viernes, 13 de junio de 2008

Choque de acero (Parte IV)


-Interesante- susurré.
Palpé mi mejilla y observé con curiosidad la sangre que empapaba las yemas de mis dedos. Cerré el puño con fuerza en torno a la empuñadura y adopté una pose de ataque.Los aceros volvieron a fundirse en una traca de choques y destellos metálicos. Esta vez me tocaba atacar a mí. Conforme luchábamos a una velocidad vertiginosa, podía notar que Khaira no aguantaba mi ritmo todo el rato, por lo que de vez en cuando le fallaban las piernas y se veía obligada a dar un salto hacia atrás para esquivarme.
Tomé control del combate. Aumenté la velocidad de mis movimientos una vez más, hasta tal punto que las estocadas de Khaira me parecían lentas y torpes.
Khaira dirigió su catana hacia mí con todas sus fuerzas, pero conseguí esquivarla agachándome rápidamente, oí el cortar del aire justo por encima de mi cabeza. En ese preciso instante apoyé una mano en el suelo y derribé a Khaira de una patada en la espinilla. La catana se resbaló de sus manos y, una vez que quedó tendida en el suelo, hundí mi hoja en su hombro, atravesando la clavícula hasta llegar al suelo.
El grito de dolor pareció desgarrar su garganta. Extraje el acero con suavidad y lo envainé a mi espalda.
Me levanté y di media vuelta dispuesto a volver a mi asiento cuando de pronto oí mascullar:
-¿A dónde vas?- me volví- Aún puedo luchar.
Hizo acopio de sus fuerzas y me lanzó el puñal. Lo detuve con dos dedos a unos milímetros de mi entrecejo. Khaira intentó coger su catana, pero apenas le respondía el brazo para apretar la mano, y mucho menos para luchar.
-Estás fuera de combate.- Me acerqué y le devolví el puñal con la empuñadura mirando hacia ella-. Ha sido el mejor combate de toda mi vida, ha sido un placer haber luchado contra ti- le confié.
La expresión de Khaira cambió. No se molestó en ocultar su sorpresa. Alargó el brazo para tomar el puñal y se levantó.
-El placer ha sido mío.- sonrió-. Pero no te confíes... la próxima vez te machacaré.
Khaira lanzó de nuevo el puñal, que me pasó por encima del hombro y fue a clavarse en la pared, a un milímetro de la oreja del presentador de los combates, que se despertó de un brinco.
-Armgajam- masculló volviendo de sus sueños.- Bueno...- bostezó y caminó hacia la tarima- veo que ya habéis termina... ¡joder!- exclamó- ¡Me habéis dejado esto hecho un asco!.
Buscó con la mirada al recepcionista.
-¡Tú!- señaló- ¡Límpialo!.
En cuanto me senté, Faghorn se inclinó hacia mí.
-¿Sabes?. Estás más guapo con la cara ensangrentada.- sonrió con aquel toque macabro de siempre.
Una voz resacosa anunció el siguiente combate. Faghorn alzó la cabeza para prestar atención.
-Minos, el guerrero- leyó- contra Faghorn, la roca de acero.
-¡Al fin!- rugió.
Faghorn se levantó y subió de un salto a la tarima mientras se llevaba las manos a la espalda y hacía chocar su increíble hacha contra el suelo.
El hombre llamado Minos se levantó. Era corpulento, aunque no tanto como Faghorn. Sus armas eran simples: un escudo y una espada. -Demasiado simples- pensé. Y efectivamente, bajo una muñequera de cuero negro alcancé a ver un destello plateado que probablemente era un disco dentado. Esperé que Faghorn también se diera cuenta.
Como era de esperar, el escudo se hizo añicos al primer ataque de Faghorn. Hay que decir que Minos hizo bien al esquivarle continuamente, pero no aguantaría mucho. El hacha acabó por alcanzarle y le desarmó con tal violencia que Minos voló por los aires y cayó fuera de la tarima..
Faghorn se dio la vuelta y alzó los brazos celebrando la victoria, mientras que Minos se llevaba la mano a la muñequera para atacarle por la espalda. Quise advertirle del peligro, pero no era mi combate, sino el suyo.
El disco cortó el aire como una bala y le atravesó el pecho.
Me quedé sin aliento. Eso le habría alcanzado al corazón. Faghorn cayó de rodillas y tosió sangre.
Me miró. Dejó asomar una leve sonrisa, que ya no era macabra, sino amistosa. Su despedida.
Cayó al suelo. Muerto.
Minos comenzó una carcajada a la que se fueron sumando progresivamente los demás, salvo Khaira, que observaba la escena. El más temido había sido derrotado, en ese instante fue cuando me di cuenta de lo tanto que le aborrecían. -No le conocían.- pensé con tristeza mientras todos los hombres de la sala se burlaban y pateaban su cabeza. Faghorn se había criado en Svalbard: Las montañas habitadas por los más fieros hombres, donde no existe otra ley que la supervivencia... el vivir para matar. Allí lo único que importa es el amor a la sangre. A pesar de todo Faghorn había conseguido salir de ese mundo y consiguió hacerse más humano por así decirlo... Eso sí, demostraba su cariño a su manera. Sonreí al recordar su sonrisa macabra, sus puñetazos a modo de caricias, sus continuas bromas...
-¿Sabes?. Estás más guapo con la cara ensangrentada- resonó en mi cabeza.
Sonreí. Se me hizo un nudo en la garganta.
Ahora su cuerpo cubierto por innumerables cicatrices estaba siendo pateado y escupido... mi único amigo.
-Faghorn... amigo... ya tengo una razón para matar.
Me levanté de mi asiento y desenvainé con lentitud.

The Reaper

5 comentarios:

Rara Avis dijo...

Os acabo de descubrir y ... no tengo palabras... sois unos primos bien avenidos con palabras magnificamente hiladas...

besos

Rock Lobster dijo...

Primo, el final mola un monton.
¡Al fin hay algo mas de sangre!

The Reaper dijo...

Bienvenida pues, Ayshane. Si tengo tiempo me pasaré por tu blog, esque no ando con mucho que digamos :S.
Primo, llegará un torrente de sangre. Con la siguiente parte se acaba mi mini-saga.
Yaw!

ana dijo...

pobre grandullon.. venganza!!

[ кeя ] dijo...

vaya se lo han cargado, veremos que ocurre ahora.. marcho a leer la V parte.