martes 1 de diciembre de 2009
Comunicado: El Retorno
The Reaper y yo hemos estado hablando y lo cierto es que tenemos ganas de retomar un poco la escritura de relatos. Siendo así, hemos cambiado y renovado completamente todo el aspecto del blog.
Los cambios son los siguientes:
La imagen principal: La anterior imagen era potente pero creemos que la actual tiene un sentido que va algo más relacionado con el propio nombre del blog.
Imagen de fondo: Nos ha costado un largo rato adaptarla y hacer pruebas pero hemos colocado esas manos sangrientas que, aparte de que nos han motivado mucho, llenan un poco los huecos vacíos que quedan a los lados. Teniendo en cuenta esto, también hemos eliminado las imágenes sueltas del costado que no tenían nada que ver.
Encuesta antigua: Desconocemos si pondremos encuestas en el futuro pero lo mínimo era eliminar la que ya llevaba meses.
Reproductor de música: Para empezar, hemos hecho que no se ponga automático porque hasta nosotros acabábamos hasta las nerices de ello. Así mismo hemos elegido canciones instrumentales (que creemos que se acercarán un poco más al gusto de todos) y lo hemos colocado al principio, para no tener que buscarlo.
Enlaces: Hemos borrado los enlaces que ya no estaban en activo o que, simplemente, no pintaban nada. También hemos puesto que estén en una lista actualizable de esas que queda como muy moderno.
Entradas: Finalmente, y aunque nos encantaba que todos pudiesen leer desde la primera entrada que publicamos sólo con abrir nuestro blog, hemos decidido que en cada página no haya más de 10 entradas. También hemos aumentado la letra, ya que la gente se quejaba de que costaba leer.
El resto de cosas como las frases, inspiraciones y demás las hemos dejado aunque les hemos bajado de lugar, son menos importantes. Ah, la etiqeta "pato" seguirá manteniéndose en todas las entradas.
Esto es todo, a ver si conseguimos recuperar un poco aquello a lo que en su día dedicamos tanto tiempo.
Fin del comunicado.
The Blind
domingo 29 de noviembre de 2009
Destruye mi vida

Suena la campana del colegio, es hora de irse a casa. Este es el momento en que los niños normales vuelven a sus casas y no salen de ellas alegando que tienen que hacer deberes, aunque esta tarea no les lleve más de media hora y dediquen el resto de la tarde a ver la caja tonta. Al contrario que para ellos, este es el momento en el que yo me voy, tratando de evitar mi propia casa. Pero antes de irme alguien me toca el hombro.
- Quiero que me avises si vuelve a ocurrir algo –me dice mi tutor.
- No te preocupes, hace tiempo que no sucede nada nuevo –miento.
- Bueno yo… simplemente no quiero que te pase nada malo, si me necesitas para cualquier cosa, puedes hablar conmigo.
- Tengo prisa, adiós.
Me escapo rápidamente. Mi profesor es buena gente pero la última vez que acudí a él, todo fue a peor. Sus intenciones son buenas pero no puede hacer nada, si el entra las cosas pueden ir a peor y no puedo permitirlo, no puedo hacerle esto a ella.
Esta vez me dirijo al parque. Supongo que lo normal sería ir con amigos pero yo no los tengo. Me dicen que soy una persona muy triste, que nunca sonrío... supongo que eso no les gusta, no les caigo bien y nadie habla conmigo, algunos incluso me golpean y se burlan de mí. No puedo decir que esté contento con ello pero es el menor de mis males. Los verdaderos problemas están en el lugar al que siempre tengo que volver, donde no pasa un día sin que haya tormenta y que siempre nos moja.
Pasan las horas en el parque, hace rato que he hecho mis deberes y he leído un rato pero ahora en invierno oscurece antes y simplemente acabo quedándome sentado, con el viento helado en mi espalda. Da igual cuánto me acurruque, no puedo dejar de temblar de frío. En la cabeza de nadie suele entrar que esto pueda ser parte de mis momentos más felices.
Salgo del parque antes de que se haga demasiado tarde. Al llegar a casa saco las llaves y se me caen, tengo las manos completamente heladas y no soy capaz de coger las cosas sin una pronunciada torpeza. Al entrar, la saludo a ella y me voy a mi cuarto, me cubro con una manta para entrar en calor. Ella me trae un chocolate caliente y me dice que no debería ir hasta tan tarde con mis amigos con el frío que hace en la calle. Sí, siempre le miento. Me da un beso y se va al salón a seguir leyendo una novela romántica que comenzó hace apenas unos pocos días. El maquillaje no puede ocultar la hinchazón de su ojo.
Apenas pasada una media hora, llega la tormenta. Oigo abrir y cerrar la puerta de casa. Ella acude a recibirle. Sé que intenta sonreír a pesar de que no la veo, pero los gritos empiezan.
- ¡¿Por qué no has hecho la cena?! ¡Me paso todo el día trabajando para traer dinero a esta casa y al llegar a mi casa no está hecha ni la cena!
Plas.
Acaba de cruzarle la cara. Ella llora.
- ¡¿Crees que me gusta hacerte esto?! ¡¿Crees que quiero hacerlo?!
Plas, plas, plas.
Ella llora desconsolada. Le pide perdón, le suplica que le disculpe por su torpeza y promete intentar estar más atenta. Las lágrimas recorren mis mejillas y no puedo esperar más así. No puedo dejar que le siga haciendo eso. Voy a la cocina corriendo, cojo un cuchillo y salgo a su encuentro. Ella está tirada en el suelo. Él está de cuclillas y la tiene agarrada del pelo y le está gritando al oído.
- ¡Déjala! –grito entre lágrimas.
Se pone en pie y me mira con una mueca torcida por la ira.
- ¡Así que el niñato sale en defensa de esta zorra! ¡Y tienes los cojones de amenazarme!
Me tumba de una patada en la cara y el cuchillo vuela por el pasillo. Me sangran la boca, la nariz y los oídos. Él me levanta la camisa y se desata el cinturón.
- ¡No, por favor! –grito entre sollozos.
Zas. La hebilla de metal se me clava en la carne. No puedo dejar de llorar, el dolor el insoportable. Me da dos golpes más: zas, zas.
- ¡No le pegues! ¡No le hagas daño a él! – grita ella.
El se da la vuelta y comienza a propinarle patadas en el suelo sin dejar de gritar insultos. Es mi momento. Vuelvo a coger el cuchillo y me abalanzo sobre su espalda, calvándoselo lo más certeramente que puedo a la altura del corazón. Se revuelve como puede agitando los brazos en el aire. Se gira de nuevo hacia mí pero esta vez cae pesadamente sobre el suelo. Ella me mira sorprendida. Me acerco y nos abrazamos en un mar de lágrimas.
- No volverá a hacerte daño…
The Blind
viernes 25 de septiembre de 2009
Arrasar Parte XII

Rememoremos de qué trata este relato…
Todo comenzó con aquel chico en el cementerio. Fue cuando, mientras tocaba el violín frente a la tumba de su padre, bajo una temperatura heladora, llegó un cuervo con un mensaje: “Crea tu propio camino. Extremo Este de la Calle del Olvido”.
El cementerio ahora estaba teñido de sangre y el cuervo me hablaba: “Sigue al niño salvaje, él te llevará hasta la muerte”.
El chico despertó. ¿Un sueño? Releyó el mensaje del cuervo y salió de casa. Sus pasos le llevaron a la calle del Olvido. Después de subir una pendiente rocosa, se asomó al borde de un precipicio y vio… ¿un ejército? Un chico le sobresaltó a sus espaldas. Aquel chico dirigía el ejército y era él quien le había enviado el cuervo. Después de presentarse se clavó sin querer una bola llena de pinchos en la cabeza y se desmayó. Antes de que pudiera reaccionar llegaron un chico y dos chicas que conocían al que más tarde se haría llamar Primo. El chico recién llegado, con una torre de ajedrez en la mano, comenzó a pisar la cabeza a Primo, el desmayado. Una de las chicas (Ana) tapó la herida de Primo con el dedo, con intención de curarle. Descubrió que dentro habitaba una neurona. La otra chica (Lyra) propuso cortar por lo sano con su catana. Luego llegó Charly, con su sierra eléctrica al hombro. Una cosa llevó a la otra y el chico de la torre de ajedrez dejó inconsciente a Lyra.
Tras algunos intercambios de palabras que en la normalidad corresponderían a unos pirados mentales, se fueron todos a cenar a la hoguera, excepto Charly que se fue a por la cena. Tras una breve caminata llegamos al lugar: una hoguera inmensa. Lyra se despertó en la hoguera y volvió a atacar a Primo. Por otra parte, Ana, en otro de sus intentos por curar a Primo, le abrió la cabeza con un martillo. Al cabo de un rato le cosió la cabeza y Primo también despertó entre las llamas con un saludo… ¡Armgajam!
Dos chicas que yacían inconscientes al lado de la hoguera antes de que llegaran todos, fueron lanzadas a las llamas también. Éstas son Lady Nerón y Ker.
Fue entonces cuando llegó Charly con la cena (un oso que cargaba sobre el hombro) y otros dos chicos inconscientes (despertaron en la hoguera). Por el camino arroyó un árbol en el que se encontraba Ker y cayó con estrépito. El chico de la torre de ajedrez entró en cólera y mató al oso.
Charly tiró a la hoguera a los dos inconscientes, Ichigo y Xathick. Tras una breve discusión sin pies ni cabeza, todas las miradas se volvieron hacia el protagonista de ésta historia: Alai.
El chico de la torre de ajedrez dejó inconsciente a Alai, que despertó en la hoguera, como todos. Después de esto Alai tuvo una breve pelea con el chico de la torre de ajedrez, mientras el resto discutía si el oso floroso puede comer ramen… hasta que Lady Nerón notó la ausencia de Ker. Recordaron (gracias a Alai) que se había derrumbado su árbol y Charly, con un gesto caballeresco, fue a buscarla.
Lyra se encargó de trocear al oso y comenzó la cena.
Durante la cena, Alai preguntó al fin el porqué de la batalla. Primo comenzó entonces lo que fue un largo discurso de rebelión contra los humanos que al final acabó atrayendo a personas y criaturas que traían instrumentos para dar solemnidad al discurso. Todo acabó en una especie de fiesta de metal.
A la mañana siguiente todos despertaron resacosos y se reunieron para comenzar la batalla. Con un grito de guerra espeluznante, todos se lanzaron en masa contra el objetivo, la ciudad contaminada: Madrid.
Primo advirtió que no nos confiáramos, puesto que uno de los nuestros, el general Reche, se había unido al bando contrario por el sencillo motivo de que la batalla estuviese más nivelada.
La batalla comenzó. La estrategia militar de Reche supuso la mitad de bajas en nuestro ejército. De pronto apareció el centollo gigante entre las filas enemigas. Consiguió intimidar a casi todo nuestro ejército… casi todo. El oso floroso dio un paso al frente…
Arrasar Parte XII
El oso floroso dio un paso al frente…
Ambos bandos miraron hacia las criaturas y se apartaron a un lado. El centollo gigante y el oso floroso se miraban fijamente. Observé atentamente a las dos gigantescas criaturas.
Tras unos segundos que consistieron en desafíos con la mirada, comenzaron a dar vueltas en círculos, tanteándose el uno al otro. Pero ninguno de los dos se decidía a lanzar el primer ataque.
De pronto el centollo chascó una pinza peligrosamente, a lo que el oso floroso reaccionó. Dio un salto en el aire dando mortales y al caer propinó una patada con su talón de flores. Pero el centollo era astuto... se quitó. El golpe impactó en el suelo y abrió una brecha gigantesca. El mundo se partió en dos y un torrente de lava se asentó en las profundidades esperando al desgraciado que osara caerse (algunos comenzaron a tirarse por mera diversión).
Ahora era el turno del centollo. Sus patas empezaron a moverse y, con una siniestra danza, alzó sus pinzas al cielo. Hubo un destello rojizo… ¡el centollo había invocado una caja de cerillas gigante!
No podía creer lo que veía. Sin duda era una lucha de alto nivel.
El centollo abrió la caja de cerillas con sus pinzas y sacó una cerilla del tamaño de una farola. Con un movimiento vertiginoso, prendió una llamarada a la cerilla y se la lanzó al oso floroso. En cuanto el fuego alcanzó las flores, el oso floroso comenzó a arder.
Todo parecía haber acabado para el oso floroso, que se perdía de vista tras las llamaradas. El ejército de Madrid proclamó su victoria de su mascota con vítores y burlas.
Muchos de nuestro ejército cayeron rendidos de rodillas, llorando por la muerte del oso floroso. Me volví hacia Primo.
-¿Y ahora qué hace…?- no terminé la pregunta.
Primo tenía los ojos inyectados en sangre y le temblaba todo el cuerpo. Noté algo raro que emanaba de él, algo que parecía una oleada de poder y destrucción. La comisura de su boca se transformó en una sonrisa paranoica. Me di cuenta que temblaba de emoción.
-El oso floroso…- comenzó a decir- ¡ES INDESTRUCTIBLE!- gritó mientras se lanzaba al ataque.
El resto del ejército, al ver que su general se lanzaba sólo al ataque, reaccionó y se sumó a la masacre.
Alcé la mirada y descubrí que el oso floroso era inmune a las llamas. El centollo dio un paso atrás, asustado, mientras que el oso floroso, furioso, se lanzó a por él y le propinó un puñetazo de flores y fuego. El centollo, apenas protegido por sus pinzas, salió despedido hacia atrás y cayó a la grieta de lava.
(Este acontecimiento fue más tarde conocido como: “La batalla de flores”, que se sigue celebrando hoy en día, aunque no de manera tan alucinante).
La adrenalina comenzó a recorrer mis venas. El oso floroso había vencido y pronto comprobé que su victoria había incrementado la locura asesina de todos los nuestros.
El chico de la torre de ajedrez alzó sus brazos y sostuvo su arma entre sus manos, apuntando al cielo, que empezó a oscurecerse de forma siniestra.
Del cielo comenzaron a formarse tornados cargados de rayos. Fue entonces cuando el chico de la torre de ajedrez descendió las manos con un movimiento brusco y clavó la torre de ajedrez en el suelo. Inmediatamente surgieron del suelo una inmensidad de espinas negras. El escenario que resultó fue sobrecogedor: cientos de humanos suspendidos en el aire, ensartados por el estómago, el tórax, la cabeza… un cementerio de cadáveres.
Lo que al parecer no tuvo en cuenta el chico de la torre de ajedrez fue que la mitad de los cadáveres correspondían a nuestro ejército.
De pronto apareció una figura de la nada. El chico de la torre de ajedrez salió despedido unos diez metros hacia atrás en cuanto la figura le propinó una patada en la cabeza. La intensidad del golpe había producido un remolino de polvo que rodeaba la figura. Una oleada de viento disipó el polvo y dejó a la vista una silueta femenina.
Se trataba de una mujer pálida. Vestía una sudadera blanca. Era bajita y de pelo negro. Llevaba colgados de la espalda un arco y un carcaj. Pero lo que más llamaba la atención era una terrible cicatriz que le recorría todo el cuello.
Sonreí… Ana había vuelto…
The Reaper
sábado 9 de mayo de 2009
Confuso

Estoy asustado…
Está todo oscuro, ¿qué ha ocurrido? El aire es irrespirable… Me llevo una mano a la cara y la siento pringosa, ¿qué narices…?
Tengo miedo…
Palpo por donde puedo. El suelo está pringado como mis manos. Alcanzo una pared cercana. ¿Dónde estoy?
Estoy asustado…
Camino siguiendo la pared. Me duelen las piernas, creo que estoy sangrando. Resbalo. Caigo al suelo. La sangre en mi cara…
Tengo miedo…
“¿Hola?” Hay eco. “¿Hola?” Repito más fuerte. Eco… silencio… no hay nadie allí que pueda oírme.
Estoy asustado…
Me alejo un poco de la pared y doy con algo en el suelo. Un cuerpo… ¡Se mueve! ¡Se está moviendo! Retrocedo hasta la pared.
Tengo miedo…
¡Mi mechero! No le quedaba casi gas. ¿Dónde está? Mi bolsillo, busco rápidamente y lo saco tembloroso.
Estoy asustado…
Intento varias veces pero no se enciende. El cuerpo está de pie. Se le oye olfatear. Se está acercando.
Tengo miedo…
Se enciende una pequeña llama del mechero. Un cadáver putrefacto se me acerca con ojos inexpresivos.
Estoy asustado…
La llama se apaga lentamente. Mi cuerpo tiembla. En mi delirio sólo puedo repetir una cosa:
“Tengo miedo… Tengo miedo…”
The Blind
domingo 3 de mayo de 2009
Arrasar (Parte XI)

Un grito inhumano de guerra al que respondió todo el ejército. Hasta las entrañas de la tierra temblaron. Y todos a una, nos lanzamos hacia Madrid.
Corríamos todos en masa movidos por una locura asesina. No quedaríamos saciados con sólo vencer. Matar a todos. No debe quedar títere con cabeza.
De pronto noté que algo ni iba bien. Conforme avanzábamos hacia los altos edificios, me di cuenta de que las calles estaban desiertas. Primo debió notar mi desconfianza y se puso a mi altura.
-¿Tú también lo has notado? Nada me impresionaría en la estrategia de los humanos –sonrió- al fin y al cabo, les dirige ni más ni menos que el general Reche.
-¿Reche… aquel del que me hablabas?, ¿Uno de los nuestros que se ha unido al otro bando?- pregunté.
-Sí, es el único estratega capaz de hacernos frente y hacer que esta batalla esté nivelada.
-¿No temes a la muerte verdad?- sonreí.
-Yo soy la muerte- dijo mientras se envolvía en un manto negro y se alejaba con una guadaña.
Al cabo de unos minutos corriendo, nos adentramos entre la piña de edificios. Había demasiada calma. La calma que precede a la tormenta.
-Preparaos para una emboscada- susurró Lady Nerón.
Me pregunté si le había oído sólo yo o se las había arreglado para que todos le escucharan.
De pronto, se oyeron el disparo de mil ametralladoras. Una lluvia de balas nos cubrió desde los tejados. Pero estábamos preparados. El oso floroso arremetió contra los edificios, uno tras otro.
De repente el suelo explotó bajo nuestros pies. Todas las rutas de alcantarillas estaban repletas de explosivos. Todos quedamos semienterrados bajo los escombros.
Antes de que pudiéramos reaccionar, una tropa de aviones tapó el sol y descargaron bombas y misiles contra nosotros.
-¡Esto es trampa!- gritó uno.
Observé la situación. La mitad de nuestro ejército había quedado aplastado o reducido a cenizas. Pero, un poco más allá, alcancé a ver a Lady Nerón. Estaba de pie, con los brazos en alto y sus pupilas dilatadas. De pronto cerró los ojos, y el cielo estalló en llamas. Los aviones cayeron como moscas.
Y por fin los humanos se dejaron ver. Salieron en pequeñas tropas de los edificios que no había derribado el oso floroso. Pronto acabamos rodeados por cientos de soldados armados.
Uno de ellos se abrió paso a la primera línea de combate. Lo reconocí al instante a pesar de no haberle visto nunca.
Reche. Era un chaval de pequeña estatura. Delgado y con aspecto enfermizo. Llevaba en la cabeza un casco de piloto y a la espalda llevaba una metralleta intimidante. Entre sus brazos cargaba un bazooka más grande que él y nos apuntaba sonriente.
Y de repente, entre los dos bandos, apareció de la nada una chica. Llevaba unos zapatos de acero terminados en punta, y unos pantalones vaqueros bajo una camisa blanca. Una cortina de pelo lacio caía hasta su espalda, dejando entrever unos ojos de color castaño. Alzó la cabeza y gritó.
-No tiene porqué continuar esta masacre.
Nos miramos los unos a los otros, intentando comprender lo que nos decía.
De pronto, Ana se separó del ejército y se unió a la recién llegada.
-Patri, ¿qué haces aquí?- preguntó como si se conocieran de siempre.
Intercambiaron un par de palabras más y comprobé con horror que Ana se unía a esa Patri.
El ambiente se fue tensando conforme ellas relataban lo que hacían llamar un mundo perfecto repleto de paz y amor. Donde las guerras no tenían lugar y el derramamiento de sangre era una pérdida de tiempo.
El chico de la torre de ajedrez comenzó a temblar ante tantas herejías. Era la primera vez que parecía oír lo que alguien decía.
No tardó en desencadenar su furia contenida sobre las herejes. De un solo golpe, la torre de ajedrez arrancó la cabeza a las dos.
Con un grito de guerra, los dos bandos se fusionaron en el mayor torrente de sangre de la historia.
Una sombra los cubrió a todos, que alzaron la cabeza.
El centollo más grande del mundo se alzaba sobre sus gigantescas patas. Hasta los más valientes de nuestro ejército quedaron intimidados.
-¡Un centollo!
A lo que Reche respondió:
-¡No es un centollo!, ¡Es un buey de mar!
Pronto comenzó una discusión y se reanudó la batalla.
Pero hubo uno que no se sintió intimidado por el centollo gigante… el oso floroso dio un paso al frente.
The Reaper
martes 14 de abril de 2009
Arrasar (Parte X)

El sol asomó levemente por el horizonte cuando abrí los ojos. Me encontraba junto a los restos de la hoguera de la noche anterior, y rodeado de personas que yacían roncando al unísono. El suelo estaba cubierto de botellas de alcohol.
Al poco tiempo la gente comenzó a desperezarse con bostezos guturales. Con pasos tambaleantes recogieron sus cosas y se fueron por donde vinieron la noche anterior. Pronto quedamos el grupo de siempre.
Esperé pacientemente unos minutos a que se despertara el resto. Pero los profundos ronquidos que salían de sus gargantas indicaban que no lo harían solos.
Sin pararme mucho a pensar en lo que hacía, resacoso, cogí una de las botellas del suelo y la rompí contra la cabeza de Xathick, que se encontraba más cerca.
- Arigato, Alai-kun…- murmuró todavía sin abrir los ojos.
Al cabo de un rato, despertamos a todos con las botellas que quedaban por el suelo. Una cosa llevó a la otra y hubo una pequeña refriega de porqué a Ker se le despertaba con una botella de Whisky mientras que a Lady Nerón tan sólo con una de Kas de limón.
Sea como fuere, conseguimos que se despertaran todos. Desayunamos restos de alcohol y los demás recogieron sus armas que estaban desperdigadas por el suelo.
Nos reunimos todos. Listos para la batalla. No se me pasó por alto que Charly aún sonreía demasiado.
“¿Venceremos en este estado?” me pregunté para mis adentros.
Sin apenas hablar comenzamos a andar hacia el ejército que esperaba impaciente a la batalla. Nos adentrábamos entre la marabunta de guerreros, que nos abrían el paso inclinando la cabeza o alzando sus botellas. Pronto me di cuenta de que éramos los líderes de esta causa.
Conforme avanzábamos fuimos despertando, con lo que las conversaciones volvieron. Lyra se dirigió a Ana.
-¿Te imaginas lo que triunfaría una bomba aquí entre tanta gente?
Ana le miró con los ojos entrecerrados.
El chico de la torre de ajedrez observaba con odio a todo el ejército que nos rodeaba como si fuese nuestro enemigo.
Primo se dirigió hacia mí, mostrándome orgulloso a su ejército.
-Mira, aquí están los celiacos…- señaló a un grupo de gente con aspecto enfermizo que alzaban banderas con aspas de trigo tachadas- más allá las tortugas…- dirigió la mirada hacia un montón de lo que me habían parecido piedras.
Observé mejor y me di cuenta de que se movían. Eran tortugas cubiertas de una armadura de acero y llevaban unos pequeños lanzamisiles sobre el caparazón.
-Al otro lado los ninjas…- giró la cabeza hacia un grupo de ninjas.
Llevaban catanas, pergaminos, vendas, kunais, shurikens, etc. Caí en la cuenta asombrado que a muchos de ellos ya los conocía. Alcancé a ver Sakura pegando a Naruto. A Kakashi leyendo, ajeno a todo lo que le rodeaba. Un poco más allá vi a Ulquiorra que miraba con indiferencia a Zaraki Kenpachi, que sonreía de oreja a oreja.
-Y nuestro guerrero más importante…- señaló a una imponente figura que tapaba el sol- ¡El oso floroso!
Se trataba de un oso enorme cubierto de flores. Se movía lentamente y no parecía mucho importarle lo que pasara por debajo de él, ya que no hizo ningún amago de moverse ante los saludos de Primo.
-Es un poco tímido- se explicó Primo al ver que no le hacía ni caso- Sólo se mueve cuando estás sólo con él y le dices “¡Oh, oso floroso! ¡Guíame hasta la muerte!”.
-Y entonces te lleva hasta Primo- completó Xatchick.
-Mucha utilidad en una batalla- añadió Ana con ironía- Y además, no es un oso, es un perro.
Todos le miramos con extrañeza. Era evidente que se trataba de un oso.
-Se llama Pupy…- murmuró Ana derrotada ante la evidencia.
-Los colores de las flores ya no son tan brillantes como antes- comentó Ichigo.
-Eso es lo que pasa cuando se le da rámen de comer- reprendió con odio Primo.
Xathick bajó la mirada.
Continuamos avanzando, dejando atrás al oso floroso.
Tras una larga caminata, llegamos a la cabeza del ejército.
Ante nosotros se extendía una inmensa ciudad repleta a reventar de torres y edificios humeantes, que apenas se veían a causa de la intensa capa de mierda que contaminaba el ambiente: Madrid.
Me di la vuelta y contemplé a nuestro ejército. Los filos de aceros y banderas negras se alzaban hasta perderse en el horizonte.
-Creo que no encontraremos mucha resistencia- pensé en voz alta.
-No te confíes- dijo Primo- Uno de los nuestros se ha unido a Madrid.
Le miré exigiendo una explicación.
-Así la batalla será más interesante- sus ojos reflejaron un destello de locura.
De pronto gritó.
Un grito inhumano de guerra al que respondió todo el ejército. Hasta las entrañas de la tierra temblaron.
The Reaper
miércoles 1 de abril de 2009
Edición doble de Arrasar (Parte IX)

Rememoremos de qué trata este relato…
Todo comenzó con aquel chico en el cementerio. Fue cuando, mientras tocaba el violín frente a la tumba de su padre bajo una temperatura heladora, llegó un cuervo con un mensaje: “Crea tu propio camino. Extremo Este de la Calle del Olvido”.
El cementerio ahora estaba teñido de sangre y el cuervo me hablaba: “Sigue al niño salvaje, él te llevará hasta la muerte”.
El chico despertó. ¿Un sueño? Releyó el mensaje del cuervo y salió de casa. Sus pasos le llevaron a la calle del Olvido. Después de subir una pendiente rocosa, se asomó al borde de un precipicio y vio… ¿un ejército? Un chico le sobresaltó a sus espaldas. Aquel chico dirigía el ejército y era él quien le había enviado el cuervo. Después de presentarse se clavó sin querer una bola llena de pinchos en la cabeza y se desmayó. Antes de que pudiera reaccionar llegaron un chico y dos chicas que conocían al que más tarde se haría llamar Primo. El chico, con una torre de ajedrez en la mano, comenzó a pisar la cabeza a Primo. Una de las chicas (Ana) tapó la herida de Primo con el dedo, con intención de curarle. Descubrió que dentro habitaba una neurona. La otra chica (Lyra) propuso cortar por lo sano con su catana. Luego llegó Charly, con su sierra eléctrica al hombro. Una cosa llevó a la otra y el chico de la torre de ajedrez dejó inconsciente a Lyra.
Tras algunos intercambios de palabras que en la normalidad corresponderían a unos pirados mentales, se fueron todos a cenar a la hoguera, excepto Charly que se fue a por la cena. Tras una breve caminata llegamos al lugar: una hoguera inmensa. Lyra se despertó en la hoguera y volvió a atacar a Primo. Por otra parte, Ana, en otro de sus intentos por curar a Primo, le abrió la cabeza con un martillo. Al cabo de un rato le cosió la cabeza y Primo también despertó entre las llamas con un saludo… ¡Armgajam!
Dos chicas que yacían inconscientes al lado de la hoguera antes de que llegaran todos, fueron lanzadas a las llamas también. Éstas son Lady Nerón y Ker.
Fue entonces cuando llegó Charly con la cena (un oso que cargaba sobre el hombro) y otros dos chicos inconscientes (despertaron en la hoguera). Por el camino arroyó un árbol en el que se encontraba Ker y cayó con estrépito. El chico de la torre de ajedrez entró en cólera y mató al oso.
Charly tiró a la hoguera a los dos inconscientes, Ichigo y Xathick. Tras una breve discusión sin pies ni cabeza, todas las miradas se volvieron hacia el protagonista de ésta historia: Alai.
El chico de la torre de ajedrez dejó inconsciente a Alai, que despertó en la hoguera, como todos. Después de esto Alai tuvo una breve pelea con el chico de la torre de ajedrez, mientras el resto discutía si el oso floroso puede comer ramen… hasta que Lady Nerón notó la ausencia de Ker. Recordaron (gracias a Alai) que se había derrumbado su árbol y Charly, con un gesto caballeresco, fue a buscarla.
Lyra se encargó de trocear al oso y comenzó la cena.
Arrasar (Parte IX)
Las llamas de la hoguera perdían su ferocidad a medida que pasaban las horas. Estuve un buen rato con la mirada perdida entre el fuego y sus brasas, sumergido en mis pensamientos. Las llamas bailaban con movimientos siniestros en torno a la leña y se perdían entre las grietas incandescentes que amenazaban con partir el tronco. No había probado bocado del oso que Lyra me había servido con tan buena intención. Hacía tiempo ya que Xathick se me acercó con algo de timidez y me preguntó:
-¿No te lo vas a comer?
Negué con la cabeza. Entonces se remangó e introdujo la mano en el tórax de mi ración de oso y, con un sonido repulsivo, sacó el corazón y lo metió en su bol de ramen. Sonrió y volvió a su sitio.
Mientras tanto, Charly ya había vuelto y traía a Ker, que yacía medio muerta en sus brazos.
-¿Cómo iba a saber yo que estarías en la copa del árbol?- se excusaba Charly.
Ana se levantó y cogió a Ker para curarla, no sin antes echar una mirada desaprobadora a Charly. Sin embargo éste, lejos de sentirse culpable, se encogió de hombros y, al ver que yo no comía, cogió por una costilla mi ración, se sentó a mi lado y comenzó a comer.
Ker no tardó en caer a la hoguera.
Durante un buen rato nadie dijo nada. El hambre acallaba cualquier conversación. Tan sólo se oían los gruñidos guturales de lo que parecían una manada de leones devorando a su presa. De pronto mis tripas cobraron vida y brotó de ellas un rugido que no podía ser ignorado. Charly se volvió hacia a mí. Tenía toda la cara embadurnada de sangre que le caía en la ropa como si acabase de salir de la ducha.
-¿Fegufo que fo queres?- Consiguió decir.
Alzó lo que quedaba de mi ración de oso chorreando de sangre y me lo puso delante de mi nariz. Si hubiese tenido algo en el estómago, lo habría vomitado en ese instante.
-Deberías comer, estás delgado y paliducho- comentó Ker.
-Sí- confirmó Lady Nerón- además…- añadió- necesitarás fuerzas para la batalla.
Cogí mi ración de oso que Charly me ofrecía y me levanté hacia la hoguera. Busqué un palo lo suficientemente largo para no quemarme. Todos miraron con curiosidad como asaba la carne.
-¿Se puede saber a qué viene esta batalla?- pregunté.
Fue entonces cuando me pregunté a mí mismo porqué no había formulado esa pregunta antes. Pero me di cuenta de que habían pasado demasiadas cosas absurdas.
También me di cuenta de que nadie contestaba a mi pregunta. Como la carne ya estaba lista, la saqué de la hoguera y me senté de nuevo en mi sitio, junto a Charly, que miraba ahora mi ración con envidia.
Miré a todos los presentes. Tenían una expresión de no tener la más remota idea de responder a mi sencilla pregunta. Todos se volvieron hacia Primo al mismo tiempo. Éste tenía la mirada clavada en el fuego. Por primera vez desde que le vi, estaba serio. Se tomó su tiempo para contestar.
-Esta batalla marcará el fin de la era de los “humanos”- la última palabra la escupió con tal desprecio que me dio escalofríos.
Todos volvieron la cabeza hacia mí, como si mi respuesta fuese un resto en un partido de tenis. Una evidente respuesta me vino a la cabeza.
-¿Pero acaso vosotros no sois humanos o…- no terminé de formular mi pregunta. Supe de antemano la respuesta con sus simples miradas.- Bueno, al menos yo me considero humano- conseguí decir.
Primo apartó la mirada de la hoguera y clavó sus oscuros ojos en los míos. Parecía como si pudiese ver a través de mí.
-¿Estás seguro?- preguntó con una media sonrisa que sólo podría imitar el mismísimo diablo.
Pero no había terminado de hablar. Volvió a centrar su atención en el fuego. El reflejo de mil llamas se revelaba en la oscuridad de sus ojos.
-Esta batalla, o esta guerra, como prefieras llamarlo, no sólo consiste en la completa aniquilación de los humanos. También es un símbolo.- Hizo una pausa antes de continuar, como si estuviera midiendo sus palabras- Un símbolo que hará saber a aquellos que se creen superiores a todos nosotros, que no lo son. Que mientras luchemos, estaremos ahí, y no podrán deshacerse de nosotros…
Mientras hablaba, ocurrió algo sorprendente. De entre las sombras comenzaron a surgir personas, que se acercaban en silencio y se sentaban en torno al círculo que formábamos. Se sentaban a escuchar, bebiendo las palabras que salían como agua de la boca de Primo.
Y no sólo se unían personas, sino también criaturas que nunca había visto. ¿O sí las había visto? Fue como si todas las novelas fantásticas que había leído hasta ahora, que no eran pocas, se convirtieran en realidad.
Sacudí la cabeza, confuso, esperando despertar.
Pero no desperté. Aquellas criaturas eran muy reales. Pero pronto desvié la atención de ellas, y me dediqué enteramente a escuchar, como todos, el largo discurso de Primo: un discurso teñido de sangre y rebelión. Los conocidos como los débiles de la sociedad unidos en un puño para arrasar con todo.
Algunas personas y criaturas traían consigo instrumentos, tanto conocidos como no conocidos. Grupos cantaban tan bajo que hacía temblar el suelo. Escuché con atención. Eran canciones que ya conocía.
Detrás de mí se estaba entonando una canción de WarCry… “Y ese día nuestro resplandor… luchará contra el brillo del sol… los demás por fin entenderán… quienes son los siervos del metal…”. Me sorprendí a mí mismo acompañándoles con la letra.
Más allá distinguí otra inconfundible canción de Saratoga: “¡Arrasar!, la gran ciudad… los buenos tiempos volverán…”
Pero no sólo cantaban en castellano, ni sólo voces puras. También voces impuras quebraban el ambiente, que bien podrían ser de W.A.S.P., de Catamenia, de Children of Bodom… y de todos aquellos grupos que tan bien conocía.
Noté de pronto una mano sobre mi hombro. Un bigardo de dos metros de alto y otro tanto de ancho me hacía señas con su cabeza melenuda para que cogiera el violín que me entregaba. Lo cogí con cuidado, y antes de que me diera cuenta tocaba melodías con un grupo que no conocía. La música se apoderó hasta de la mismísima naturaleza.
Al final los que no tenían ni idea de tocar un instrumento o de entonar cualquier melodía dejaron de hacerlo y se sentaron formando un círculo. En cuyo centro tocábamos todos.
La torre de ajedrez del chico de la torre de ajedrez se había transformado en la guitarra negra de Alexi. Ana había cogido una de sus flechas y la convirtió en una flauta travesera que se unió a nuestras melodías. Lyra por su parte estaba pegando a Charly no se sabe porqué. Primo se había montado en un rincón una batería demasiado grande para él, pero bien que hacía vibrar el suelo. En cambio, Xathick, que se sentó al lado de Primo, cogió sus palillos chinos como si fueran baquetas, y aporreó su cuenco de ramen. Increíblemente sonaba bien. Lady Nerón se debatía contra Ker en un duelo de voces. Ichigo tocaba un teclado que tenía colgado como una guitarra. Tocaba a tanta velocidad que no se le veían los dedos.
Todo juntos gritamos. Me sentí como parte de ellos. Me sentía en casa. Nuestro grito de rebelión alertó nuestra presencia a todo aquel que se atreviera a desafiarnos. El mundo entero tembló.
-Que se preparen para la batalla…- murmuré.
The Reaper
domingo 1 de febrero de 2009
Arrasar (Parte VIII)

¡Saludos!- dije con un deje de locura que no era el mío- Me llamo Alai.
Todos me observaron como si acabara de llegar, incluida Ana, que era la que me había traído a la hoguera. Sin embargo, no pude ignorar las miradas de odio que me dirigía cada uno de ellos. Primo notó mi turbación y se me acercó al oído.
-Te están dando la bienvenida- susurró sin que los demás le oyeran.
-¿Con esas caras de asesinos psicópatas?- respondí del mismo modo.
-¿Cómo sino?- me miró con extrañeza- ¡eres muy raro!- sonrió.
De pronto el chico de la torre de ajedrez se acercó a mí y, con los ojos inyectados en sangre, alzó su torre de ajedrez. Sentí un golpe en la frente.
Entreabrí los ojos. Un resplandor amarillo y rojizo me deslumbró. No podía ver nada. De pronto sentí quemaduras por todo el cuerpo. Entonces lo comprendí. Me habían tirado a la hoguera. Abrí por completo los ojos del susto y salí disparado en cualquier dirección. Al salir de entre las llamas, la brisa del ambiente me sentó como un cubo de agua fría. Sonreí de placer y me desplomé en el suelo. Me di cuenta de que me dolía terriblemente la cabeza, y uno de mis zapatos estaba en llamas. Pero estaba tan dolorido que ni me intenté mover para apagarlo.
De repente noté un pie sobre mi cabeza. Imaginé de quien podría ser. Comencé a enfadarme. Hice acopio de mis fuerzas y cogí la pierna del chico de la torre de ajedrez y se la partí con un movimiento brusco. Apoyado sobre mis manos, elevé las piernas y giré sobre mí mismo. Le alcancé con el talón en la mandíbula, la cabeza le dio la vuelta y el cuello crujió peligrosamente.
Supe entonces que había cometido un grave error. Todos retrocedieron un paso. El chico de la torre de ajedrez se llevó las manos a la cabeza y la giró con suavidad. Movió el cuello en círculos hasta que un leve crujido indicó que ya estaba en su sitio. Sonrió. De esta misma forma se colocó la pierna, quebrada a la altura de la rodilla. Me miró. Volvía a tener los ojos rojos. Alzó la torre de ajedrez con ambas manos sobre su cabeza, y ocurrió algo que me hizo estremecer: un mar de nubes negras se aproximaban en círculos sobre nuestras cabezas, acompañadas de una tormenta de rayos y truenos que amenazaban con destruir todo.
De pronto se acercó Primo y cogió de un brazo al de la torre de ajedrez. Éste volvió de su trance.
-Ahorra tus energías para la batalla, Primo- dijo Primo, por primera vez serio.
Ya ni me pregunté porque Primo llamaba por su nombre al chico de la torre de ajedrez. Caí exhausto al suelo y me limité a mirar al cielo. Me temblaba todo el cuerpo.
-¡Hay que ver que poco aguante!- Dijo una voz de chica, probablemente la de Lyra.
-¿Qué esperabas?, tan sólo es un humano- Comentó una voz tranquila y a su vez imperiosa, la chica de piel pálida.
Entonces Ana se arrodilló a mi lado y extrajo una serie de instrumentos de su mochila.
-Tengo una pócima que te curará.
En ese momento temí por mi vida. Ana me puso una mano en la nuca para levantarme la cabeza, y con la otra sostuvo un frasco que contenía un líquido morado. Bebí. Para mi sorpresa, estaba riquísimo. Y no sólo eso. Noté que las quemaduras de mi cuerpo desaparecían y el dolor que sentía en la cabeza se extinguía.
-Gracias- murmuré.
-De nada, este regenera-humanos nunca falla- sonrió.
Preferí no preguntar. Lyra desenvainó repentinamente la catana de su espalda y se puso a trocear al oso.
-Charly…- comenzó a decir Ichigo- ¿ese oso no será pariente del oso floroso verdad?
Charly se encogió de hombros.
-¡Pero que no es un oso!- dijo a voz en grito Ana- ¡Es un perro!
-…Está loca…- murmuraron unos entre otros…
-La ira del oso floroso puede ser brutal- comentó con voz solemne Ichigo.
-Sí, pero le gusta el ramen- comentó Xathick.
-El ramen tiene gluten- saltó Primo.
-¿Y qué con eso?
-El oso floroso es celíaco.
-Vaya, pues el otro día se comió un bol entero de ramen- murmuró Xathick con cara culpable.
Primo le miró con odio.
-¡Perfecto!, ¡Lo primero que se te ocurre dar al oso floroso es un bol lleno de asqueroso gluten de no celíacos!- prosiguió Primo irritado.
-¡Pero es ramen!, no puede hacerle tanto daño… está tan riiiico….- su mirada se perdió.
-Silencio- La chica de piel pálida levantó levemente la cabeza -¿Dónde está Ker?
No hubo respuesta. Todos se pusieron a buscarla. Tras los árboles, bajo las piedras, en la mochila de Ana…
-Quizá siga en la copa del árbol que Charly ha derribado- comenté mirando hacia otro lado.
-¡Oh! ¡cierto!- comentó Charly como si se hubiera olvidado las palomitas en el microondas- como buen caballero que soy quizá debería ir a buscarla…
Mientras tanto, Lyra ya había cortado al oso en suficientes partes como para repartirlas entre todos. Fue dando un trozo a cada uno. Cuando llegó a mi altura me puso la mitad del tórax del oso, chorreando sangre y con el corazón entre las costillas.
-El corazón para el invitado- se limitó a decir con una sonrisa de vampiresa.
Todos me miraron con envidia.
-¿No vamos a asarlos?- pregunté con absoluta perplejidad.
Como respuesta me miraron como si fuera un bicho raro y comenzaron a comer.
The Reaper
lunes 26 de enero de 2009
Arrasar (Parte VII)

-¡Armgajam!- Saludó Primo entre las llamas.
Descendió de la hoguera y apagó con calma las llamas que prendían su ropa. Alzó la cabeza y miró a su alrededor.
-Bien, ¿Estamos todos?- se rascó la cabeza confuso- He de presentaros a alguien… Ana…- Cambió de tema- ¿Me has puesto un tapón en la cabeza?
El chico de la torre de ajedrez se acercó a las dos chicas que yacían como muertas al pie de la hoguera y, como había hecho con el resto de inconscientes, las tiró una detrás de otra a la hoguera.
Despertaron. Mientras saltaban de la hoguera y se libraban despreocupadamente de las llamas, las observé con detenimiento.
Una de ellas llevaba unos pantalones piratas muy anchos, sujetos a su fina cintura con un cinturón de pinchos plateados, que combinaban con las pulseras que llevaba en ambas muñecas. Ceñida al cinturón, una catana de empuñadura negra imponía su autoridad. Tenía una camiseta corta y negra, que llegaba hasta la mitad de sus brazos, dejando los hombros al aire, rozados levemente por el cabello negro ondulado que descendía como una cascada. De uno de sus pendientes colgaban unos cascabeles, mientras que en el otro llevaba un dado negro sostenido por una cadenilla. Tenía un rostro perfecto, con unos ojos negros que no cesaban de observar todo lo que se ponía ante ellos, inquietos.
La otra en cambio, andaba sin prisa, con parsimonia. Iba descalza y tenía la piel extremadamente pálida. Llevaba un vestido negro y azulado que, sin saber muy bien porqué, le daba un aire impetuoso. Sus antebrazos se hallaban cubiertos por unas mangas azules. Su pelo bajaba hasta la mitad de su espalda emitiendo destellos conforme se movía. No supe con exactitud si sus ojos estaban surcados por unas profundas ojeras o bien se había pintado en torno a los ojos con tonos oscuros.
-Mmm… por curiosidad- dijo Lyra- ¿Qué os ha pasado?
-Todo empezó cuando Ker me dijo “¡¿A que no te atreves a darte con esta piedra en la cabeza?!”- respondió la chica de piel pálida.
-Entonces una cosa llevó a la otra y aquí estamos- terminó Ker- ¿Qué hay de la cena?
-Está en ello Charly- respondió Ana que había sacado su arco y, con el carcaj apoyado en el suelo, practicaba contra el tronco de un árbol.- Espero que vuelva pronto, tengo hambre.
El chico de la torre de ajedrez alzó la cabeza.
-¡Tengo hambre!
De pronto Ker salió corriendo hacia el árbol en el que practicaba Ana y, apoyando un pie en las flechas clavadas, todas en el mismo punto, saltó y trepó entre las ramas hasta desaparecer de la vista.
Tras unos segundos se oyó a Ker.
-¡Charly está viniendo!- gritó desde la copa- ¡Está derrumbando la mitad del bosque!
Y efectivamente, pronto se oyó su sierra eléctrica arrasando los troncos y sus carcajadas diabólicas que indicaban que había encontrado comida.
De repente Charly llegó dando zancadas y arrasó con el árbol en el que se encontraba Ker. Se oyó un grito de pánico en la copa del árbol hasta que cayó al suelo.
Hambrientos, todos se cernieron sobre Charly, pero no se acercaron demasiado, puesto que llevaba en un hombro dos personas (adiviné que estaban inconscientes) y en el otro hombro… un oso.
Cerré la boca.
-Por lo menos podrías haberlo traído muerto- se quejó Ana.
-Mmm pensé que era más divertido así- cogió al oso y lo puso en el suelo.
Antes de que el oso pudiese defenderse si quiera, al chico de la torre de ajedrez se le pusieron los ojos rojos y saltó con una furia diabólica sobre el animal. Éste cayó de espaldas alzando las garras a duras penas. Pero el chico de la torre de ajedrez se sentó sobre su cuello y comenzó a clavarle en la cabeza su torre de ajedrez con ambas manos.
El oso dejó de moverse.
El chico de la torre de ajedrez se levantó y sonrió. Su cara estaba cubierta de salpicaduras. Sus ojos perdieron progresivamente el tono rojizo.
Mientras tanto, Charly tiró a las dos personas que llevaba en el otro hombro a la hoguera.
Despertaron. Al incorporarse, uno de ellos sacó de no se sabe donde lo que parecía un cuenco y se lo estampó en la cabeza al otro.
-¡Auch!, ¿Pero qué haces?
El del cuenco pareció darse cuenta de su error.
-¡Ops! Perdona, creía que me estabas atacando, Ichigo.
-¡Ah claro!, ¿Eso creías? Pues te vas a…-
-Silencio- dijo la chica de la piel pálida con voz calmada.
Se hizo el absoluto silencio. Tras unos segundos.
-¿Por?- inquirió el chico del cuenco.
-Nada, quería que te callaras- contestó con una sonrisa.
-Bueno- interrumpió Primo- Ahora que estamos todos conscientes quiero presentaros a alguien…- Me miró.
Todas las miradas se clavaron en mí. Sin saber muy bien porqué, sonreí con un deje de locura.
-¡Saludos!
The Reaper
lunes 19 de enero de 2009
La cruda realidad

Érase una vez un hombre infeliz. Este hombre era una buena persona: no pretendía ningún mal a la gente y era educado donde los haya. Su único problema es que nunca fue ni libre ni feliz.
Ya desde pequeño, se le acabó pronto el jugar y dejar correr la imaginación hasta donde el infinito marcase. Le metieron entre cuatro paredes para hacer lo que un grupo de dictadores de mayor tamaño ordenaba. Tras salir de esa prisión, apenas veía el sol de camino a casa, pasaba de una cárcel a otra.
Durante años le dijeron lo que tenía que hacer, lo que tenía que estudiar, cómo comportarse siendo un hipócrita en determinadas situaciones e incluso le “enseñaban” en que dios tenía que creer y cómo vivir según esa religión, sus mandatos, leyes, pecados… En clase no soportaba tener que memorizar para repetir como un lorito y después olvidar. No entendió que se promoviese esa forma de coger asco a aprender, ni tampoco el tener que ser como la sociedad quiere que seas. Respecto a la religión, nunca se creyó nada. ¿Cómo iba a creer en un montón de leyes morales con las que ni los predicadores daban ejemplo? La religión no podía ser como un club de fútbol al que uno se hace aficionado según el lugar en el que vives. La religión debía de ser algo interior, personal y sin opiniones ajenas. ¿Cómo sabemos si todos hablamos de un sentimiento interior y no de una buena dosis de crack en el cuerpo? Fuere como fuere, el no encontró ese sentimiento, no había dios en su vida.
Pasó el tiempo y alcanzó la pubertad, el pretendía salir a diario para no aburrirse en la rutina pero sus amigos o ponían excusas baratas para no salir entre semana o directamente sus propios padres se lo prohibían. Así es que, salvo los fines de semana en que salían a beber con la intención de pasar un buen rato, se quedaba en casa. Por suerte a menudo se veía acompañado por un buen libro.
Concluidos ya muchos años, se encontraba con una basura de empleo en el que se veía martirizado por su jefe, trabajaba como un esclavo y cobraba un suelo semejante. Ya no leía. Llegaba a casa demasiado cansado como para hacer ningún tipo de esfuerzo así que dejaba que la televisión pensara por él mientras su cerebro maceraba y se pudría junto con la carroña televisiva. El teléfono móvil le saturaba provocándole quebraderos de cabeza y más de una vez tuvo que comprar uno nuevo tras haberlo lanzado siete pisos abajo.
Los impuestos se lo comían y la hipoteca hacía tiempo que lo estaba digiriendo. Los políticos imponían más leyes absurdas a los ciudadanos para multarlos más de forma abusiva y, en vez de ayudar a mejorar, se lanzaban heces unos a otros intentando ocultar la mierda propia y buscando llenar, como sea, sus bolsillos.
Su adicción a los calmantes iniciada tras separarse de aquella bruja que se llevó a sus hijos y que se hacía llamar mujer se veía acompañada por un alcoholismo extremo ya iniciado en su pubertad.
Ahora era lo que todos esperaban de él. Vivía un modelo de vida decadente en el que se promovía ser otra oveja más en el rebaño y que cuando alguien dijera “¡Hombre de la calle! ¡Compre su felicidad con esta maravillosa tontería inservible!” respondería “Sí, amo.”.
Un mal día, al darse cuenta de todo esto, decidió suicidarse. Dejó su trabajo y consiguió otro de dependiente de un negocio de ropa conocido en época de rebajas. Antes de que abrieran las puertas en su primer día, se sentó en el suelo a esperar. La avalancha fue demoledora. Murió aplastado.