miércoles, 25 de junio de 2008

Choque de acero (Final)



(...Tres meses después...)


Acomodó su cabeza sobre mi pecho mientras murmuraba en sueños. Su perfumado olor flotaba en el ambiente, y confirmó mis deseos de lo que estaba a punto de hacer. Debía desaparecer. Mis manos silenciosas se cernieron en torno a su suave y blanquecino cuello. Se despertó.
-Acarreas demasiados sentimientos.- dije -. Me haces débil.
Me miró. No opuso resistencia. Me comprendió. Una lágrima recorrió su congestinado rostro.
Tras unos pocos minutos de incómoda agonía cayó estrangulada al suelo.
Volvía a estar sólo.
Sin siquiera darme cuenta mis pies me alejaron del lugar y se dirigieron al bosque, donde se encontraba la tumba de Faghorn. En lugar de una lápida habíamos clavado Khaira y yo en el suelo su arma de acero valyrio, que se imponía entre los árboles a pesar de que la maleza la invadía. Acaricié el hacha con las yemas de los dedos. Aún estaba afilada. Lo estaría siempre.
-Lo nuestro es luchar- susurré.
Caminé sin rumbo. Pensé en lo insensible que podía llegar a ser. Sin embargo, me sentía bien. Seguí caminando sumergido en mi insensibilidad... mi soledad.

The Reaper.
Ilusos, mis relatos nunca acaban "bien".

lunes, 16 de junio de 2008

Choque de acero (Parte V)


Me levanté de mi asiento y desenvainé con lentitud. Subí pausadamente los tres escalones que conducían a la tarima. Todos los luchadores se encontraban en torno al cadáver de Faghorn. El que se hacía llamar mano de hierro sintió mi presencia y advirtió al resto. El recepcionista y el presentador de los combates se escabulleron por la puerta. Los dejé ir. Khaira se había levantado pero no se movía de su asiento.
Cerré los ojos durante unos segundos y respiré el aire que había en la sala. Olía a muerte. Decidí que no saldría ninguno con vida. Abrí los ojos y miré a Minos, aquel que había matado a Faghorn por la espalda. Antes de darle tiempo para pestañear le corté la mitad de la cabeza. La otra mitad me la reservé para arrancarla de un puñetazo. La cabeza colgó inerte de un tendón. El primer charco de sangre llegó hasta mis pies.
Me dirigí rápidamente hacia el siguiente. Le clavé la hoja en el esternón hasta que asomó por la espalda y bajé el filo, atravesando por la mitad el estómago y los genitales. Tripas e intestinos se salieron de golpe. Dejé que se desangrara.
De pronto otro hombre se abalanzó contra mí con un hacha sobre su cabeza. Esquivé sin dificultad el golpe y le hice una segunda sonrisa roja en el cuello. Una cascada de sangre cubrió su cuerpo.
Me di la vuelta y me encontré con un tórax enorme a la altura de mi cabeza. Sin pensarlo dos veces hundí mi acero entre las costillas e hice palanca. Noté como los músculos se desgarraban y los huesos se quebraban. A través de la carne pude ver un trozo de pulmón. Me aparté con rapidez antes de que el enorme cadáver cayera encima de mí.
¡Oh!. Uno de ellos intentaba huir. Le alcancé en un segundo y le di una patada en los pies. Justo cuando cayó de boca en el suelo le di un pisotón en la cabeza y oí el quebrar de la mandíbula. Tracé un corte en línea recta a lo largo de la espalda. Introduje la mano en la herida y saqué la columna vertebral como se saca una espina de pescado. Con los huesos aún en la mano y en la otra mi catana busqué al resto.
Quedaban un par de ellos. Me dirigí hacia uno y le corté en dos. El último intentó huir a la desesperada. Antes de llegar a la puerta el filo de mi acero le asomó por la nuez.
Una vez que el cuerpo cayó al suelo solté mi catana y me agaché sobre él. Comencé a dar golpes sobre el cráneo ensangrentado con los puños. Maldije a toda la humanidad mientras aplastaba a la asquerosa masa cerebral que salpicaba mi rostro. Grité y grité mientras los nudillos me sangraban en carne viva y la cabeza de aquel hombre se reducía a puré.
Noté las manos de Khaira que agarraban mis hombros y me separaban del mar de sangre que reinaba a mi alrededor. Luché por liberarme para seguir machacando a aquellos cadáveres.
-¡Basta ya!- gritó Khaira mientras me cogía de los hombros y pegaba su rostro al mío. Tenía los ojos llorosos- ¡Ya están muertos Souka!¡Se acabó! Ya se acabó...- su voz se quebró.
Recobré la compostura. Observé la masacre que había creado. La tarima de combate, antes blanca, ahora era una fuente de sangre que caía con elegancia por los bordes. Cadáveres deformados yacían empapados de sangre en medio de un silencio sepulcral, roto por el sonido de la sangre caer como cualquier día de lluvia.
-Vayamos fuera- dije.
Khaira se había vendado con habilidad la herida del hombro. No parecía nada grave. Andamos hasta un río y allí nos lavamos la caras y manos ensangrentadas.. La verdad es que yo necesitaría introducirme por completo en el agua porque estaba cubierto de sangre. Estaba pensando en esto cuando de pronto Khaira me cogió el rostro con las manos y depositó un suave y húmedo beso sobre mis labios.
En cuanto se separó y me miró con esos ojos azul vidrioso bajó la mirada a modo de disculpa.
-Llevo mucho tiempo esperando este momento, Souka.
Me levanté y no dije nada. Miré al río. Khaira no aguantó demasiado mi silencio.
-Podrías decir algo...- sonrió con timidez.
-Nunca he sentido nada por nadie.- me limité a decir con tono imperturbable-. Me gusta estar sólo.
-¿Y qué hay de Faghorn?.- inquirió con los brazos en jarras.
-Faghorn ha sido mi único amigo. Lo único que tenía... y me lo han quitado- dije con pesar.
Khaira posó con suavidad su mano sobre mi hombro para consolarme. -No necesito consuelo- pensé.
-Si no sientes nada por mí...- dijo en voz baja- al menos déjame ir contigo.
Di media vuelta y caminé por donde habíamos venido.
-Está bien.
Khaira sonrió y me dio un rápido beso en la mejilla.
-¿Vas a dejar de besarme?- dije sin poder contener una sonrisa.
-Puede- bromeó mientras me daba otro beso juguetón.
-En fin...- suspiré para mis adentros.
-Hemos de enterrar a Faghorn ¿no crees?- me dijo poniéndose seria de nuevo.
No respondí de inmediato.
-Sí, vayamos.

(...)

Fin

The Reaper

viernes, 13 de junio de 2008

Choque de acero (Parte IV)


-Interesante- susurré.
Palpé mi mejilla y observé con curiosidad la sangre que empapaba las yemas de mis dedos. Cerré el puño con fuerza en torno a la empuñadura y adopté una pose de ataque.Los aceros volvieron a fundirse en una traca de choques y destellos metálicos. Esta vez me tocaba atacar a mí. Conforme luchábamos a una velocidad vertiginosa, podía notar que Khaira no aguantaba mi ritmo todo el rato, por lo que de vez en cuando le fallaban las piernas y se veía obligada a dar un salto hacia atrás para esquivarme.
Tomé control del combate. Aumenté la velocidad de mis movimientos una vez más, hasta tal punto que las estocadas de Khaira me parecían lentas y torpes.
Khaira dirigió su catana hacia mí con todas sus fuerzas, pero conseguí esquivarla agachándome rápidamente, oí el cortar del aire justo por encima de mi cabeza. En ese preciso instante apoyé una mano en el suelo y derribé a Khaira de una patada en la espinilla. La catana se resbaló de sus manos y, una vez que quedó tendida en el suelo, hundí mi hoja en su hombro, atravesando la clavícula hasta llegar al suelo.
El grito de dolor pareció desgarrar su garganta. Extraje el acero con suavidad y lo envainé a mi espalda.
Me levanté y di media vuelta dispuesto a volver a mi asiento cuando de pronto oí mascullar:
-¿A dónde vas?- me volví- Aún puedo luchar.
Hizo acopio de sus fuerzas y me lanzó el puñal. Lo detuve con dos dedos a unos milímetros de mi entrecejo. Khaira intentó coger su catana, pero apenas le respondía el brazo para apretar la mano, y mucho menos para luchar.
-Estás fuera de combate.- Me acerqué y le devolví el puñal con la empuñadura mirando hacia ella-. Ha sido el mejor combate de toda mi vida, ha sido un placer haber luchado contra ti- le confié.
La expresión de Khaira cambió. No se molestó en ocultar su sorpresa. Alargó el brazo para tomar el puñal y se levantó.
-El placer ha sido mío.- sonrió-. Pero no te confíes... la próxima vez te machacaré.
Khaira lanzó de nuevo el puñal, que me pasó por encima del hombro y fue a clavarse en la pared, a un milímetro de la oreja del presentador de los combates, que se despertó de un brinco.
-Armgajam- masculló volviendo de sus sueños.- Bueno...- bostezó y caminó hacia la tarima- veo que ya habéis termina... ¡joder!- exclamó- ¡Me habéis dejado esto hecho un asco!.
Buscó con la mirada al recepcionista.
-¡Tú!- señaló- ¡Límpialo!.
En cuanto me senté, Faghorn se inclinó hacia mí.
-¿Sabes?. Estás más guapo con la cara ensangrentada.- sonrió con aquel toque macabro de siempre.
Una voz resacosa anunció el siguiente combate. Faghorn alzó la cabeza para prestar atención.
-Minos, el guerrero- leyó- contra Faghorn, la roca de acero.
-¡Al fin!- rugió.
Faghorn se levantó y subió de un salto a la tarima mientras se llevaba las manos a la espalda y hacía chocar su increíble hacha contra el suelo.
El hombre llamado Minos se levantó. Era corpulento, aunque no tanto como Faghorn. Sus armas eran simples: un escudo y una espada. -Demasiado simples- pensé. Y efectivamente, bajo una muñequera de cuero negro alcancé a ver un destello plateado que probablemente era un disco dentado. Esperé que Faghorn también se diera cuenta.
Como era de esperar, el escudo se hizo añicos al primer ataque de Faghorn. Hay que decir que Minos hizo bien al esquivarle continuamente, pero no aguantaría mucho. El hacha acabó por alcanzarle y le desarmó con tal violencia que Minos voló por los aires y cayó fuera de la tarima..
Faghorn se dio la vuelta y alzó los brazos celebrando la victoria, mientras que Minos se llevaba la mano a la muñequera para atacarle por la espalda. Quise advertirle del peligro, pero no era mi combate, sino el suyo.
El disco cortó el aire como una bala y le atravesó el pecho.
Me quedé sin aliento. Eso le habría alcanzado al corazón. Faghorn cayó de rodillas y tosió sangre.
Me miró. Dejó asomar una leve sonrisa, que ya no era macabra, sino amistosa. Su despedida.
Cayó al suelo. Muerto.
Minos comenzó una carcajada a la que se fueron sumando progresivamente los demás, salvo Khaira, que observaba la escena. El más temido había sido derrotado, en ese instante fue cuando me di cuenta de lo tanto que le aborrecían. -No le conocían.- pensé con tristeza mientras todos los hombres de la sala se burlaban y pateaban su cabeza. Faghorn se había criado en Svalbard: Las montañas habitadas por los más fieros hombres, donde no existe otra ley que la supervivencia... el vivir para matar. Allí lo único que importa es el amor a la sangre. A pesar de todo Faghorn había conseguido salir de ese mundo y consiguió hacerse más humano por así decirlo... Eso sí, demostraba su cariño a su manera. Sonreí al recordar su sonrisa macabra, sus puñetazos a modo de caricias, sus continuas bromas...
-¿Sabes?. Estás más guapo con la cara ensangrentada- resonó en mi cabeza.
Sonreí. Se me hizo un nudo en la garganta.
Ahora su cuerpo cubierto por innumerables cicatrices estaba siendo pateado y escupido... mi único amigo.
-Faghorn... amigo... ya tengo una razón para matar.
Me levanté de mi asiento y desenvainé con lentitud.

The Reaper

lunes, 9 de junio de 2008

Asesinato de la Luna

Lágrimas caen esta noche
un terrible crimen se ha dado
y la sangre la noche acoje
a la Luna han asesinado

Y como en una pesadilla
todo el mar de sangre se llena
y la gente al cielo le grita
el apocalipsis espera.

Los poetas no tienen musa
el arte murió en el olvido
la inspiración es simple y nula
y toda esperanza ha partido

...




The Blind

miércoles, 4 de junio de 2008

Poeta desviado


¿Por qué siempre hablan poetas
de un amor que desvaría
que se clava tal que astilla
la dolorosa saeta?

Tal vez, si a todos ellos
les gusta pasar mil penas
merezcan ser como hienas
que de amor buscan destellos.

Pues yo planto mi estandarte
en el más oscuro estilo
por eso con sangre escribo
tétricos versos de mi arte.




The Blind

viernes, 30 de mayo de 2008

Choque de acero (Parte III)


Faghorn me arrastró hasta la entrada y nos topamos con un recepcionista sumergido entre montones de papeles.
-No se puede pasar, las plazas se agotaron hace varios días.
Se hizo el silencio durante unos segundos. Miré divertido a Faghorn.
-¿Cómo?- inquirió éste.
-Ya te lo he dicho- respondió el recepcionista sin levantar la vista de los papeles- No hay plazas. Lárgate.
El hacha partió la mesa en dos con un brusco crujido. El hombre se cayó de la silla del susto. Levantó la mirada hacia nosotros al fin.
-¡Por los dioses!, ¡Pero si sois Faghorn y Souka!- se levantó torpemente. Intentaba incorporarse y hacernos reverencias a modo de disculpa al mismo tiempo, en ambos casos el resultado era pésimo.
Una vez que lo hubo conseguido nos indicó el camino que conducía a la sala de combate. Dicha sala era circular y estaba iluminada por unas antorchas colgadas de cadenas plateadas a lo largo de la pared. En el centro había una tarima blanca con forma circular de unos diez metros de diámetro, a la cual se podía subir por ocho escaleras de tres escalones cada una. Las escaleras descendían hasta las sillas de los luchadores, aunque más que sillas parecían tronos. Los ocho estaban ocupados.
Temí que Faghorn matara a dos de los combatientes para hacernos un sitio, pero para mi sorpresa todos los hombres se levantaron al instante para cedernos su lugar... todos los hombres, salvo una mujer que se quedó sentada. Nos miraba desafiante, como diciendo que de allí no se movería sólo porque hayamos aparecido nosotros. Me gustó aquel gesto. También me gustó que una mujer fuera capaz de hallarse entre los ocho mejores luchadores de la villa, cosa no muy común. Me senté a su lado.
Sobre la tarima había un hombre bajito y rechoncho, que debía ser el organizador del torneo. Tenía el pelo enmarañado y ojos ojerosos. Sostenía un palillo en la boca que no paraba de mover entre los dientes.
-¿Y bien?- inquirió con tono aburrido.
En ese momento el recepcionista subió a la tarima y le susurró algo al oído.
-No te jode...- masculló- Está bien- sacó una bolsita del bolsillo, de la que extrajo dos papelitos doblados y los sustituyó por los que el recepcionista le ofrecía- Maegor, el lobo, y Random, la mano de hierro, ceden su lugar en este torneo a Faghorn, la roca de acero, y a Souka, el destello blanco- anunció.
-¿Podemos quedarnos a presenciar el combate?- preguntó el que se hacía llamar mano de hierro.
-Por mí como si os la cascáis- respondió entre las risas de los luchadores- ¿me dejáis empezar ya o no?.
Se quedó un momento callado, como si se le hubiese olvidado algo.
-¡Tú!- se dirigió al recepcionista- coge dos papeles de la bolsa- ordenó como si fuera su perro.
-¿Porqué yo?.
-Porque así te podemos echar la culpa si sale un combate aburrido- provocó más risas de nuevo.
El recepcionista se puso rojo como un tomate pero accedió. Metió la mano en la bolsa y sacó dos papelitos.-Vaya gran torneo- pensé con ironía. Faghorn temblaba de impaciencia a mi lado.
-Khaira, la dama de la muerte- leyó- contra Souka, el destello blanco. Las reglas son simples: quien muera, quede fuera de combate o se rinda... pierde.
Miré a la dama de la muerte. Había oído hablar de ella: se decía que su acero cortaba con extraña suavidad y elegancia y que con sus movimientos la muerte se convertía en algo dulce.
Nos miramos durante un momento antes de levantarnos. Llevaba el pelo recogido y dos mechones de cabello negro le caían sobre el rostro. Tenía unos ojos azul vidrioso, que dejaban ver una mirada segura y atractiva. Vestía con prendas de cuero y tela azulada, quedando los hombros al descubierto. Asomaba sobre su hombro la empuñadura de una catana que llevaba a la espalda.
Subimos ambos a la tarima. Nuestro caminar era tan silencioso que podía oír la respiración de los allí presentes.
Khaira desenvainó la catana con suavidad. -Es silenciosa... y paciente... no debo subestimarla- pensé. Desenvainé mi hoja. Levantó su filo por encima de su cabeza con una pose elegante y temeraria al mismo tiempo.
Las armas chocaron con increíble rapidez. Khaira tenía mucha fuerza en los brazos a pesar de aparentar lo contrario. Peleaba con una velocidad increíble. Las estocadas me caían como una lluvia de flechas a la cabeza, al costado... por todas partes. No se oía sonido alguno que revelara su siguiente movimiento, tan sólo se oía el eterno chocar del acero.
Pronto comencé a acostumbrarme a sus movimientos y empecé a presionarla ganando terreno, obligándola a retroceder y girar en círculos. Tuve mi oportunidad cuando ella alargó el brazo y se inclinó hacia delante. Me hice a un lado con rapidez e hice una floritura con mi hoja que desarmó a mi oponente. En el momento en el que iba a separar la catana caída, ella se llevó una mano a la espinilla y sacó como una centella un puñal que dirigió contra mi cabeza. Aquello me pilló por sorpresa y por poco no lo cuento. Me hizo un corte en la mejilla.
Khaira saltó con asombrosa agilidad y cayó de cuclillas junto a su catana. Tenía los ojos muy abiertos. Era la primera vez que me hacían una herida.
Sonreí. Pude ver un destello de temor en los ojos azules de Khaira, pero desapareció al instante y se puso en pie, adoptando la misma pose que en un principio.
-Interesante- susurré.

The Reaper

sábado, 24 de mayo de 2008

Choque de acero (Parte II)


-Acepto.
Se hizo el silencio absoluto. Tan sólo se oía el furioso viento que comenzó a soplar, ondeando las ropas de los allí presentes, y la entrecortada respiración de Faghorn, que no se molestó en ocultar su sorpresa.
Se acercó un hombre y se puso delante de mí. Me evaluó con la mirada.
-¿Estás seguro chico?- preguntó en tono burlón.
Hubo un destello. De pronto el hombre se encontró con el filo de mi hoja en el cuello, una gota de sangre se deslizó con timidez hasta la nuez.
-Dame un motivo- dije sin levantar la voz- y te enseñaré a respetarme.
El público comenzó a exclamar conmocionado.
-¡Es rápido!.
-¡Ya lo creo!.
Pronto empezaron a gritar.
-¡Deja que luche!.
-¡Que comience el combate!.
Bajé la catana. El hombre espiró aliviado. Una película de sudor cubría su rostro.
-Está bien, ¿cómo te llamas?.
-Souka.
-Muy bien- dijo elevando la voz y volviéndose hacia el público- Presenciamos aquí y ahora el siguiente combate: Faghorn, la roca de acero, contra Souka... el destello blanco.
El clamor del público retumbó en el aire. Faghorn se abalanzó hacia mí con el hacha por encima de su cabeza con la misma furia que un perro rabioso, dispuesto a vencerme de un solo golpe. Me mantuve inmóvil hasta que estuvo a un metro de mí. Me hice a un lado con rapidez y le hice tropezar con la pierna. Cayó bruscamente al suelo pedregoso y se levantó al instante mascullando maldiciones.
Esta vez me atacó de forma más prudente, aunque no por ello obtuvo mejor resultado. El filo del hacha cortaba el aire mientras que yo esquivaba siempre en el último momento todos los golpes. Faghorn comenzó a desesperarse.
-¡Deja de huir maldito! ¡Ven y deja que te arregle esa carita tan preciosa que tienes!.
Dejé que me atacara una vez más y le hice un profundo corte en la mano con la que sujetaba el hacha, que cayó al suelo. Antes de que él mismo se diera cuenta, yo ya había saltado sobre sus hombros y le había alzado la cabeza con una mano, mientras que con la otra sujetaba el filo de mi catana contra su cuello.
Se hizo el silencio de nuevo. Pude notar que todos contenían la respiración, esperando el corte final.
En cuanto Faghorn cayó en la cuenta de que había perdido, levantó los ojos hacia mí y sonrió.
-No me esperaba esto de ti, chico.- se rió- el combate es tuyo.
Envainé la catana y salté con agilidad al suelo.
Aún podía recordar los vítores y aplausos que recibí cuando gané el combate. Faghorn me elevó con un brazo como se eleva a una simple pluma y me sentó sobre su hombro mientras que con el otro brazo alzaba el hacha ensangrentada del anterior combate. A mi no me había hecho ningún rasguño.
-¡Souka! ¿Me estás escuchando?.
Volví a la realidad con un respingo.
-No.
-Pues escúchame porque quizá esto te interese- dijo mientras señalaba hacia mi derecha- ¿qué te parece?.
Me volví hacia donde señalaba, una puerta bajo un letrero que decía: “Gran torneo de luchadores de alto nivel”, escrito con lo que parecía sangre. No respondí de inmediato. A mi no me apetecía pero sabía de sobra que era un evento demasiado tentador para Faghorn.
-Está bien- suspiré- pero sólo lucharé si es necesario.
Me cogió de un brazo y me arrastró consigo.
-Vamos, vamos, puedo sentir la sangre desde aquí- su vena del cráneo volvió a dilatarse.
-En fin...- sonreí a pesar de todo.


The Reaper

miércoles, 21 de mayo de 2008

Luna Llena, bebe mi sangre


Una musa inspiró mis versos

Que ahora yacen olvidados

Quiero encenderlos y no entiendo

Cómo de mi mente han volado.


Duerme ella, soñando en su cuna

Ignorando todo ser vivo

Y que, como a una antigua runa

Deja caer en el olvido


Y dime por qué tú, intangible

No escuchas el grito del alma

Que un ingenuo deseo pide

Y tan gloriosamente te alzas.


Haz merced de todas mis súplicas

Al cumplirlas en un instante

Y al fin, tu decisión aplica

Luna Llena, bebe mi sangre.




The Blind

sábado, 17 de mayo de 2008

Choque de acero (Parte I)


-¡¿Pero tú estás viendo eso?!- dijo abriendo los ojos como platos- ¡que me está mirando mal tío, que lo mato, que lo mato!- la vena de la sien se dilató por cuarta vez en el día de hoy.
-¿Puedes estarte tranquilo aunque sea unos minutos?- dije con tono aburrido- nadie te está mirando.
Y era cierto. La gente que caminaba por la calle bajaba la mirada en cuanto veía a Faghorn, con su enorme hacha de acero valyrio colgando de su musculosa espalda, sujeta por una pesada cadena ceñida al pecho. La cabellera negra le caía sobre los hombros y unos mechones llegaban hasta los ojos inyectados en sangre. Y ahora soltaba una carcajada.
-Sabes que no, Souka, ¿es que acaso tú nunca tienes ganas de matar?.
-Yo mato por algún motivo.- sonreí-. Tú en cambio, no tienes ningún control sobre ti mismo.
-Siempre estás igual: que si mato por esto, que si mato por esto otro... ¿porqué no te limitas a matar y ya está?- sin esperar respuesta continuó- Nunca os entenderé. ¿Un motivo para matar?. Menuda estupidez.
-Cuida tus palabras, podrían convertirse en motivo suficiente para matarte aquí mismo.
-Tiemblo de miedo- tronó en otra de sus características carcajadas- me temo que no tienes por donde empezar con ese palo de hojalata-. Sin embargo, no hizo movimiento alguno.
Yo sabía que Faghorn no se enfrentaría a mí. Aparte de que éramos buenos amigos, nos conocimos entre una multitud de gente que se reunía para organizar combates entre sí. Los mejores luchadores de las villas cercanas venían en tropel para presenciar o participar en la matanza.
Por supuesto, Faghorn se encontraba en el centro del círculo que formaba el público y derrotaba a los que se atrevían a enfrentarse a él uno a uno. Sus ojos inyectados en sangre le daban un aire de loco y su cuerpo ensangrentado parecía no sentir las heridas. Un hombre corpulento con unos brazos como mazas se enfrentó a él. Sostenía en sus manos una cadena con duras bolas de acero en los extremos. La zarandeaba por encima de su cabeza y alargaba el brazo con rapidez. Faghorn la esquivaba y la paraba con su hacha a duras penas. A decir verdad parecía que tenía el combate perdido. Pero pronto se cansó y dio un brusco hachazo a la bola del tamaño de su cráneo. Se oyó el chocar del metal y un grito encolerizado. El filo del hacha quedó hundido en el entrecejo del contrincante, provocando que la sangre empapara su cara congestionada con los ojos en blanco.
Sonreí divertido ante la rabia que desprendía Faghorn. Ya nadie se adelantaba a luchar contra él.
-¡Eh tú!- me miró- ¿de qué te ríes?, ¿de mí?, ¿de mí? ¿Quieres que te mate o qué?.
No dejé de sonreír, lo que provocó que se enfadara aún más.
-¡Te reto a un combate!¡Voy a abrirte la jodida cabeza!.
La multitud que se encontraba expectante se escandalizó.
-¡No puedes luchar contra él!- gritaban.
-Es un tirillas.
-¡No duraría ni un segundo!.
Me llevé la mano a la espalda y saqué mi catana. El sonido del acero deslizarse de su funda hizo callar a todos.
Clavé la mirada en mi contrincante.
-Acepto.


The Reaper

martes, 13 de mayo de 2008

Desde el amor a la muerte

Todo comenzó con el amor. Dicen que el amor es el mayor pilar de la vida, la base de la felicidad. Si no lo posees no tienes nada, estás muerto por dentro.

¡Calumnias!

Una vez sentí algo semejante por una chica. Es curioso, parece que ya me contradigo al empezar con esta preciosa historia, pero realmente ese sentimiento acabó conmigo. Empecemos pues:

El caso es que me enamoré de una chica llamada Sofía (lectores, siento repetir nombre). Era por todo y nada, no sabría especificar algo que me gustase de ella pero me volvía completamente loco con solo verla. Nos habíamos conocido de casualidad en verano y no vivía lejos de mi casa por lo cual era fácil quedar con ella, aunque normalmente estaba acompañada. La relación de amistad había avanzado de manera óptima y creo que notó que me gustaba antes de que yo mismo lo supiera.

Una noche nos quedamos casualmente ella y yo solos –luego me enteré de que así se lo había pedido al resto-. Estuvimos tonteando mediante preguntas cada vez algo más íntimas y poco a poco sentía que el momento de lanzarse iba a llegar. Ella se relajó y disimuladamente dejo que se viera más de lo que se debería para calentar el momento en el que nos encontrábamos. Con el valor reunido, me acerqué para besarla y, al ver que me disponía a ello, me frenó. Me dijo sonriendo que había sido un buen fetiche durante este tiempo y que ahora sabía de sobra que podía manipular al tío que quisiera y como le diera la gana. Y ante mi cara de asombro se fue tan campante a reunirse con sus amigos/as que estaban partiéndose el culo dejándome ahí como a un imbécil.

Días… incluso semanas pasé sumido en una depresión de la que no podía salir. Un desengaño devastador había explotado en mi cabeza y ahora no podía hacer nada para remediarlo. Las veces que intenté hablar con ella me evitaba a sus amigos se ponían por medio para que no la alcanzase. Poco a poco el sentimiento de depresión por la traición se fue transformando en rencor y odio. Primero empecé a concienciarme de que no quería una chica así, que no estaba hecha para mí y que era mejor aceptarlo y pasar página que haber llegado a algo con ella y haber salido mal. A pesar de lo que me había hecho me costó pensar en ella como lo que realmente era y buscaba alguna razón que pudiera exculparla pero, tras dar por absurdo que la hubieran amenazado finalmente terminé de entender que ella no era la buena chica que aparentaba ser. Esa zorra me había utilizado como a una marioneta y me había ridiculizado. Mi odio se fue alimentando por haber sido manipulado de esa forma, por haber caído como un estúpido. Y entonces comencé a preparar mi venganza…

Me posicioné en una casa abandonada a las afueras donde nadie iba y compré e ideé objetos de tortura suficientes como para matar de dolor a las 666 legiones del infierno con sus 666 tropas cada una. También forré la “habitación de juegos” con materiales aislantes del ruido. No me venía bien que se escucharan gritos.

Una bonita noche de fin de semana en que las estrellas brillaban, a ella se le había hecho tarde calentando tíos en una discoteca y tenía que volver a casa. Le puse rápidamente un pañuelo con cloroformo en la nariz y perdió el conocimiento. Me escondí con ella entre las sombras y la llevé al lugar donde mi venganza se llevaría a cabo.

Cuando despertó estaba atada de pies y manos sobre una mesa. No le tapé la boca con nada porque quería oírla sufrir y allí nadie la escucharía. Ignoré todo lo que balbuceaba pidiéndome perdón y le puse un guante de hierro en la mano que le dejó los dedos estirados e inmovilizados pero dejando un agujero en la punta para poner en práctica un invento mío. Le cogí de la mano y empecé a girar en su dedo algo parecido a un sacacorchos pero más ancho por el centro. El invento penetraba en su dedo desgarrando toda la carne y dejando en medio atrapado el hueso. Ella gritaba de dolor provocándome una satisfacción indescriptible. Fue entonces cuando golpeé el “sacacorchos” y rompí el hueso de su dedo desatando un alarido aún mayor arranqué su dedo y quemé la herida para que no sangrase pues no podía dejar que muriese desangrada (aún…). Lo hice con todos los dedos de sus dos manos, satisfecho, pues era curioso que pudiese aguantar tanto dolor sin desmayarse siquiera. ¿Tal vez era porque le había inyectado las drogas apropiadas para ello? Eran muy buenas porque estas no te quitaban el dolor.

Lo siguiente fue coger un hierro al rojo vivo con forma de estrella de cinco puntas y marcarle como si de ganado se tratase. La única diferencia es que al ganado no se le marcan múltiples veces riendo sádicamente. En la cara, brazos, piernas,… Era espeluznante ver tantas quemaduras.

Pude ver que cerraba los ojos cuando le torturaba. Eso no me pareció bien así que le arranqué los párpados cogiéndolos con unas tenazas y cortándolos con un machete que tenía por ahí. Sus ojos ahora no podrían volver a cerrarse pero el problema era que igual ahora la sangre le nublaba la vista un poco. Le puse un apoyo bajo la cabeza y se la inmovilicé también para que estuviese obligada a mirar hacia donde llegaba el arma asesina. Vería finalizar su vida.

Pensé en serrarle el cuerpo en dos pero me parecía demasiado mítico. Además, podía utilizar otro objeto que recordaba a la pera (instrumento de tortura que se introducía por el recto y se abría una vez dentro) pero que era más bestia porque aunque fuese del mismo estilo, llegaba mucho más allá.

Era como un palo de hierro con otros muchos más finos colgados de la punta. Plegado era igual que un paraguas sin tela. Lo introduje bruscamente por sus genitales atravesando todo cuanto había por medio. Los palos que colgaban del mayor estaban cogidos por cadenas en el borde que sobresalía. Solo tuve que dar a un botón y las cadenas tiraron de los palos hacia fuera desperdigando todos sus órganos vitales por la habitación y manchando todo de sangre.

Había sido una noche divertida pero como no había dormido nada, limpié un poco y me fui a casa bostezando. Me sentía animado a pesar de todo por haber comenzado con la carnicería.


En los meses siguientes probé nuevas torturas con cada uno de sus amigos.

The Blind

martes, 6 de mayo de 2008

Interrupción

Bueno, el primo de momento no puede escribir más debido a sus exámenes. Por mi parte me quedan apenas un par de cosas sin colgar y no podré escribir en un tiempo (y si lo hago no se como). Llevo un curso que me ha quedado muy complicado para el final y si no me pongo a hacer nada no lo saco... y me parece que tengo que hacer mucho...

En fin, ya colgaré lo que sea que tenga. De momento podeis deleitaros con lo siguiente:












The Blind

sábado, 3 de mayo de 2008

¡He encontrado la forma de morir!

Testamento de un inmortal



Sólo yo he llegado más lejos que nadie en el camino de la inmortalidad. Sólo yo he conseguido abrir la entrada al mundo oscuro donde ningún mortal conseguirá entrar. Sólo yo he portado la guadaña forjada del inframundo con la que los demás solo podrán soñar. Sólo yo he forzado al extremo el sonido hasta tal punto que nadie lo ha logrado escuchar. Sólo yo he explorado los profundos abismos de la música que nadie ha sabido valorar. Sólo yo no me avergüenzo de grabar con mi sangre este relato que no muchos entenderán. Pero tras este ficticio final, estoy seguro de que todos me recordarán...

Volveré


The Reaper

viernes, 2 de mayo de 2008

Entre las llamas del pecado



Yo era el diablo en persona. Siempre que podía pecaba tanto cuanto podía y, tanto pecado había vivido antes, que se me podría considerar el octavo de ellos. Sólo la acumulación de pecados me impedían incumplir otro. A veces había llegado a no matar a alguien por la pereza de moverme.

Todos los periódicos hablaban de mí. La policía me perseguía en innumerables países, pero nunca habían logrado una imagen o un testigo que pudiese dar descripción del asesino que yo era. Lo único que sabían era que mataba con una espada, lo cual era lógico al ver a mis víctimas cortadas en pedazos. Igualmente, la llevaba siempre a la espalda un poco oculta y, aunque la espada medía dos metros, nadie se percataba de que existía.

Normalmente me gustaba asaltar una casa y atar a la víctima. Después tumbarme en el sofá a escuchar su tormento tras haberle herido, como si estuviese en una tumbona en la playa con el susurro del mar; me relajaba. Además, si dejaban de gemir les pinchaba con la espada diciendo “¡Sigue gritando, estúpido!”. También me gustaba asaltar familias. Con una sola acción partía al padre en dos por la cintura y empujaba la parte de arriba para verlo caer al suelo. Su mujer alcanzaba el mismo destino. Luego mataba a sus hijos aplastándoles la cabeza con una mano si eran pequeños. ¡Cómo me gustaba sentir sus sesos escurriéndose entre mis dedos! Finalmente asaltaba la despensa de la casa, es lógico que den de comer a un invitado.

Actualmente incluso debo tener un club de fans que quieren ser como yo. El problema es que son unos torpes y mal organizados y me confunden con un satánico. Yo no hago rituales satánicos, solo mato. Algún día tal vez podría adiestrarlos yo mismo y sembrar el caos a nivel mundial pero creo que nadie podría alcanzar mi nivel.

Y ahora me encuentro en un parque, sentado, mirando a los niños jugar felices con una pelota. Y tienen la mala suerte de que su pelota llega a mis pies. Cuando vienen a pedírmela la cojo y me levanto. Los niños de repente se acojonan al ver a un tío completamente de negro y cara de pocos amigos. Pero aún así uno se adelantó para hablar.

- Señor, ¿podría devolvernos la pelota? –dijo con timidez.

Lo miro con desprecio y exploto la pelota con una mano. La cara de los niños cambia. Han perdido esa apariencia de inocentes que tenían un momento antes.

- ¡La has cagado tío! –dice el que ha hablado antes mientras comienzan a sacar navajas e incluso un machete- ¿Conoces a ese brutal asesino? ¡Pues formamos parte de su club de fans! Vas a morir…

Suelto una carcajada ante la situación tan estúpida de tener unos niños que no llegan a tener diez años y me idolatran. Si supieran quien soy… No importa, me llevo la mano a la espalda. De un mandoble se queda mi espada incrustada en la cabeza del niño. Suelto la espada con el niño, aunque muerto, de pie. Me peino un poco y, antes de que el niño muerto caiga al suelo, se la arranco provocando que un chorro de sangre vuele por el aire. Aspersor de sangre suelo llamar a ese efecto. Los otros niños han comenzado ya su carrera. Me dispongo a ir a por ellos pero aparece un tipo con alas blancas bajando del cielo. Resulta un poco desconcertante pero me detengo.

- Saludos, futuro cadáver –dije burlón-. No has debido interponerte.

- Soy un ángel enviado por el Señor –dijo con tono serio desenfundando una espada-. He venido a poner fin a tus pecados, demonio.

- ¿Mis pecados? Digamos que bajo mi punto de vista hago lo correcto, pero continúa…

- ¡Tú estás muerto por dentro! Tu belleza interior murió con tu alma y estás arrastrando contigo incluso a niños como esos. Pondré fin a tus males.

- La única belleza interior que conozco es la de las entrañas, ¡pero dejemos que hablen las espadas, pues no lograrás cortarme con el filo de tu lengua!

Entonces comienza nuestra pelea a muerte. Sufrimos ambos varios cortes en nuestra larga pelea pero no por ello nos detenemos. Además a mi no me importa el dolor, la batalla lo merece y está bien que alguien pueda plantarte cara (mínimamente).

En un momento dado, hago una finta perfecta y le atravieso el estómago con mi espada. Suelta la suya, que produce un sonido metálico al chocar contra el suelo. La sangre le sale a borbotones por la boca (y la barriga).

- ¿Quieres ver tu belleza interior, pequeño angelito? - ¡Veámosla!

Subo la espada y le abro en canal inclinándole la cabeza para que lo vea en directo. También le grito que era verdad lo de su belleza interior mientras me río como un loco. Y paro. Le saco la espada y le dejo caer al suelo a desangrarse. Siento una corrosiva envidia por dentro…

Inmediatamente me atravieso y me abro a mi mismo las tripas. El dolor no importa. Cojo de la piel y tiro a los lados para poder ver bien. Y es en mi último suspiro cuando se nublan mis ojos que logro decir:

- Te equivocabas, ángel. Mi belleza interior supera a la tuya…


The Blind



Un regalito:


martes, 29 de abril de 2008

Parodia a CoB


Nos dirigíamos mi primo y yo al esperado concierto de Children. Tocaban en Estocolmo y como no teníamos suficiente dinero decidimos ir andando (nos lo habíamos gastado absolutamente todo en camisetas, muñequeras...).

Llegamos allí y todo el mundo estaba gritando palabras incomprensibles para mí. El inglés no es mi fuerte, y temía que el de mi primo tampoco lo fuese. Nos dirigimos hacia la explanada en la que tendría lugar el concierto e hicimos una breve cola. Cuando nos tocó nuestro turno nos encontramos al puerta. Era un hombre de unos dos metros de altura y similar medida de anchura. No cabía en sí tanto músculo. El grosor de su cuello superaba con creces el tamaño de su cabeza melenuda. Pero como llevaba una camiseta de Children no nos importó demasiado. Era de los nuestros. El caso es que nos quería cobrar los diez mil euros de entrada y le explicamos que nuestro dinero se lo había comido el lobo de mi primo. No pareció muy convencido y observé acojonado que comenzaba a apretar los puños. Lo resolvimos sobornándole con una copia del dvd del concierto (el cual aún no había empezado). Mi primo me miró con desconcierto, pero yo sabía que sus músculos debían estar inversamente proporcionados con su cerebro. Y así fue, el puerta (nos enteramos de que se llamaba “metal”) se dio por satisfecho con su “dvd” y pasamos sin problemas.

Unos kilómetros mas adelante se podía divisar cómo la multitud se comenzaba a reunir para el momento. Me pregunté por qué habría tanta distancia entre la entrada y el escenario. Se lo comenté a mi primo y me respondió que probablemente se llenaría todo por completo. Por nuestra parte estábamos hasta los cojones de andar y todavía había que esperar unas seis horas. Nos pareció una agresión a nuestro natural instinto de vaguería. Así que nos tumbamos ahí en medio. La gente no nos pisaba porque éramos demasiado heavies (me enteré, culpable: mi ignorancia, que esta palabra no hace falta escribirla con mayúscula porque resalta por sí sola). Para nuestra sorpresa todo el mundo siguió nuestro ejemplo. Cada persona que entraba se tumbaba en el suelo (esto luego nos sirvió porque al levantarnos teníamos mas espacio). Metal (el puerta) decidió quitar las vallas y que se uniera todo cristo que quisiese: el resultado fue que antes de comenzar el concierto se encontraban 666000 millones de personas tendidas en la explanada roncando al unísono... me pregunté en mis sueños si aquellos ronquidos podrían considerarse música...

Nos despertamos al mismo tiempo por un rugido atronador de Alexi Laiho. Lo primero que nos gritó fue que se lamentaba de no haber llegado un par de horas antes para echar con nosotros una cabezadita. Respondimos alzando los cuernos (gritando, saltando... etc.). Una chica que saltaba a nuestro lado de desmayó de la emoción y cayó sobre nosotros (cabe decir que estaba muy bien dotada). Sin pensarlo dos veces, mi primo y yo la despertamos a base de puñetazos. La chica abrió los ojos, confusa, y nos dio las gracias. Observé que la chicha miraba de reojo a mi primo. El sol se puso. Las nubes abrieron paso a la tenue luz de la luna llena, que nos iluminaba a todos, dando un toque tenebroso y siniestro.

El concierto comenzó. Tronó el sonido distorsionado de la guitarra acompañado de solos de teclado aparentemente sin sentido. Me dirigí al primo pero ya no estaba allí. La gente se volvió loca. Decidí pasar del primo porque aunque le buscase sabía que no lo iba a encontrar. Al fin y al cabo, ¡estábamos mezclados entre 666000 millones de personas!. Comenzó el concierto con el primer tema de su último disco “Living dead beat”.

Me encontraba a unos tres metros del escenario y era absolutamente imposible adentrarse más. Mi mente estaba concentrada. Recordaba el disco escuchado en mi casa y no se diferenciaba en nada del directo que estaba escuchando. Era perfecto. Pasaron un par de canciones mas y yo estaba sin aliento, pero el primo y yo nos habíamos entrenado duro para aguantar las doce horas de concierto.

Cerré los ojos, como suelo hacer, y me limité a escuchar. Oí el inconfundible teclado que daba comienzo a “Hate Me!”. Abrí los ojos, me encontraba en el escenario, frente al micrófono. Miré desconcertado a la multitud de gente que llegaba hasta el horizonte. Todos saltando y alzando sus manos hacia mí. Decidí no preguntarme que cojones hacía yo allí y me dispuse para aprovechar el momento. Un hombre se asomaba detrás de un gigantesco altavoz haciéndome señas para que me acercara. Me dio la guitarra negra de Alexi. No me preocupaba el hecho de que no supiera cantar ni tocar la guitarra, y mucho menos para reemplazar a Alexi Laiho.

Me volví hacia el batería con intención de preguntarle qué tema íbamos a tocar, pero cambié de idea al ver que estaba demasiado ocupado tirando las baquetas al teclista. Se lo pregunté al guitarra pero no obtuve respuesta, estaba intentando pegarme. Antes de que algún puñetazo me alcanzara, el teclista puso las manos con una seguridad asombrosa sobre el teclado mientras esquivaba las baquetas del batería... y comenzó “Hate Me!”. Mis manos se movían a velocidad de vértigo por el mástil de mi nueva guitarra y de mis cuerdas vocales salían los míticos rugidos de Alexi. Oía el estruendor del público y podía oír con claridad los gritos de mi primo. Decidí que al terminar la canción le tiraría la guitarra como obsequio.

Cerré de nuevo los ojos. Sentí que mi cuerpo volaba y de alguna manera me encontraba en una extensión de campo. No había casas ni carreteras a mi alrededor, cosa que agradecí. Siempre me gustó estar apartado de los demás. Era de noche, la niebla abarcaba el terreno, deslizándose entre los árboles silenciosos como la muerte. Me volví. Vi a una mujer. Una chica aproximadamente de mi edad apoyada en un árbol, con los brazos cruzados, mirándome. Llevaba un atuendo sencillo. La tela negra cubría sus partes más íntimas mientras que el torso, la espalda y las extremidades quedaban al descubierto. Iba descalza. Tenía el pelo negro que le cubría parte de su hermosa cara. Labios perfectos, nariz perfecta... Su mirada estaba clavada en la mía. Tenía unos ojos como inmersos en la oscuridad, y dejaba ver en sus pupilas un brillo rojo... nunca en mi vida había visto una mirada como aquélla. De hecho, nunca había visto ninguna mujer siquiera parecida a ella... era perfecta.

Me dedicó una sonrisa, que dejaba ver sus dientes perfectamente colocados y blancos... y me pareció ver también unos colmillos afilados.

-Al fin llegas- me dijo.

Su voz era suave, pero a su vez oscura... todo en ella parecía hechizarme. Me pregunté si me convenía. Igual quería seducirme y luego torturarme. Me sonrió de nuevo, divertida, como si hubiese leído mi pensamiento.

-Ven conmigo, llevo esperándote mucho tiempo- tras decir esto se volvió y se puso a caminar.

Yo la seguí. No pude evitar dejarme llevar por la imaginación al observar su cuerpo al andar. Pero pronto me di cuenta de que si ella podía saber lo que pienso, lo mejor era no seguir por ese camino. Y efectivamente, vi como giraba un poco la cabeza para mirarme de reojo y volvió a sonreír. Avancé el paso y me puse a su altura. Me fijé en que llevaba tatuado en la muñeca una clave de sol.

Al fin pude desviar la vista de ella y observé a mí alrededor. Andábamos por un camino desgastado por los años e iba ascendiendo poco a poco. A través de la densa niebla pude ver un monte que se alzaba ante nosotros. Sin apenas darme cuenta me hallaba conversando con la chica, caminando hacia aquel monte. Sentí como si la conociera de siempre, pero como si nunca me hubiese parado a hablar con ella. Me contaba que en esta dimensión sólo habían logrado entrar los miembros de Children, ella y yo. Al parecer en esta dimensión descansan los espíritus de los niños que fueron asesinados en el lago aquella noche...

Continuamos ascendiendo por el camino y nos encontramos a los miembros del grupo haciendo botellón entre los árboles. Nos sentamos un rato con ellos.

El batería al parecer quería aprender a tocar la guitarra. El resultado fue que, después de tocar un par de notas, se cansó y la cogió por el mástil y comenzó a aporrear el suelo. Lo mejor es que no sonaba mal del todo.

Alexi y, para mi sorpresa, el antiguo guitarra del grupo, estaban revolcándose en un nevero y al parecer competían para ver quien conseguía mantenerse mas tiempo haciendo el pino... el resultado, añadiendo unas botellas al asunto, es evidente. Alexi se acercó tropezando en eses.

-Youuaaaaooo metal fuckeer yaaaw, yiiiieeeeaaaoooo- me gritó. Después se alejó gritando a los árboles Yaw! Yaw! Yaw!

El teclista estaba con su teclado intentando tocar la melodía que predecía a la canción de “Majesty”. Le pregunté que, si le costaba tanto una melodía tan fácil, como es que en los discos hacía aquellos solos increíbles. La respuesta fue, que si para “Majesty” tenía que practicar un mes hasta aprendérsela, que me imaginase el tiempo que había dedicado para hacer los solos...

El bajista por su parte estaba en un rincón marginado potando por exceso de alcohol. Y nadie se compadecía de él... de hecho, no sabían ni su nombre.

La chica me puso la mano en el hombro y me dijo que debíamos seguir. Me costó irme porque los miembros del grupo querían que me quedara y me invitaban a vodka negro, la bebida de los lobos, mientras que Alexi me decía: Yaw?. Rechacé la oferta y continuamos subiendo camino arriba.

-Oye, por cierto, ¿cómo te llamas?- le pregunté a la chica. Con la que ya empezaba a familiarizarme.

-No es necesario que lo sepas, ¿no crees?- se limitó a responder sonriendo de nuevo.

Me quedé meditando estas palabras, pero antes de llegar a ninguna conclusión paré de andar. Frente a nosotros estaba la muerte, tal como la había imaginado siempre: con un manto negro que le cubría todo el cuerpo, encapuchado, ocultando siempre su desconocido rostro. Su guadaña asomaba por encima de su cabeza, intimidante. Estaba sentada en una roca y a su alrededor se encontraban cuatro lobos. Eran como espíritus. Uno de ellos clavó su mirada en mí y pude ver a través de sus ojos el alma de uno de los niños asesinados en el lago...

La muerte se levantó y se puso a andar bajando por el otro lado del monte. Los lobos le siguieron, y nosotros también. Bajamos durante un rato y nos llegamos a la orilla del lago Bodom. Caminamos por encima del agua cubierta por la niebla, había algunas llamas dispersas a lo largo de la superficie. Los lobos, niños en su interior, corrieron y saltaron alegres, jugando con la muerte. Irónico.

-Observa bien- me susurró al oído la chica. Hizo que mi cuerpo temblara de un escalofrío cuando me cogió de los brazos, apoyando su suave barbilla sobre mi hombro, observando la escena.

Los miembros del grupo, dirigidos por Alexi, se encontraban ahora en el centro del lago, tocando sin parar “Lake Bodom”, rodeados de llamas. La muerte estaba levitando sobre el grupo, inmóvil, mientras los lobos bailaban bajo la luna llena dejando ver la vida pasada de los niños asesinados.

De pronto todo se desvaneció. Abrí los ojos y me encontraba en el concierto de nuevo, agarrado fuertemente a la valla de la primera fila. Noto que alguien me coge del brazo. Me vuelvo... y veo... esa mirada... esa cara. Es la chica otra vez. Intenté hablarla pero al hacerlo sentí un dolor agudo en la garganta, como si me atravesaran la tráquea con una espada.

-No hables, tienes las cuerdas vocales desgarradas- oí que me decía en medio del griterío del concierto.

Alcé la vista hacia el escenario y vi que Alexi me miraba con una sonrisa cómplice y me guiñaba un ojo, todo esto mientras cocinaba salchichas en medio del escenario. Tras esto, la chica me llevó fuera. El concierto había acabado. La gente de mi alrededor me daba palmadas en los hombros felicitándome.

La chica vio mi cara de confusión y me explicó que había gritado tanto que había llamado la atención entre el público. Nos encontramos por el camino con mi primo, que llevaba de la cintura a la chica que se había desmayado al inicio del concierto. Ninguno de los dos nos dirigimos la palabra. No teníamos voz como para hacerlo.

Faltaba aproximadamente una hora para que saliese el sol, la cual aprovechamos con nuestras respectivas chicas en privado. Me fijé en que mi chica tenía otro tatuaje que ponía “CoB” en el cuello.

Le hice señas haciéndoselo saber y me dijo que yo también lo tenía... éramos los únicos que sabíamos sobre la muerte y los lobos de aquel monte... los únicos que conocíamos en realidad el verdadero sentido de Children of Bodom...


The Reaper

sábado, 26 de abril de 2008

Paseo Nocturno


Finalmente decidí abrir los ojos. Era tarde pero no podía conciliar el sueño y empezaba a aceptar que no podría dormir. Mis pupilas estaban perfectamente adaptadas a la oscuridad y no encendí la luz porque me dañaría. Desde que perdí toda ilusión por la vida había tenido que refugiarme en la oscuridad para no ser cegado y ya había aprendido a convivir con ella. Ella me aislaba de toda esa maldita luz infernal, es luz que producía este asqueroso mundo del que necesitaba apearme y enterrar todo recuerdo que con él me relacionase.

Salí de mi cuarto sin hacer ruido, pues la casa estaba en calma y así debía seguir hasta que el salir del Sol devolviese la rutina. Necesitaba salir para pasear y pensar, ¿qué haría con mi vida si no hay nada por lo que merezca la pena vivirla? Me abrigué sin prisa y cerré la puerta de casa tras de mí.

Comencé a andar sin rumbo fijo cubriéndome los ojos con las manos y mirando al suelo para reducir el daño que me producían las farolas encendidas. Tuve que romper un par de ellas especialmente luminosas e incómodas que parecían burlarse a mi paso y alumbrar más para mostrar su opulencia.

Pronto me paré en medio de un puente que pasaba por encima de una ría que atravesaba la ciudad. Ese punto en concreto estaba sin iluminar y la luz de las farolas llegaba tan tenue que era imperceptible incluso para mí. Instintivamente me llevé las manos a la cara para ocultar mis ojos.

¿Qué había sido aquello? Luz… un rayo de luz me había dado de pleno y… no me había hecho daño alguno. ¿Qué sería?

Me asomé asombrado –e incluso algo asustado- al borde de la valla y busqué con la mirada. Allí estaba reflejada su belleza en el espejo de agua con su redonda perfección. Alcé la vista hacía su verdadero paradero y la dirigí al cielo, donde la Luna, moneda de plata brillando en la noche, musa por mí antaño idolatrada, devolvía con fuerza el brillo a mis ojos después de tanto tiempo…

Mi respuesta no se hizo esperar. Recuperado un sueño imposible, me veía obligado a luchar por lograrlo y, sin remedio alguno, comencé a andar en dirección hacia ella a pesar de que se alojase en el cielo.

Tras un largo camino, me encontraba en medio del monte cruzando entre árboles. Podía ver mi propio aliento ascender como el humo, pero apenas veía la Luna, que estaba oculta entre ramas y hojas. No mucho más tarde, me tuve que detener al borde de un precipicio, una gigantesca cicatriz en la tierra que se extendía hasta donde la vista no llegaba a alcanzar. Un precipicio en el que se escuchaba el grito del silencio arrastrando a lo lejos su eco para alcanzar con violencia mis oídos y no producir sonido alguno.

Abatido, clavé mis rodillas en el suelo sin saber qué hacer y desde ese suelo miré a la Luna clamando por una señal. Y cuando iba a dar por perdida mi batalla, me fijé en que algo bajaba de la Luna. Unos finos hilos bajaban desde ella y, lentamente, fueron formando un puente perfecto de aspecto fantasmagórico con un leve tono azulado. Había allanado mi camino.

Dudé. Puse con cuidado un pie sobre el puente. Era perfectamente sólido. Cogí un poco de confianza y di un paso tras otro por el largo puente y, en medio de éste mismo, quise me giré para dedicar una sonrisa a mi sueño. Y entonces apareció una caprichosa nube que rápidamente se interpuso entre nosotros, cortando esos hilos que nueva esperanza me daban. Y yo, sin poder reaccionar a tiempo, caí en el vacío.

Y un alarido, seguido de un ruido ensordecedor, tronaron en la noche.

miércoles, 23 de abril de 2008

Oscura lujuria

Desmonté del caballo y le golpeé con la palma de la mano detrás de la montura para que siguiera cabalgando sin mí. De todas formas, no era mío.
El camino se alejaba de la ciudad y conducía a un burdel que estaba a pocos kilómetros de distancia. Respiré el aire fresco del campo y seguí caminando por el camino pedregoso y polvoriento, siempre con la capucha ocultando mi rostro para pasar desapercibido.
Llegué hasta el burdel y atravesé la cortina de cadenas con bolitas rojas que estaba a modo de puerta. El aroma de incienso y flores me confundió por un momento los sentidos. Miré a ambos lados de la entrada y me dirigí hacia la mesa donde se encontraba el encargado. Su mirada reflejaba cansancio y el escaso pelo blanquecino intentaba ocultar su evidente calva.
-Hola ¿qué desea?- preguntó mecánicamente sin levantar la vista de sus papeles.
-No acostumbro a visitar burdeles para comprar galletas- respondí secamente sin siquiera mirarle.
-¿Eh?... Oh, por supuesto- titubeó el hombre levantando la mirada hacia mí mientras se incorporaba de su silla- Sígame por favor y le enseñaré algunas de nuestras preciosidades.
Me condujo al interior de una sala repleta de sillones y cojines esparcidos por el suelo. Justo delante, una vidriera de cristales blancos, rojos y amarillos dejaba pasar un haz de luces de colores que iluminaban la estancia. La sala estaba llena de jóvenes muchachas vestidas con finas telas de seda que jugaban y charlaban entre ellas. Muchas dirigieron la mirada hacia mí, sonriendo. Me quité la capucha con lentitud.
-¿Qué me dice de esta jovencita?- propuso el encargado mientras se adelantaba y hacía levantarse a una de las chicas.
No respondí, seguí paseando la mirada por el resto de la sala, ignorando la propuesta. De pronto clavé la vista en una muchacha de la esquina. El pelo castaño caía ondulante sobre sus hombros. Tenía una cara preciosa y una mirada seductora. Estaba sentada sobre las piernas de otra chica y le acariciaba con gracia las prendas semitransparentes que cubrían sus protuberantes senos.
El encargado siguió mi mirada y sonrió complacido.
-Buena elección. Aunque si se me permite añadir, es de las más caras.
Comencé a caminar hacia ella.
-Mmm... disculpe... tiene que pagar por adelantado- añadió.
Paré de andar, molesto. Volví la cabeza hacia él con lentitud y le miré a los ojos. Retrocedió un paso.
-Bueno... su-supongo que puede pagarme cuando termine- dijo terminando con un hilillo de voz, intimidado.
Giré de nuevo la cabeza hacia la chica, que se había levantado y me esperaba con una sonrisa traviesa. Tenía un cuerpo perfecto. Cuando llegué hasta ella me cogió de la mano y me guió por un pasillo que se encontraba en el lado opuesto de la sala donde se podían oír risitas o gemidos de placer procedentes del resto de las habitaciones.
Me llevó hasta la última habitación. Abrió con delicadeza la puerta y me cedió el paso. El dormitorio estaba cubierto con pieles rojizas y junto a la pared había una cama bajo un dosel que dejaba caer una cortina aterciopelada, roja también. Delante de la cama había un armario aproximadamente de mi altura. Del techo colgaba una lámpara con forma de mujer que iluminaba débilmente la habitación.
-Tienes las manos heladas- me dijo la chica mientras cerraba la puerta.
-Siempre he sido de sangre fría- me limité a responder.
-Yo te daré calor- sonrió con picardía y me puso una mano en el rostro. La apartó de un respingo- ¡Estás helado!.
-Ya te lo he dicho, soy de sangre fría- dije mientras me dirigía hacia el armario.
Giré la llave ya introducida en la cerradura y observé el interior. Contenía todo tipo de artilugios eróticos. Divisé en un lateral lo que me interesaba: las esposas.
-Te cobraré más por eso- advirtió con voz cantarina mientras se tumbaba en el colchón.
Me arrodillé junto a su cuerpo ya desnudo y até sus muñecas a la cabecera de la cama. El calor de su piel comenzó a embriagarme. Me tumbé encima de ella y le acaricié el cuerpo, con el rostro, con las manos, comenzando por el sexo y llegando hasta los pechos, absorbiendo el calor de su suave cuerpo. Noté como un escalofrío recorría su piel, al tiempo que ésta se le ponía de gallina y los pezones se endurecían.
Intentó besarme pero le frené los labios con la mano. Sentí cómo su corazón se aceleraba y la sangre caliente recorría sus venas con más fuerza. Le miré a los ojos... y sonreí. El grito de terror quedó ahogado bajo mi mano y hundí mis colmillos en su suave y cálido cuello. Su pecho subía y bajaba desesperadamente bajo mi cuerpo y sus manos intentaban frenéticamente liberarse del metal. Saboreé la sangre que se deslizaba entre mis labios y resbalaba por mi garganta.
- Policía. ¡Abran la puerta!.
Se oyeron fuertes golpes, que se fueron incrementando al ver que nadie respondía. Finalmente la madera cedió y los guardias entraron a toda prisa. Observaron atónitos la macabra escena.
Yo me desvanecí, no sin antes dedicarles mi mejor sonrisa.

The Reaper

PD: Fue el encargado que llamó a la policía diciendo que un hombre pálido y frío como un cadáver se había negado a pagarle y que temía lo peor... no le faltaba razón

domingo, 20 de abril de 2008

Si yo fuera zombi...

Capítulo 2: ¿Arhgmn? (¿Enfermo yo?)

Caminó durante toda la noche buscando amistades nuevas con las que compartir sus sueños y esperanzas, alguien que pudiese entender su complicada situación, alguien que se dejase comer el cerebro… sin embargo no encontró a nadie más debido a las tardías horas por las que se había perdido.

Una vez amaneció, la mayoría de la gente tenía la misma cara que él al ir a trabajar. Apenas un hombre se dio cuenta de que nuestro zombi, al que a partir de ahora llamaremos “Pincho Moruno”, estaba empapado de sangre por todos lados. Sí, esa debía ser la mayor diferencia con el resto de madrugadores. El señor en concreto no se le acercó pero, tras una llamada suya, llegó una ambulancia tronando con una sirena a lo largo de la calle.

Bajaron gritando como locos y Pincho Moruno sabía por qué. Sintió curiosidad así que se dejó atar a una camilla y llevar al hospital para “ejj eh iaaargh” (ver que ocurría). Lo llevaron todo lo rápido que pudieron de nuevo con la bocina molestando a todos cuantos se encontraban a un radio de trescientos kilómetros y le metieron en una habitación de urgencias.

Ese mismo día hubo dos suicidios por falta de tiempo para dormir. Casualmente por donde había pasado la ambulancia.

En urgencias los médicos llegaron alborotados y no podían creer lo que veían en aquel paciente. Abundaban observaciones como “¡¿Cómo puede estar vivo si no tiene pulso?!”, “No se que le pasa que no dice nada normal. ¿Un ataque de epilepsia?”, “¡No respira!”, “¡¿Esto de su camiseta son sesos?!”, “¡Es la gripe más fuerte que he visto nunca!”,… En fin, que tras varios análisis de médicos confusos e impotentes, decidieron llamar a un exorcista.

El señor exorcista no se hizo de rogar y apreció en escena. Un hombre totalmente vestido de negro, con una cruz de madera colgada atada al cuello y colgando por el pecho y que portaba un maletín entró y seguido de ver a Pincho Moruno pronunciando algo ilegible (que, por cierto, era un amistoso saludo), encontró al demonio poseyendo a una oveja descarriada. Abrió el maletín y sacó una Biblia y se puso a leer pasajes de esta misma.

Una vez leídas algunas cosas, dejó su libro de cuentos y le comenzó a echar gotitas de agua sagrada mientras decía “Sal de este cuerpo Satanás, yo te expulso”. Ante una situación tan extraña, a Pincho Moruno no se le ocurrió nada mejor que hacer que interpretar su papel y agitarse y berrear (en la medida de lo que podía) como un buen poseído. Los médicos no daban crédito a lo que veían, ¿de verdad era útil aquello? Parecía que sí y encima el exorcista se emocionó y aumentaba el tono de su voz para que se oyese sobre los gritos del diablo. Por si fuera poco parecía que se le iba más la olla y disfrutaba con todo aquello. Su sonrisa era totalmente psicótica, parecía él el endemoniado.

Tras plantarle la cruz en la cara y decir “El poder de Cristo te libera” o alguna otra de estas cosas, Pincho Moruno se cansó, rompió sus ataduras y se puso de pie dispuesto a marcharse. Los médicos salieron escopetados de allí empujándose unos a otros. Sólo quedaba con él una persona, que temblaba de miedo empeñado en exorcizarle. Pincho Moruno se le acercó y el exorcista se acurrucó en una esquina sin dejar de decir las mismas cosas, pero esta vez estaba totalmente pálido.

Pincho Moruno le partió el cuello, le comió el cerebro y le dibujo con un bisturí en el pecho una de esas estrellas de cinco puntas tan satánicas. Luego salió tan campante de nuevo a la calle.

Había sido una dura mañana.


The Blind