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miércoles, 6 de febrero de 2008

Odio


Desarrollé mi estilo de vida ante una sociedad de hipocresía donde mis leyes las dictaba la música y la cordura de mi mente, ya que la injusticia que posee los corazones de la gente no es el estilo que atrae mis pensamientos.
Y aunque yo quisiera vivir mi propia vida sin tener que tener problemas con nadie, ellos no podían aceptarlo. Intentaron cambiarme y, al ver que no podían volverme un similar, me odiaron y rechazaron. Como zombis en masa trataron de comerse mi cerebro sin ningún reparo y dejarme tan hueco como ellos mismos. Comencé a perderme en mi locura y a odiarlos como merecían, a pesar de llegar a merecerlo también…

(Odiadme…)
Sumergido en una pesadilla eterna donde nadie me quiso salvar. Desde entonces sufro mi castigo y a todo el mundo le da igual. No podía reír, no podía llorar... Tan sólo podía mi propia sangre derramar…
Tantas veces rebuscando una verdad dentro de mi y ahora entiendo que estoy viviendo una mentira... Una mentira que me consume y me corroe hasta tal punto que vivo bajo mi desgarrador grito de dolor y odio, un odio que atormenta a la noche misma, un odio capaz de matar con el simple deseo de hacerlo...
Disfrutáis apuñalándome ya que después de todo no soy más que un defecto de la sociedad a quien le gusta perderse en el alcohol, el sexo y las drogas para olvidar sus problemas...
Cuando extendí mi mano en busca de ayuda nadie acudió, me perdí en el olvido de vuestras acusadoras mentes que me veían como un error al que debían eliminar a cualquier precio...
Mi sangre os sirve de alimento y parasitarme es vuestro vicio, es un ritual. No dudáis en aprovechar la situación para patearme y mantenerme bajo una estela de superioridad, una superioridad que aborrezco...

Vivir sin sentir, vivir siendo ahogado… ¿Cuál es el sentido de vivir cuando el opuesto te seduce con su perfección? ¿Es entonces que queréis salvarme? Irónica sería la situación cuando para salvarme he de ser torturado. Igual no entendéis que tal vez no quiera, ovejas de rebaño, por vosotros ser salvado.
Mis ojos irradian sangre y mi corazón arde en las mismísimas llamas del averno. Un paso más lejos de vosotros es un paso más cerca del cielo, donde podré ser libre... pero nunca seré libre... Mi sitio es el infierno al que me habéis condenado.
Erróneo guía del mundo, ese soy yo. Tal vez merezco lo que sufro y lo que siento por no querer ser un clon idéntico a los demás. Eso os da derecho a arrancar mi alma y celebrar el funeral de mi felicidad. Son razones que os obligan a torturarme y acabar con todo aquello que me haga sonreír. Son vuestras razones para destruir a todo aquel que trate de ser diferente, vuestro mundo os obliga a clavarme un puñal y hurgar en la herida de forma brutal e inhumana hasta tal punto que mi dolor me vuelve el ser sediento de venganza que reclamará mil cabezas desprendidas de sus cuerpos para que clavadas reposen sobre estacas.
Quiero destruir de una vez los barrotes de mi jaula y acabar con mi tormento sintiendo el sabor de mi sangre en la boca y cayendo por mis brazos mientras ciegos mis ojos están con su rojo color. Podéis acabar saciando el sadismo contenido sobre mí y gozando de la victoria ante el decaído oponente que una vez se atrevió a ser diferente. Quiero que sea escrito el guión que relata las falsas palabras que se leerán tras mi caída y que la gente piense que la culpa la tengo yo, que sepan que fui arrastrado por la ira hasta la locura y que los odié a todos como a mi mismo. Quiero que la sombra de la muerte me envuelva entre sus dulces cantos para que, cuando caiga su guadaña, pueda morir tranquilo... y soñar de nuevo…

The Blind

miércoles, 16 de enero de 2008

Sin control


Uno tras otro, los folios se acumulaban arrugados alrededor de la basura. Una pequeña lámpara iluminaba mi escritorio y la noche avanzaba mientras mis intentos por buscar esa inspiración que llevaba toda la noche ausente eran nulos. No podía dormir porque no tenía sueño y sabía que podría conciliarlo una vez escrito algo decente que me permitiese relajarme al fin.

¿Dónde se encontraba esa inspiración?

Intenté escribir otra idea que parecía aceptable pero el desarrollo fue tan pésimo que volví a comprimir otra hoja en una bola y lanzarla sin encestar en la basura.

En un nuevo intento decidí dejar la mente en blanco, ya que no podía ser creativo con mis relatos al menos podría serlo con los métodos para intentar escribirlos. Y así lo hice, deposité el bolígrafo sobre el papel y comencé a escribir sin saber exactamente las palabras que germinaban gracias al movimiento de mi brazo.

Pronto me di cuenta de que empezaba a no ser normal, ¿cómo podía escribir sin saber lo que escribía? Abrí los ojos. Mi mano volaba sobre aquel folio. Intenté parar pero no podía, era como una marioneta bajo sus hilos. Ante la inevitable situación, me puse a leer a la par que escribía. La historia hablaba de lo que ocurría ahora mismo pero con cosas raras: un chico sin control sobre su brazo escribiendo pero comenzaba a redactar su propia situación en el cuarto, habiendo un rayo fuera de la casa pero cayendo muy cercano. Me asusté al leerlo y ocurrir de verdad pero no podía dejarlo. En el relato ocurría lo mismo, y se daba cuenta de que estaba escribiendo sin control lo que ocurría pero no podía parar de leer ni escribir. La ventana se abría delante de él y el viento movía la cortina acariciando su rostro. Y mientras el suave tacto de la cortina me rozaba, seguía sin poder hacer nada distinto.

El joven se agobiaba debido a la situación y su cuarto comenzaba a cobrar vida, algún libro de la estantería caía detrás de él pero ni siquiera podía desviar la mirada para comprobarlo. La otra silla de su cuarto comenzaba a moverse cada vez más sobre sus ruedas y el miedo se había abalanzado sobre el sujetándole con fuerza. Y así me sentía yo, con el corazón palpitando a ritmo acelerado con la fuerza de un tambor. Entonces las tijeras de su mesa volaron cortándole en la mejilla y clavándose en la pared. Un chorro de sangre surgió en mi mejilla.

El relato seguía poseyéndome. Cuando leía algo ocurría al instante, incluso mi miedo avanzaba según el relato lo describía.

Los cajones comenzaron a abrirse y cerrarse, las luces se encendían y apagaban pero nada detenía al escritor. Quiso entender que su brazo no se movía solo, era él quien inconscientemente quería seguir con el relato y aunque aparentemente quisiese parar jamás habría sido capaz de hacerlo.

No había nadie en su casa pero pronto, la puerta fue golpeada con fuerza una primera vez. Y la escuché sonar. Sin volver a llamar, la puerta se abrió y al abrirse todos los objetos perdieron su vida pero se quedaron de tal manera esparcidos por el cuarto. Una figura cruzó la puerta. Mi miedo aumentaba brutalmente, ¿podría escribir sobre mi propia muerte? ¿O es que había traído a la propia muerte a mi habitación para pedir turno? La figura depositó una mano sobre su hombro y un escalofrío recorrió su espalda.

Y el chico decidió por fin desviar la mirada para mirar atrás y…

- ¿Cómo te has hecho eso en la cara?

- Ah… err… Hola mamá…

The Blind

martes, 1 de enero de 2008

El maestro inspirador

Me encontraba en mi habitación, ya entrada la noche, componiendo música. Toco en un grupo algo conocido y nos limitamos a pasárnoslo bien y hacer buenas canciones.

Llevábamos un disco y había hecho bastante ruido, con lo que nos pusimos con el segundo sin pérdida de tiempo, del cual habíamos conseguido hasta ese momento ocho temas tras un largo trabajo.

Para completar el segundo álbum no nos quedaba nada mas que una canción... pero me había quedado sin ideas. Teníamos que presentarnos en la discográfica a la mañana siguiente para grabar al fin nuestro disco... comenzaba a caer en la desesperación. ¿Dónde se había ido la magia que hacía que compusiera con aquella facilidad antaño?

Decidí dar una vuelta para despejar mis ideas, mientras tanto mis compañeros se quedaban en el local ensayando... no sabían apenas componer. Todo estaba en mis manos.

Al salir vi que había tormenta y llovía... tantas horas encerrado con los instrumentos habían hecho que no me diera cuenta. Desanimado, comencé a andar sin ningún rumbo. Todas las combinaciones de notas que se me ocurrían ya las había usado antes o no quedaban bien para mi estilo de música... se me tenía que ocurrir algo, sino toda mi carrera de músico no valdría de mucho. Era necesario volver a triunfar con nuestro segundo disco... asi nos daríamos a conocer y podríamos dar conciertos a miles de fans que vendrían a vernos... sentí un escalofrío con solo pensarlo.

Paré de andar... escuchaba en medio del constante goteo de la lluvia el sonido de una flauta. En la siguiente calle giré a la derecha. Al aproximarme podía oir mas clara la melodía... sonaba bastante bien... de hecho... podría valer para mi última canción... sentí otro escalofrío de excitación.

Me asomé a la calle y observé a un hombre sentado en el suelo. Llevaba un atuendo sencillo y el rostro quedaba semitapado por una siniestra capucha. De ésta asomaba una pequeña flauta negra, con la que tocaba ahí sentado... me fijé en que no tenía ningún recipiente en el que hecharle monedas, no estaba allí por necesidad.

La calle estaba desierta y el hombre, sin inmutarse de mi presencia, seguía tocando la misma melodía... siempre la misma. Tocaba con los ojos cerrados. Ese sonido empezó a entrar en mi cuerpo... me puse a escucharlo atentamente.

Decidí seguir su ejemplo y cerrar los ojos para concentrarme exclusivamente en el sonido, sintiendo las gotas de lluvia impactando contra mi rostro.

Sentí que me elevaba en el aire a una velocidad de vértigo... hice un esfuerzo por no abrir los ojos... sabía que era la música que, como otras veces, me llevaba como a otra dimension, donde no sentía ni el espacio ni el tiempo... El sonido armónico de la flauta se electrificó en una guitarra al mismo tiempo que la batería marca un ritmo rápido... como requería la melodía... determiné los acordes de la segunda guitarra y el ritmo constante del bajo. Comienzo a cantar en mi imaginación y la canción va cogiendo forma...

Salí del trance en cuanto terminó la canción y volví a sentir la humedad de la fría calle... abrí los ojos. Seguía lloviendo y la calle continuaba desierta... pero el hombre de la flauta había desaparecido. Comprendí al instante que aquel hombre no había estado tocando allí por casualidad... no era un hombre corriente.

Sabía que la canción no se me iba a olvidar, pero aún así me apresuré a pasarla a escrito al local, donde di la buena noticias a mis compañeros.

Estaba amaneciendo, las nubes se habían ido y, mientras nos dirijíamos a la discográfica, dije para mis adentros pensando en aquel hombre de la flauta... “Gracias... maestro...”

The Reaper