
Un buen dia soñé.. con un mundo mejor, con un mundo perfecto... un mundo en el que por fin era feliz.
Poseía una guadaña de tres hojas, hermosas todas ellas. Me encontraba en una enorme extensión de naturaleza, con sus montañas elevándose en el horizonte y afluentes de agua cristalina bajando por ellas. Millones de personas habitaban esta delicada naturaleza... los niños corrían unos tras otros mientras sus padres comían no muy lejos para no perderles de vista.
Un niño chocó de pronto conmigo, cayó al suelo y alzó la mirada para ver contra qué había chocado. El niño quedó paralizado en cuanto me miró a los ojos... Miré divertido cómo sus pupilas se dilataban del horror. El pánico le dominó y echó a correr enloquecido... ¿porqué se habría asustado?,¿quizá por mi atuendo negro?,¿quizá por mi guadaña que llevo sobre el hombro?. El niño comenzó a caerme mal... observé como llegaba hasta su padre y me señalaba asustado. El padre me buscaba con la mirada... pero era inútil, él no podía verme. Mientras tanto todos los niños habían notado mi presencia y corrían junto a sus respectivos padres, éstos no entendían lo que les ocurría a sus hijos pero decidieron seguir comiendo... Una ola de odio recorrió mi cuerpo, ¿cómo es que tan bella naturaleza estaba llena de estúpidos niños y padres incrédulos?.
Comencé a caminar hacia el niño que chocó conmigo, éste retrocedió aterrorizado y mientras tanto su padre veía atónito como la cabeza de su hijo se separaba de su cuerpo bañando el césped de sangre. No se puede expresar con palabras el placer que sentí decapitando a ese niño... pero no pude contenerme: debía continuar, debía limpiar aquella naturaleza de toda la basura que habitaba en ella. Era asombroso cómo el filo de mi guadaña penetraba en la piel, atravesando huesos y músculos sin apenas esfuerzo, y cómo los adultos miraban a su alrededor buscando el origen de mis ataques...
Quince años de intenso odio y ejercicio. Me sentía mejor que nunca. Me alimentaba de los cadáveres decapitados y alamacenaba las cabezas bañadas en sangre en una gran presa. Un largo y sangriento trabajo... pero satisfactorio.
Y entonces llegó el gran día. Abrí la inmensa presa y me paré a observar desde el punto alto de una montaña el gran espectáculo: una cascada de sangre caía junto a las cabezas sobre el prado tiñéndolo de rojo. No quedaba nadie para valorar mi gran obra, pero al fin mis alrededores quedaron limpios...
The Reaper
Poseía una guadaña de tres hojas, hermosas todas ellas. Me encontraba en una enorme extensión de naturaleza, con sus montañas elevándose en el horizonte y afluentes de agua cristalina bajando por ellas. Millones de personas habitaban esta delicada naturaleza... los niños corrían unos tras otros mientras sus padres comían no muy lejos para no perderles de vista.
Un niño chocó de pronto conmigo, cayó al suelo y alzó la mirada para ver contra qué había chocado. El niño quedó paralizado en cuanto me miró a los ojos... Miré divertido cómo sus pupilas se dilataban del horror. El pánico le dominó y echó a correr enloquecido... ¿porqué se habría asustado?,¿quizá por mi atuendo negro?,¿quizá por mi guadaña que llevo sobre el hombro?. El niño comenzó a caerme mal... observé como llegaba hasta su padre y me señalaba asustado. El padre me buscaba con la mirada... pero era inútil, él no podía verme. Mientras tanto todos los niños habían notado mi presencia y corrían junto a sus respectivos padres, éstos no entendían lo que les ocurría a sus hijos pero decidieron seguir comiendo... Una ola de odio recorrió mi cuerpo, ¿cómo es que tan bella naturaleza estaba llena de estúpidos niños y padres incrédulos?.
Comencé a caminar hacia el niño que chocó conmigo, éste retrocedió aterrorizado y mientras tanto su padre veía atónito como la cabeza de su hijo se separaba de su cuerpo bañando el césped de sangre. No se puede expresar con palabras el placer que sentí decapitando a ese niño... pero no pude contenerme: debía continuar, debía limpiar aquella naturaleza de toda la basura que habitaba en ella. Era asombroso cómo el filo de mi guadaña penetraba en la piel, atravesando huesos y músculos sin apenas esfuerzo, y cómo los adultos miraban a su alrededor buscando el origen de mis ataques...
Quince años de intenso odio y ejercicio. Me sentía mejor que nunca. Me alimentaba de los cadáveres decapitados y alamacenaba las cabezas bañadas en sangre en una gran presa. Un largo y sangriento trabajo... pero satisfactorio.
Y entonces llegó el gran día. Abrí la inmensa presa y me paré a observar desde el punto alto de una montaña el gran espectáculo: una cascada de sangre caía junto a las cabezas sobre el prado tiñéndolo de rojo. No quedaba nadie para valorar mi gran obra, pero al fin mis alrededores quedaron limpios...
The Reaper