
Me levanté de mi asiento y desenvainé con lentitud. Subí pausadamente los tres escalones que conducían a la tarima. Todos los luchadores se encontraban en torno al cadáver de Faghorn. El que se hacía llamar mano de hierro sintió mi presencia y advirtió al resto. El recepcionista y el presentador de los combates se escabulleron por la puerta. Los dejé ir. Khaira se había levantado pero no se movía de su asiento.
Cerré los ojos durante unos segundos y respiré el aire que había en la sala. Olía a muerte. Decidí que no saldría ninguno con vida. Abrí los ojos y miré a Minos, aquel que había matado a Faghorn por la espalda. Antes de darle tiempo para pestañear le corté la mitad de la cabeza. La otra mitad me la reservé para arrancarla de un puñetazo. La cabeza colgó inerte de un tendón. El primer charco de sangre llegó hasta mis pies.
Me dirigí rápidamente hacia el siguiente. Le clavé la hoja en el esternón hasta que asomó por la espalda y bajé el filo, atravesando por la mitad el estómago y los genitales. Tripas e intestinos se salieron de golpe. Dejé que se desangrara.
De pronto otro hombre se abalanzó contra mí con un hacha sobre su cabeza. Esquivé sin dificultad el golpe y le hice una segunda sonrisa roja en el cuello. Una cascada de sangre cubrió su cuerpo.
Me di la vuelta y me encontré con un tórax enorme a la altura de mi cabeza. Sin pensarlo dos veces hundí mi acero entre las costillas e hice palanca. Noté como los músculos se desgarraban y los huesos se quebraban. A través de la carne pude ver un trozo de pulmón. Me aparté con rapidez antes de que el enorme cadáver cayera encima de mí.
¡Oh!. Uno de ellos intentaba huir. Le alcancé en un segundo y le di una patada en los pies. Justo cuando cayó de boca en el suelo le di un pisotón en la cabeza y oí el quebrar de la mandíbula. Tracé un corte en línea recta a lo largo de la espalda. Introduje la mano en la herida y saqué la columna vertebral como se saca una espina de pescado. Con los huesos aún en la mano y en la otra mi catana busqué al resto.
Quedaban un par de ellos. Me dirigí hacia uno y le corté en dos. El último intentó huir a la desesperada. Antes de llegar a la puerta el filo de mi acero le asomó por la nuez.
Una vez que el cuerpo cayó al suelo solté mi catana y me agaché sobre él. Comencé a dar golpes sobre el cráneo ensangrentado con los puños. Maldije a toda la humanidad mientras aplastaba a la asquerosa masa cerebral que salpicaba mi rostro. Grité y grité mientras los nudillos me sangraban en carne viva y la cabeza de aquel hombre se reducía a puré.
Noté las manos de Khaira que agarraban mis hombros y me separaban del mar de sangre que reinaba a mi alrededor. Luché por liberarme para seguir machacando a aquellos cadáveres.
-¡Basta ya!- gritó Khaira mientras me cogía de los hombros y pegaba su rostro al mío. Tenía los ojos llorosos- ¡Ya están muertos Souka!¡Se acabó! Ya se acabó...- su voz se quebró.
Recobré la compostura. Observé la masacre que había creado. La tarima de combate, antes blanca, ahora era una fuente de sangre que caía con elegancia por los bordes. Cadáveres deformados yacían empapados de sangre en medio de un silencio sepulcral, roto por el sonido de la sangre caer como cualquier día de lluvia.
-Vayamos fuera- dije.
Khaira se había vendado con habilidad la herida del hombro. No parecía nada grave. Andamos hasta un río y allí nos lavamos la caras y manos ensangrentadas.. La verdad es que yo necesitaría introducirme por completo en el agua porque estaba cubierto de sangre. Estaba pensando en esto cuando de pronto Khaira me cogió el rostro con las manos y depositó un suave y húmedo beso sobre mis labios.
En cuanto se separó y me miró con esos ojos azul vidrioso bajó la mirada a modo de disculpa.
-Llevo mucho tiempo esperando este momento, Souka.
Me levanté y no dije nada. Miré al río. Khaira no aguantó demasiado mi silencio.
-Podrías decir algo...- sonrió con timidez.
-Nunca he sentido nada por nadie.- me limité a decir con tono imperturbable-. Me gusta estar sólo.
-¿Y qué hay de Faghorn?.- inquirió con los brazos en jarras.
-Faghorn ha sido mi único amigo. Lo único que tenía... y me lo han quitado- dije con pesar.
Khaira posó con suavidad su mano sobre mi hombro para consolarme. -No necesito consuelo- pensé.
-Si no sientes nada por mí...- dijo en voz baja- al menos déjame ir contigo.
Di media vuelta y caminé por donde habíamos venido.
-Está bien.
Khaira sonrió y me dio un rápido beso en la mejilla.
-¿Vas a dejar de besarme?- dije sin poder contener una sonrisa.
-Puede- bromeó mientras me daba otro beso juguetón.
-En fin...- suspiré para mis adentros.
-Hemos de enterrar a Faghorn ¿no crees?- me dijo poniéndose seria de nuevo.
No respondí de inmediato.
-Sí, vayamos.
Fin
The Reaper

