. Comencé a transformarme progresivamente en un romántico (no puedo creer que esté escribiendo esto...).
Una tarde de verano, la niña me llevó al bosque, donde compartíamos nuestro amor apasionado. Comencé a notar, abrazado a ella, que todo aquello parecía ser maravilloso... pero algo me inquietaba. Un dolor punzante en el pecho, como si una enredadera de espinas del más ardiente metal surgiera poco a poco entre mis costillas... entonces me di cuenta: el amor me estaba matando. Al hechizarme, creó un mundo de fantasía magnífico sí... pero la oscura y siniestra realidad me golpearía de un momento a otro.
La niña notó mi inquietud, y se apresuró a besarme. Mientras nos fundíamos en un eterno beso... las espinas de mi pecho me atravesaban, se abrían paso a través de mis pulmones... me separé alarmado, pero ya estaba muerto. Mi cuerpo, ahora inmaterial, se separó del anterior y observé cómo la niña miraba aterrorizada las espinas oscuras que surgían de mi corazón y cómo dejaba de respirar... lloró por mí... pero yo no lo lamentaba ni mucho menos. Al fin volvía a ser el mismo... al fin me libré de ese asqueroso hechizo.
Me acerqué a ella, que seguía llorando desconsoladamente mi cadáver. Me incliné a su lado y le acaricié los cabellos, sin notar ninguna atracción hacia ella para mi consuelo. La niña notó mi frío tacto y miró hacia donde yo me encontraba. Dejé que parte de mi invisibilidad se disipara, y pudo verme. No hizo movimiento alguno, se quedó ahí, petrificada. Alcé las manos y rodeé con las yemas de los dedos su cuero cabelludo... tan suave y hechizante como siempre.
La odié. Ahora sí. La realidad era ésta. Sentí la rabia deslizarse por mi inmaterial cuerpo. ¿Cómo se atrevía a hechizarme de aquella forma?... Había provocado que mi metal interior se revelara contra mí... desde ese momento me prometí no volver a fallar a mi lado oscuro... la verdadera realidad...
Conforme me enfadaba iba apretando los dedos en su cráneo. Observé, disfrutando, cómo sus expresiones cambiaban. Primero la niña puso cara alegre al verme... luego pasó a mirarme con extrañeza... después me miró con miedo... posteriormente le invadió el pánico... y finalmente mis dedos aplastaron sin compasión su hermosa cabeza. Sabía que ya estaba muerta, pero seguí... era divertido. La cogí de las frágiles piernas y la balanceé... jugando con su cuerpo inerte. Procuré no perder ni un detalle de cómo su delicado y blanquecino rostro se veía acariciado por la dura y oscura corteza de un árbol cercano...
Hubiese continuado durante toda la eternidad... pero acabó por caérsele la cabeza.
Decidí no volver a mi cuerpo físico. Prefería mi cuerpo espiritual... con el que posteriormente me convertería en la muerte...

PD: Busco pareja.

The Reaper