Mostrando entradas con la etiqueta acantilado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta acantilado. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de abril de 2008

Paseo Nocturno


Finalmente decidí abrir los ojos. Era tarde pero no podía conciliar el sueño y empezaba a aceptar que no podría dormir. Mis pupilas estaban perfectamente adaptadas a la oscuridad y no encendí la luz porque me dañaría. Desde que perdí toda ilusión por la vida había tenido que refugiarme en la oscuridad para no ser cegado y ya había aprendido a convivir con ella. Ella me aislaba de toda esa maldita luz infernal, es luz que producía este asqueroso mundo del que necesitaba apearme y enterrar todo recuerdo que con él me relacionase.

Salí de mi cuarto sin hacer ruido, pues la casa estaba en calma y así debía seguir hasta que el salir del Sol devolviese la rutina. Necesitaba salir para pasear y pensar, ¿qué haría con mi vida si no hay nada por lo que merezca la pena vivirla? Me abrigué sin prisa y cerré la puerta de casa tras de mí.

Comencé a andar sin rumbo fijo cubriéndome los ojos con las manos y mirando al suelo para reducir el daño que me producían las farolas encendidas. Tuve que romper un par de ellas especialmente luminosas e incómodas que parecían burlarse a mi paso y alumbrar más para mostrar su opulencia.

Pronto me paré en medio de un puente que pasaba por encima de una ría que atravesaba la ciudad. Ese punto en concreto estaba sin iluminar y la luz de las farolas llegaba tan tenue que era imperceptible incluso para mí. Instintivamente me llevé las manos a la cara para ocultar mis ojos.

¿Qué había sido aquello? Luz… un rayo de luz me había dado de pleno y… no me había hecho daño alguno. ¿Qué sería?

Me asomé asombrado –e incluso algo asustado- al borde de la valla y busqué con la mirada. Allí estaba reflejada su belleza en el espejo de agua con su redonda perfección. Alcé la vista hacía su verdadero paradero y la dirigí al cielo, donde la Luna, moneda de plata brillando en la noche, musa por mí antaño idolatrada, devolvía con fuerza el brillo a mis ojos después de tanto tiempo…

Mi respuesta no se hizo esperar. Recuperado un sueño imposible, me veía obligado a luchar por lograrlo y, sin remedio alguno, comencé a andar en dirección hacia ella a pesar de que se alojase en el cielo.

Tras un largo camino, me encontraba en medio del monte cruzando entre árboles. Podía ver mi propio aliento ascender como el humo, pero apenas veía la Luna, que estaba oculta entre ramas y hojas. No mucho más tarde, me tuve que detener al borde de un precipicio, una gigantesca cicatriz en la tierra que se extendía hasta donde la vista no llegaba a alcanzar. Un precipicio en el que se escuchaba el grito del silencio arrastrando a lo lejos su eco para alcanzar con violencia mis oídos y no producir sonido alguno.

Abatido, clavé mis rodillas en el suelo sin saber qué hacer y desde ese suelo miré a la Luna clamando por una señal. Y cuando iba a dar por perdida mi batalla, me fijé en que algo bajaba de la Luna. Unos finos hilos bajaban desde ella y, lentamente, fueron formando un puente perfecto de aspecto fantasmagórico con un leve tono azulado. Había allanado mi camino.

Dudé. Puse con cuidado un pie sobre el puente. Era perfectamente sólido. Cogí un poco de confianza y di un paso tras otro por el largo puente y, en medio de éste mismo, quise me giré para dedicar una sonrisa a mi sueño. Y entonces apareció una caprichosa nube que rápidamente se interpuso entre nosotros, cortando esos hilos que nueva esperanza me daban. Y yo, sin poder reaccionar a tiempo, caí en el vacío.

Y un alarido, seguido de un ruido ensordecedor, tronaron en la noche.

miércoles, 2 de enero de 2008

Suicidio

Al borde de un acantilado suspirando,
el viento penetra en mi cuerpo y lo congela,
verde hierba mis desnudos pies acariciando,
y el cielo de furia truena.

Se desenlaza en mi interior una batalla,
cierro los ojos y me inclino hacia el barranco,

y bajo las olas una vida se acaba,
no fue un tropiezo... fue un salto...



The Blind